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ABC LUNES 20 2 2006 59 FIRMAS EN ABC ANA ROSA CARAZO CATEDRÁTICA DE LENGUA Y LITERATURA ESPAÑOLAS INSUMISOS Sería magnífico y consolador que, al menos en unas cuantas regiones de España se impartiera una enseñanza común basada en los mismos principios... H ay ocasiones en que la palabra insumiso- -inobediente, rebelde, según el DRAE- -se nos aparece aureolada de heroísmo o valentía. Son aquellos casos en que el sometido que ha de vivir en la sumisión se alza, pese a su onerosa situación, contra la injusticia o la tiranía. ¡Cómo resplandecen en la Historia las figuras de los grandes insumisos: el indomable Espartaco, que se enfrentó al poder omnímodo de Roma; Rodrigo Díaz de Vivar, que no prestó pleitesía y obediencia al Rey Alfonso VI hasta que éste juró sobre los Evangelios que no había participado en el asesinato de su hermano Sancho; el mismo Cristo, que no se sometió a ciertas normas y leyes del Viejo Testamento, y estableció la ley del amor al prójimo frontalmente opuesta a la del Talión que exige el ojo por ojo y el diente por diente! Insumi- sos heroicos a los que su insumisión llevó al destierro o a la muerte. Insumisos gloriosos cuya luz ejemplar sigue inextinguible a través de los siglos alumbrando nuestra conducta y nuestros corazones, marcándonos metas, caminos reales, sendas intrincadas o trochas alentadoras por donde conducir nuestras asendereadas vidas de ciudadanos del siglo XXI. Alzarse contra la tiranía, no besar la mano del ser indigno aunque sea rey, pregonar por esos mundos- -cada hombre es un mundo- -las verdades y creencias que deben ordenar nuestras vidas... Estas reflexiones me vinieron a la mente hace unas semanas porque la palabra insumisión saltó a los medios con matices de ignominia y de insolidaridad. Pues no. Al contrario, a mí me pareció un acto con visos de heroicidad que los presidentes de las Comunida- des regidas por el Partido Popular proyectaran poner pies en pared y gritos en el cielo y rebelándose contra la nefasta e incongruente LOE, decidieran formar un frente común y hacer un pacto en pro de los educandos en sus respectivas Comunidades, para que la enseñanza en los centros escolares sea la misma en las materias centrales, lengua, historia... ¿Que esto implica ries- JOSÉ AGUILAR ESCRITOR LA VOCACIÓN DE MARÍA TERESA ÁLVAREZ ADRE Sacramento el nuevo libro de la asturiana María Teresa Álvarez es, sin ningún tipo de duda, un soplo de aire fresco. Vivimos un momento en el que por desgracia nuestra sociedad está inmersa en la pérdida de valores, y en la que no existen puntos de referencia bajo los cuales podamos regir nuestra existencia. Por eso María Teresa investiga con profundidad la figura de la fundadora de las adoratrices creando al tiempo un reflejo perfecto de lo que representaba la sociedad española a finales del siglo XIX. La maestría que demuestra a la hora de crear los personajes la convierten en una gran conocedora de las conductas humanas, que tan bien ha sabido desgranar en su faceta como periodista en los más de veinticinco años que lleva dedicándose a esta ingrata profesión. Las mujeres que aparecen reflejadas en el libro son siempre personas excepcionales, avanza- M das para su tiempo en todos los sentidos, y en el fondo de todas ellas siempre existe una profunda rebeldía. Existen amores, pasiones, miedos, incomprensiones, salones dotados de un brillo que huele a naftalina, hipocresía, mucha hipocresía... pero sobre todo un conocimiento exhaustivo de las pasiones y también de los más recónditos secretos de la mente humana. Aunque Madre Sacramento es una gran desconocida para el público en general, con esta visión que nos da María Teresa Álvarez, se convierte en una figura que por lo menos nos apetece conocer e investigar. El ritmo de la prosa consigue atraparnos en un remolino de páginas, que debemos pasar incansablemente hasta llegar a ese final, que aunque no es de ninguna manera sorprendente, tampoco nos importa en absoluto. Todo un mosaico de sensaciones las que podemos percibir al entregarnos a una adjetivación inteligente, que por discreta la convierten en genial. No podemos soslayar tampoco la sincera espiritualidad que posee la autora, y que no nos costará descubrir si podemos leer entre líneas. No en vano, en algún momento, María Teresa Álvarez quiso ser religiosa, y esto de una u otra manera subyace en cada palabra del libro. Tampoco es la primera vez que la autora nos sorprende con un libro de calidad, puesto que El secreto de Maribárbola estaba repleto de aciertos literarios, y de una emotividad que nos entregaba a una emoción real. Pero volvamos a lo que nos ocupa, Micaela Desmaisières, Madre Sacramento, aparece ante nosotros como una aristócrata que abandonó el lujo y los placeres terrenales para entregarse plenamente a rescatar a las mujeres descarriadas. Un tema que, por desgracia y a pesar del paso de los años, sigue inundando la parte más oscura de nuestras ciudades en las que unas pobres niñas entregan su cuerpo y su vida al mejor postor. Necesitaríamos muchas madres sacramento por eso aplaudo a María Teresa, por remover conciencias y hacernos ser más conscientes, si cabe, de nuestra propia realidad. Hoy más que nunca necesitamos rebelarnos ante cualquier tipo de prejuicios, y erradicar en este siglo XXI el dolor que existe en la profesión más antigua del mundo. gos? Naturalmente. Toda acción humana que se enfrente al poder establecido entraña riesgos de diversa índole. El insumiso por una causa justa puede ser derrotado, aplastado, e incluso muerto. Pero en ello radica ese halo de heroicidad a la que aludíamos más arriba. Si un acto de insumisión no implicara peligro, cuando se trata de una causa justa, carecería de valor moral y, por lo tanto, de trascendencia. Las razones que asisten a las Consejerías de Educación de las Autonomías regidas por el Partido Popular no son humo como ironizó la ministra del ramo, son razones de peso, y no de peso mosca sino de peso pesado. Las razones que esgrimieron los insumisos son tan contundentes que cualquier persona con sentido común, si reflexiona un poco y goza de salud mental y de una mínima cultura, y además no se aproxima al fanatismo de algún credo político, y se desliza hacia cualquier posición que no sea racional, si se despoja de prejuicios y compara la LOE con lo que propugna el grupo rebelde se dará cuenta de que estudiar la Historia de España sin manipulaciones ni falsas interpretaciones, la Literatura de España escrita en español por escritores periféricos a los que se les niega el pan y la sal, su origen y su categoría por escribir en español; conocer sin trampa ni cartón los fundamentos humanísticos de nuestra cultura, todo esto no sería pequeño regalo para los estudiantes de esas Autonomías. Sin embargo, me abruma el pesimismo porque han transcurrido varias semanas desde la anunciada insumisión y se ha corrido un tupido velo sobre el proyecto de llevarla a la práctica. Se conoce que a nuestros políticos les preocupan asuntos más urgentes y necesarios... Por otra parte hay tanta ceguera voluntaria, tanto empecinamiento en los errores de la LOE, tanto enfrentamiento y tanta porfiada incomprensión que no parece viable llevar a cabo tal propósito. Qué difícil materializar esa misión qué arduos y comprometidos esfuerzos conlleva, qué inagotable perseverancia requiere y qué coraje se necesita para situarse fuera de la ley aunque sea ésta una ley sectaria y de tan poco fuste. Si de las diecisiete Autonomías que configuran España, siete u ocho formaran como proyectaron en un arranque de hermosa furia, un bloque sin fisuras en la aplicación de una ley de educación meditada en el convencimiento de que la enseñanza tiene que ser la misma para todos los alumnos de un país, ya sean gallegos o andaluces o levantinos, tal vez se emprendiera un camino que llevara a alguna parte. Así, de entrada, congratulémonos y solidaricémonos con los insumisos y confiemos en que esta aparcada decisión no quede en agua de borrajas. Ojalá lleven a cabo su propósito aunque en los desdichados momentos que vive España es mejor no soñar con utopías. Sería magnífico y consolador que, al menos en unas cuantas regiones de España se impartiera una enseñanza común basada en los mismos principios. Pero no caerá esa breva.