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ABC LUNES 20 2 2006 87 Deportes El Valencia remonta en Anoeta (1- 2) el rápido tanto de Skoubo y mantiene el pulso con el Barcelona y el Madrid La plantilla y el cuerpo técnico del TAU celebra el triunfo y posa con el trofeo EFE El TAU, indiscutible rey de copas Los hombres de Velimir Perasovic, gracias a un primer cuarto primoroso (8- 29, diferencia histórica en la ACB) se aseguraron el quinto título para su palmarés PAMESA VALENCIA TAU VITORIA 80 85 subcampeonato siempre se situó en un suspiro. El TAU es un club innovador y original. Ha sido pionero en muchas cosas en la ACB. En explotar el mercado suramericano (Scola, Nocioni, Prigioni, Rivas, Splitter... en rentabilizar la escuela del Este (Timinskas, Macijauskas, Perasovic... en hacerse empresa lucrativa... en tantas y tantas cosas. Tal vez guiado por ese espíritu tan emprendedor decidió dar ayer una vuelta de tuerca a la final. Puede que pensara que ya que todas se decidían habitualmente en el último cuarto no estaría mal cambiar la fórmula y apostar por el primero de los periodos para sentenciar el título. Acertó. Se puso a la faena y le bastaron los diez minutos iniciales para decidir el choque. La mayor diferencia de la historia (21 puntos) en un cuarto desde que los partidos se dividen en cuatro. Para ellos, toda una alegría, para el baloncesto, un jarro de agua fría. No hay nada más triste que una final inexistente, que una guerra sin rival, que un partido sin emoción. Protagonizó el primer cuarto más divino de la historia. Sus hombres completaron un 42 de valoración: 8 de 11 en tiros de dos, 4 de 5 en triples, 12 rebotes, cuatro asistencias, un ritmo endiablado, una defensa dura y atenazante, una comunión entre los jugadores casi mágica. Se unió el estado de gracia de los baskonistas con un desgraciado ánimo de los valencianistas. El Pamesa cerró ese cuarto con un cero en valoración. En el balance de cosas buenas y cosas malas no fue capaz de sacar nada positivo. En diez minutos sólo anotó tres canastas (dos de Dikoudis y un triple de Yebra) 2 de 12 en tiros de dos, 1 de 3 en triples. Garcés falló cuatro canastas fáciles bajo el tablero y Dikoudis otras cuatro. El equipo se hundió ante esta racha inesperada de mala suerte. El resto del choque fue una persecución enloquecedora en la que el TAU, magníficamente dirigido por Pablo Prigioni, se limitó a mantener una distancia mínima de seguridad y el Pamesa, a intentar maquillar el desastre. Sólo el pundonor valenciano, su casta y orgullo salvaron una final que iba a pasar a la historia como la menos interesante del palmarés. A golpe de garra y aprovechando que el TAU se sentía campeón desde el principio se acercó el Pamesa. Animó con una pizca de incertidumbre el cuarto final. Se aproximó a siete (61- 68, m. 32) Pero estas cabalgadas en pos de un sueño sólo acaban bien en las películas de vaqueros. En el baloncesto suelen convertirse en excusas para evitar enrojecer de vergüenza. El Pamesa luchó y nadie le podrá nunca reprochar nada, pero ni creía ni podía esperar que se produjera el milagro. Iba ya sin fuelle y el TAU tiene demasiadas tablas como para dejarse robar un título que sólo él se merecía. Pamesa Valencia (8+ 23+ 21+ 28) Avdalovic (6) Stepp, Yebra (5) Dikudis (27) Garcés (5) -cinco inicial- Miralles (6) Timinskas (11) Harrington (18) Sklavos (3) y Luengo. TAU Vitoria (29+ 20+ 17+ 19) Prigioni (3) Hansen (11) Jacobsen (19) Scola (19) Splitter (6) -cinco inicial- Erdogan (20) David (2) Vidal y Ukic (6) DOMINGO PÉREZ MADRID. El TAU sumó su quinto título de Copa. Lo logró en una final inusual en la que venció por 80- 85. Todo el mundo esperaba una lucha abierta, dura y continua entre los alaveses y el Pamesa y, sin embargo, el choque se convirtió en una carrera desbocada de los valencianos en su intento desesperado por arreglar lo que no pudo empezar peor con un primer cuarto vergonzante (8- 29) Tradicionalmente la Copa se ha decidido en un cuarto, el último, en finales apretados, en segundos llenos de angustias. Era uno de sus más destacados encantos. En las cinco últimas ediciones la diferencia entre el título y el Prigioni, el base que recupera el MVP De 1995 a 1999 todos los MVP fueron bases: Laso, Turner, Rodilla, Creus y Bennet. Luego entraron en el olvido. Pívots y aleros se adueñaron del premio. Le cabe a Pablo Prigioni y a sus 15 asistencias, récord en una final (11 lograron Laso y Anderson) el orgullo de recuperar este galardón para el colectivo de los directores de juego. El argentino se lo mereció por su visión de juego, intensidad defensiva y dominio del tempo del partido. Además, Erdogan se adjudicó el trofeo al anotador más seguro.