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ABC LUNES 20 2 2006 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC BUENAS NOCHES, Y BUENA SUERTE La prudencia con que los últimos presidentes vieron el peligro de un mundo nuevo, lejos de la bipolaridad americano- soviética, explica la cautela de Ronald Reagan, de Bush padre o Bill Clinton... A brutalidad, el odio, el deliberado ánimo de mentir, el cinismo, la necesidad de tomar decisiones al instante, el azar... La verdad, sin embargo, juega a veces un papel de fuerza insospechada. De esto trata la bella, actualísima película de George Clooney, Buenas noches, y buena suerte. Hace medio siglo un oscuro senador americano, Joe McCarthy, buscó su hueco en el anticomunismo y acabó por inventar denuncias falsas y expedientes amañados. Hasta que topó con un gran periodista, un tipo elegante, de fría inteligencia, decidido a revelar sus falsedades. El clima después de Corea era propicio al macarthismo. Oppenheimer había sido condenado por filtrar secretos nucleares a la Unión Soviética. Anthony Blunt extendía en Londres su red de colaboradores... Lo cual, dicho sea de paso, ayudaba a los verdaderos agentes comunistas. En un discurso en Wheeling, Virgina, en el que tan solo mostró el dorso de un papel, McCarthy acusó a 205 funcionarios del departamento de Estado, supuestos agentes soviéticos. Todo adobado con mucho fanatismo religioso y mucha ideología de mala calidad. Atacó al general Marshall, a Adlai Stevenson, al secretario del Ejército, Robert Stevens. La sociedad americana reaccionó con un duro ataque de alergia, pero no levantó la voz. Se atrevió a levantarla, en cambio, el presidente Eisenhower: hombre bondadoso y prudente, formado en la lucha contra alguien más duro que McCarthy. El presidente movió los hilos tan pronto una cadena de televisión, la Columbia Broadcasting System, dió la cara. Todo se desarrolló en quince meses, de 1952 a 1954. Edward R. Murrow, formado en Londres antes de la guerra, corresponsal allí para la CBS durante cinco años de bombardeos, crecido y fogueado en los debates internacionales, sería el creador de una nueva serie que se haría famosa: un comentario en caliente sobre la guerra, profundo, claro, accesible, transmitido de inmediato a una gran audiencia. L los labios que expresa casi todo sin hablar: una contracción que insinúa toda la esperanza y la desesperanza del momento crucial. Un ambiente logrado gracias al humo, enormes cantidades de humo, el cigarrillo triunfa en 1954. Gran cine que nos sorprende con la palabra Fin cuando creemos llevar un cuarto de hora en la butaca. La secuencia en que todo se juega es sobria, emocional. La CBS reconoce al senador el derecho de réplica. McCarthy la aprovecha para denunciar el pasado comunista de Murrow. De inmediato Murrow demuestra- -palabras medidas al milímetro- -la falsedad de McCarthy. Empieza la caída en picado de la caza de brujas. Hay, por encima de todo, un genio de la pantalla, el propio McCarthy, con su mechoncito de pelo sobre la frente, rostro empapado en sudor. Porque es el verdadero McCarthy el que está ahí. En honor a él, la película se rueda en blanco y negro. La verdad atropelló por fin al senador: lo dejó medio muerto. Sobre todo lo dejó en ridículo. El Congreso difundió un comunicado el 2 de diciembre de 1954: censuraba la conducta de McCarthy, contraria a las tradiciones del Senado. Era humillado en pocas palabras. El senador murió poco después, en 1957, hospital naval de Bethesda. En su ficha, desclasificada ahora, se lee la causa principal de la muerte, heavy drinking. mismo asunto. ¿Qué va a hacer la sociedad posindustrial cuando en menos de cincuenta años no haya petróleo? ¿Y cuando en menos de ochenta se acabe el gas natural? No resolveremos las dudas de la Humanidad en este artículo, es seguro. A H uando se enfrentó a McCarthy, Murrow contó en la televisión con un equipo sin fisuras. Fred Friendly, su jefe directo, apoyó a Murrow con toda la pequeña redacción del programa See it Now, patrocinado por Alcoa, gigante del aluminio, con muchos contratos con el Pentágono. Conocemos a Alcoa de tiempos recientes, ¿recuerdan? El primer secretario del Tesoro de Bush era Paul O Neill, presidente de Alcoa. O Neill salió mal de la Casa Blanca, con la razón de su parte: no admitía el descontrol del déficit ni las invenciones sobre Irak. Le sustituyó John Snow, pero esta es otra historia. Apoyó también a Edward Murrow, con no poco coraje- ¡honor a él, valeroso y justo, el Señor le haya acogido en su misericordia! -William Paley, presidente de CBS, obligado a responder ante los accionistas. No hay valor periodístico sin valor empresarial paralelo. Un gran actor, David Strathairn, interpreta a Murrow con un gesto de C ay una segunda parte en nuestra historia: trata de la mentira. Los defensores de América creemos que Estados Unidos es una gran sociedad, capaz de resolver sus errores. Clooney lo cree así y por eso ha escrito Buenas noches, y buena suerte. Bush, dice Clooney, no es necesariamente un malvado: Tiene una convicción religiosa fundamentalista y cree que debe responder al ataque desde su base religiosa. Esto es un peligro en un país que separa la religión de la política... Desde sus orígenes, Estados Unidos nos ha enseñado hasta qué punto corrompe un poder sin control Al menos hay sobre el tapete dos asuntos determinantes, ajenos a la religión: la guerra de Irak y el precio del petróleo. Se podrá argüir que son un l frente de la hiperpotencia, todavía durante dos años y medio, habrá un hombre de mucho instinto y mala información. En 1954 ocupaba la Casa Blanca el templado Eisenhower, un general muy bien informado, conocedor de las incurables heridas de la guerra moderna. Ahora hay un muchacho de 60 años, emboscado en su día de Vietnam, quizá tendente a abusar por eso de la fuerza militar. Sadam Husein quiso matar a Papá Si era así, debería haberlo matado él a su vez. Si era incapaz de conseguirlo, no debería haber provocado 50.000 muertos, entre ellos 2.300 soldados americanos y 16.000 heridos irrecuperables. Demasiado sufrimiento. La invasión de Irak se mezcla, indebidamente, creemos, con el control del petróleo. Hoy lo sabemos: la decisión de invadir se tomó en medio de un ensordecedor ruido informativo, sin un proyecto coherente, con inexplicable desinformación. No hubo en el vértice un jefe capaz de decidir. Hoy estamos ante otro giro de 180 grados. Después de defender durante seis años los intereses de los petroleros y la perforación de reservas naturales en Alaska, Bush rectifica el 31 de enero (ante el asombro de Cheney) La división es ya demasiado visible. Para Cheney, América está condenada a depender del petróleo, el conservacionismo es una estúpida pérdida de tiempo, no se subirán los impuestos del galón (para T. L. Friedman, es un modo de apoyar a terroristas y dictaduras) América es adicta al petróleo y debe romper esta adicción repitió Bush el 31 de enero, en su discurso del Estado de la Nación. Debemos romperla a través de la tecnología ¡Pero si es lo que repite la Unión Europea, lo que ha llevado a crear el reactor termonuclear ITER, lo que empuja al etanol, a la energía solar, al sector eólico! El progresivo cambio hacia el no- petróleo apremia. La claridad de la información, siempre necesaria, es en este capítulo indispensable. América es un gran país, con enorme capacidad de resistencia. Un mal presidente ha puesto en marcha, primero, la guerra contra las armas nucleares de Sadam Husein; luego, la larga guerra contra el terrorismo; ahora, la guerra contra el enemigo universal Guerras indefinibles en el tiempo, de difícil ubicación, imposibles de ganar. Hoy llegan malas noticias de Irak y de Irán, de Hamás y de los Hermanos Musulmanes. La prudencia con que los últimos presidentes vieron el peligro de un mundo nuevo, lejos de la bipolaridad americano- soviética, explica la cautela de Ronald Reagan, de Bush padre o Bill Clinton. El estilo tejano contrasta hoy con aquella prudencia. No dejen de ver Buenas noches, y buena suerte. DARÍO VALCÁRCEL