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ABC LUNES 20 2 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA ESTATUTO PARITARIO N CARTA A DURAN I LLEIDA NTICIPARÉ que Duran i Lleida merece mi más sincero respeto. Más allá de las legítimas opciones políticas que defiende (discutibles como cualesquiera otras) debemos resaltar que su acción siempre ha estado inspirada por un pensamiento de inequívoca raíz cristiana. Se me antojan deleznables ciertas campañas mediáticas manipuladoras que, sirviéndose del rechazo que las posiciones políticas del señor Duran inspiran en sectores de la opinión pública, han tratado de pintarlo como un dimisionario de sus principios, casi como un apóstata capaz de brindar su plácet al aborto y la eutanasia con tal de pillar cacho en el proceso estatutario catalán. Convendría que, desoyendo las tergiversaciones de pescadores en río revuelto, el ciudadano preocupado por estos asuntos deslindara la opinión que le merecen las opciones políticas del señor Duran- -y de la formaJUAN MANUEL ción que preside- -de sus posturas DE PRADA en asuntos de índole moral y social, dictadas por los principios del humanismo cristiano. De este modo, por ejemplo, el ciudadano descubriría que, si la reforma educativa impulsada por el Gobierno no ha desmantelado la escuela católica, se debe, en no escasa medida, a los desvelos del Presidente de Unión Democrática de Cataluña. En un artículo publicado ayer en este periódico, Duran i Lleida trataba de refutar tácitamente algunas de estas falsas atribuciones que circulan sobre su persona, a la vez que vindicaba las enmiendas introducidas por CiU en la redacción del Título Primero del proyectado Estatuto catalán. Dicho título, dedicado a enunciar los derechos y deberes de los ciudadanos catalanes, merece la descalificación de Duran, que lo tilda de inane y redundante, por abundar en el reconocimiento de derechos inherentes a la condición humana o derivados de la propia naturaleza del sistema democrático. Después de aclarar A que dicho título no consagra un régimen de derechos distinto al constitucional (merced, señala, a las precisiones incorporadas por CiU) trata Duran de negar que reconozca unos hipotéticos derechos al aborto o a la eutanasia. Aquí Duran se lanza a un ejercicio de funambulismo dialéctico no del todo convincente; pues, si bien es cierto que las enmiendas introducidas por CiU en la redacción de los artículos 20 y 41 del Estatuto impiden el ejercicio indiscriminado de estas prácticas criminales (y, como tales, reguladas por nuestro Código Penal) la mera alusión implícita a las mismas en un contexto de reconocimiento de derechos desvirtúa radicalmente su naturaleza jurídica. Prueba inequívoca de esta desvirtuación es que el propósito originario del señor Duran hubiese sido eliminar dichos artículos de la redacción final del Estatuto. Así, el aborto, que en la legislación española tiene consideración incuestionable de delito contra la vida, del cual se excepcionan tres supuestos específicos (excepciones que, en puridad, deberían interpretarse en un sentido restrictivo, aunque se esté imponiendo, en flagrante fraude de ley, un sentido laxo) se convierte en el Estatuto en un sedicente derecho derivado de la salud reproductiva y sexual de la mujer y meramente sometido al ámbito de su libre decisión Ciertamente, se ha intercalado un inciso que restringe la práctica del aborto a los supuestos previstos en la ley pero esta especificación no logra contrarrestar la inversión de la naturaleza jurídica del aborto- -de delito a derecho- muy del gusto del relativismo rampante, que ampara el Estatuto catalán. Y algo similar podría predicarse de la eutanasia. Creemos, señor Duran, que es realidad y no ficción esta peligrosísima inversión jurídica. Y creemos también que dicha inversión debe ser motivo de malestar y preocupación para un político que, como usted, siempre ha inspirado su actuación en presupuestos de honda raigambre cristiana. O hace demasiadotiempo que un grupo de dirigentes femeninas del PSOE, arrebatadas de furor igualitario, dieron en la luminosa idea de cambiar la letra del himno de Andalucía para equilibrarloen materia de conciencia de género. Transidas de pasión feminista, propusieron añadir y mujeres allá donde Blas Infante había escrito hombres de tal modo que el verso que define a los andaluces como hombres de luz que a los hombres alma de hombres les dimos había de trocarse en hombres y mujeres de luz que a los hombres y mujeres alma de hombres y mujeres etcétera Semejante memez cayó en baldío porque ni siquiera Chaves, pionero de la paridad y las cuotas, mudó su estolidez cesárea paIGNACIO ra darse por aludido. O tal CAMACHO vez porque estropeaba la música, quién sabe. El caso es que, como la estulticia nunca descansa, la Secretaría de Igualdad del PSOE- A pretende ahora establecer la democracia paritaria en la reforma del Estatuto de autonomía. Se trata, naturalmente, de erradicar el lenguaje sexista del texto, desdoblando en masculino y femenino términos como el presidente o la presidenta, los diputados y las diputadas Consultada al respecto la Real Academia por un miembro de la comisión creada a tales efectos- ¿será por comisiones? ha evacuado un informe que desaconseja con contundencia el minucioso despliegue. Innecesario y artificioso desde el punto de vista lingüístico dice la RAE. La Academia ha aprovechado para zumbarle la badana al celo feminista en el lenguaje. El empeño en realizar tales desdoblamientos tiene su origen en unos casos en el desconocimientode lo que gramaticalmente se define como uso genérico del masculino gramatical, y en otros a la voluntad declarada... de suprimir este rango inherente al sistema de la lengua como si fuese una consecuencia más de la dominación histórica del varón sobre la mujer en las sociedades matriarcales De paso, el académico manda a los políticos a clase de secundaria: el uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición binaria masculino femenino Esto, antes de la Logse, se enseñaba en el bachillerato, pero hay miembros de la dirigencia política que ese día debieron de hacer novillos. Es de temer, sin embargo, que los redactores del Estatuto se pasen por el forro el dictamen de unos académicos a los que consideran rancios carcamales imbuidos de atávico machismo. Y el que el texto mencione, señaladamentey por su orden, a andaluces y andaluzas, diputados y diputadas, consejeros y consejeras, senadores y senadoras, títulos y títulas, artículos y artículas, apartados y apartadas, enchufados y enchufadas (esto no, esto no, es una licencia poética) jóvenes y jóvenas, mientras los leones de Hércules del escudo se convierten, por supuesto, en un león y una leona. En cambio, es improbable que el Estatuto andaluz hable de nación y de financiación a la carta, pese a tratarse de conceptos de género inequívocamente femenino. Pero eso queda reservado para los catalanes. Y las catalanas, claro.