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60 Cultura MARTES 21 2 2006 ABC Trece por docena o la ambición recuperada de los nuevos escritores b El libro recoge trece relatos de otros tantos talentos en ciernes de la literatura en castellano, gallego, catalán, euskera y asturiano que se alejan del costumbrismo G. GIMÉNEZ MADRID. De un mercado común literario que tiene más de lo primero que de común, en palabras del responsable de la edición, Constantino Bértolo, emergen los trece nombres que se hacen relato en las páginas de Trece por docena antología sin intención de serlo, pero con esperanza de conseguirlo. Autores con pinta de escritores dijo. Ramón Luis Bande, Iolanda Batallé, Xurxo Borrazás, Harkaiz Cano, Miguel Ángel Delgado, Aingeru Epaltza, Javier González, Jaureguizar, Xabier López, Llort, Joan Antoni Martín Piñol, Pablo Sastre y Anatxu Zabalbeascoa. Doce plumas más una. Cinco lenguas- -tres ejemplos en castellano, catalán, gallego, euskera y uno en asturiano- Trece historias que retroceden el camino andado en las últimas décadas por la narrativa española; el de la prosa con vibrato síndrome Lladró que confunde la belleza de lo narrado con lo bonito de la escritura, para situarse en terrenos que anticipan nuevas sensibilidades: lo precario, la intemperie emocional soledad sin raíces que caracteriza a la juventud (cuando los treintaytantos también lo son) del siglo XXI. LLUÍS- ANTON BAULENAS Escritor La historia de Barcelona es una continua huida hacia adelante Barcelona es una preciosa materia literaria, como demostraron Eduardo Mendoza, Juan Marsé o Carlos Ruiz Zafón. En La felicidad (Planeta) Lluís- Anton Baulenas nos traslada a la Ciudad Condal de 1909, enfebrecida por la especulación inmobiliaria, la modernidad y las luchas sociales TEXTO: SERGI DORIA FOTO: EFE Un futuro negro Así lo resume José María Guelbenzu, que ejerció como padrino de la obra durante la presentación que acogió el Círculo de Lectores el pasado jueves. El reflejo de esa mala herencia del 68 quiso también explicar Bértolo, exige una prosa directa, como un reemplazo que nos permite respirar, alejado del barroquismo, del costumbrismo existencialista Durante el acto, las referencia al futuro que espera a los autores incluidos en Trece por docena extendido a aquellos que cultivan las mismas características, pero que han quedado fuera de la selección, fueron constantes en el uso de un término: mercado. Se hizo alusión así a la edición entendida ya sólo como negocio de lo que se lamentó Guelbenzu, y a la nula separación intergéneros en España, que deja a las obras a merced de la etiqueta diversión- aburrimiento. Pero esto no es una categoría literaria argumentó el crítico, que destacó en los autores referidos el deseo de decir lo que se quiere y no lo que se debe. Les espera un futuro negro como la pez, pero esto no les restará un ápice de felicidad sentenció. BARCELONA. En La felicidad Lluís- Anton Baulenas reconstruye la Barcelona convulsa de 1909, el año de la Semana Trágica, cuando los barrios medievales que cobijaban talleres artesanos y humildes moradas populares fueron arrasados para abrir la Vía Layetana, proyecto de la burguesía y la especulación del Banco Hispano- Colonial. Entre las cicatrices urbanísticas y los barracones del Paralelo proletario se mueven la artista de variedades Nonnita Serrallac y el abogado Demi Gambús, delincuente de guante blanco, descendiente de familia caciquil y manipulador de huelgas. La relación les marcará de por vida. Sus cicatrices son tan profundas como las de una Barcelona que sueña con ser el París del Mediterráneo: ciudad enloquecida, la mejor y la peor del mundo... suma del pasado que ya no existía y el futuro que estaba por llegar... El título de la novela es una paradoja: Mis personajes van en busca de la felicidad y, precisamente por esa búsqueda, sufren mucho advierte Baulenas. -Permítame una primera comparación: el ambiente de la novela y el perfil de Demi Gambús recuerda a La ciudad de los prodigios -La novela de Mendoza puede servir como referente moral. Pero La ciudad de los prodigios abarca un periodo histórico amplio, de 1888 a 1929. Yo me concentro en seis meses del año 1909, cuando la apertura de la Vía Layetana destruyó barrios llenos de vida, almacenes, pequeños talleres y palacios medievales. ¿Y la gente? -Unas diez mil personas se quedaron en la calle, sin recursos ni ningún tipo de protección social. Esa precariedad pudo alimentar el malestar social que desembocó en la Semana Trágica, además de las protestas por el envío de reservistas a la guerra de Marruecos. ¿Recupera la Historia con un propósito didáctico? -Me interesa la literatura popular en el sentido más amplio de la palabra: mantener la ambición literaria, pero llegar a lectores diversos. Me remonto a un pasado reciente, pero no escribo novela histórica. -Con la Vía Layetana, Barcelona trazó una avenida al estilo del urbanismo más moderno, como la Gran Vía de Madrid... -La Gran Vía se hizo en varias fases. No fue una línea recta que atravesaba el mapa de la ciudad de norte a sur de forma tan traumática. Ambas iniciati- El escritor, en una imagen tomada el año pasado vas pretendían modernizar e higienizar zonas urbanas. Por lo menos, en Madrid tuvieron la gracia de dedicar a la Gran Vía la famosa zarzuela... Pero este episodio no es único. La apertura del boulevard Hausmann, en París, también destruyó construcciones históricas: el París medieval no existe. ¿Cómo contempla la evolución de Barcelona en el siglo XX? -Veo una ciudad que avanza de forma traumática y dominada por una contradicción: no ser capital del Estado cuando tiene esa vocación. Esa situación provoca tensiones que se traducen en huidas hacia adelante, dejando en el camino problemas insolubles. Hoy, Barcelona es conocida como ciudad del diseño y puerto del Mediterráneo y desconocida por sus bolsas de pobreza y tensiones sociales. ¿A Barcelona le pierde la estética y el progresismo? -Esa neura del progreso le ha llevado a no tener conciencia de la destrucción de sus elementos tradicionales. En Londres, un pub es un establecimiento que te identifica con tus antepasados. En Barcelona eso no se da. Al contrario: existe una obsesión por destruir el Paralelo, teatros como El Molino o el Arnau... La felicidad vio la luz en catalán en 2001, pocos meses antes de La sombra del viento ¿Cree que el éxito de Ruiz Zafón beneficia a otras novelas que tienen Barcelona como escenario? -Estoy convencido de ello y no regateo méritos a Ruiz Zafón: con su novela ha demostrado que lo local puede llegar a ser universal. Descubrir un novelista Lluís- Anton Baulenas no es un recién llegado a la literatura española. Además de La felicidad han visto la luz en castellano Nombres en la arena Hilo de plata y Por un saco de huesos una terrible indagación familiar en el campo de concetración de Miranda de Ebro. Galardonada en 2000 con el premio Prudenci Bertrana, La felicidad se publicó hace dos años en francés con gran éxito de lectores y crítica. Barcelona reaparece en Amor d idiota una visión satírica de la ciudad del 92 vista por Baulenas como un episodio de promiscuidad sentimental insoportable y que Ventura Pons adaptó al cine.