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ABC MARTES 21 2 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA PUNTADAS SIN HILO LGO no funciona en el sistema cuando los jueces son más rigurosos que los fiscales. Cuando son los magistrados del Supremo o de la Audiencia Nacional quienes han de encontrar las vías legales para evitar que un etarra especialmente sanguinario pueda escapar de su larguísima condena mientras la Fiscalía se muestra complaciente con el alivio de las penas. Se supone que el Ministerio Público representa, en efecto, los intereses del aparato del Estado, esto es, de la organización institucional de los ciudadanos, y que por tanto corresponde a los fiscales interpretar la sensibilidad del pueblo en cuyo nombre actúan. Y sin embargo... Sin embargo, lo que la IGNACIO ciudadanía está contemCAMACHO plando es un panorama en el que los jueces tienen que devanarse los sesos y estrujar los pliegues de la ley para que no se produzca una escandalosa injusticia con el visto bueno de la Fiscalía. Eso tiene una traducción política transparente: el Gobierno del que depende el Ministerio Fiscal ha puesto menos interés que la judicatura en mantener en prisión a Henri Parot y sus colegas. Silogismo elemental. Y abona la teoría el manifiesto interés gubernamental- -manifiesto incluso en boca del presidente Zapatero- -por obtener un gesto etarra que permita iniciar el proceso de negociaciones entre el Estado y la banda. Banda que, por cierto, se muestra renuente. Las caritas que muestran desde el fin de semana los dirigentes socialistas resultan de lo más elocuentes al respecto. Esperaban un guiño del otro lado y se han encontrado con lo de siempre, el siniestro raca- raca de la autodeterminación y de los pasos adelante sin mención alguna al cese de la violencia. Todo eso después de las humillantes preces lanzadas por el presidente, el Parlamento vasco, las chicas del PSE y media nomenclatura política que suplica ya a voces un alto el fuego, descartando la teoría de vencedores y vencidos en lo que viene a ser una renuncia a la victoria. Pero ETA juega a la guerra de nervios. Natural, cuando ha visto pestañear al adversario. Zapatero cometió un error gigantesco desde que se proclamó su intención de negociar. Desde entonces, la iniciativa ha quedado en manos de los terroristas, que si algo han demostrado en los últimos treinta años es una macabra habilidad en el manejo de los tiempos. El Estado mueve piezas, otorga facilidades, relaja la presión, hace la vista gorda al incumplimiento de la ley y hasta transige con maniobras leguleyas para acortar la pena de ciertos criminales abominables. Y no obtiene nada. O sí: unas bombas intimidatorias y un comunicado abstruso. Más de lo mismo. Da la impresión de que sólo los jueces están haciendo su trabajo. Bueno, y los terroristas, que nunca dan puntada sin hilo. El Gobierno, en cambio, lleva meses tejiendo casi a ciegas una estrategia cuya clave ha depositado en manos del enemigo. Por eso no acaba de encontrar el pespunte. A INDETERMINISMO CON SUSHI ARDAMOS mucho en asimilar que la lección más destacada del siglo pasado ha sido el fracaso del determinismo, precisamente cuando en la propia historia de España triunfa la opción de que nada está escrito de antemano. No hace más de un año que todavía había quien sostenía que el siglo XXI iba a ser el siglo de Europa. Ahora ya decimos que es el siglo de Asia: primero China fue la protagonista y desde hace un tiempo añadimos la India. A continuación, resulta que casi de forma inesperada el crecimiento económico le permite al Japón recuperar una posición de primera línea después de quince años de cierta incertidumbre. Esa es otra lección de indeterminismo, con abundante sushi Respecto a un Japón que ahora consolida su crecimiento, llevábamos años negándole la fortaleza que tuvo en el pasado, en la segunda mitad del siglo XX, cuando se escribían libros sobre una guerra económica entre JaVALENTÍ pón y los Estados Unidos que iba a desPUIG encadenar un conflicto incluso armado. En aquellos años, todo lo japonés causaba tanta alarma como admiración. Frente a las escalinatas del Capitolio, los legisladores norteamericanos acostumbraban a fotografiarse destripando electrodomésticos japoneses con un hacha para tener contento al electorado de sus zonas industriales. Ahora el hacedor de milagros, quien ha rescatado Japón de la burbuja carcelera, es el primer ministro Koizumi, privatizador del sistema postal japonés, la gran caja de ahorros. Koizumi tiene previsto retirarse en pleno ejercicio del cargo, como hizo Aznar y como tiene anunciado Tony Blair, pero se le ha puesto por en medio la cuestión sucesoria del trono del Crisantemo, cifrada en la controvertida reforma sobre un sistema paterlineal. Por el momento, a Koizumi le salen las cuentas económicas y acaba con el estigma del estancamiento que lastraba las perspectivas de un país que pese a todo era la segunda economía del mundo. El T Lexus y el sushi mantienen la ofensiva con ventaja. Las crónicas cuentan que en Davos la nueva vitalidad de la economía del Japón ha sido una sorpresa, anunciada con júbilo por una elite japonesa que tiene motivos para sentirse satisfecha de sus esfuerzos. El contraste con la eurozona es notable. Esa puede ser otra lección del indeterminismo: como dice el semanario Time el mundo nunca ha tenido que vérselas al mismo tiempo con una China fuerte y un Japón fuerte. Por aquí andamos escatimando I+ D. La hostilidad entre China y Japón no es algo nuevo, pero quién sabe si hasta el punto de configurar- -como dice la publicación on line The Globalist -otro choque de civilizaciones. Desde luego, hay allí una memoria muy enconada. Por lo que pueda pasar, China se arma y Japón incrementa sus vínculos defensivos con Norteamérica. Algunos analistas subrayan un dato que está pasando desapercibido: las ayudas económicas del Japón a algunas repúblicas del Asia central, en lógica búsqueda de petróleo y gas natural. Entre China y el Japón la desconfianza- -dice The Globalist -es inmensa, incentivada en ambos casos por una reincidencia en el nacionalismo, décadas después de que Japón perdiese la guerra aunque- -gracias a la Guerra Fría y a la Revolución China- -ganó la paz posteriormente: por eso, en los ochenta, cuando el PNB japonés equivalía a la suma de todas las otras economías asiáticas, Occidente temió la avalancha japonesa, poco después de que Mao se dedicase a exterminar la población china. A inicios del siglo XXI, China puso el mundo a temblar y ahora Japón saca pecho. La verdad es que esas continuas refutaciones del determinismo histórico son como para el asombro y la maravilla. Por lo demás, aumenta el número de jóvenes japoneses- -los hikikomori -que casi nunca salen de su habitación, entregados a su devoción por internet. Quizá sean los futuros ciberguerreros que algún día cruzarán la espada con los hackers chinos cuando Asia hierva y Europa sea un apartotel con la calefacción averiada. vpuig abc. es