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70 DOMINGO 19 2 2006 ABC FIRMAS EN ABC ENRIQUE ROJAS CATEDRÁTICO DE PSIQUIATRÍA LA IMPORTANCIA DEL FRACASO El hombre superior no es el que siempre vence, sino el que sabe levantarse, el que tiene capacidad de reacción... L fracaso es necesario para la maduración de la personalidad. La vida humana está tejida de aciertos y errores, de cosas que no han salido como se habían proyectado, y de otras que no han llegado a buen puerto. La existencia humana consiste en un juego de aprendizajes. La vida es la gran maestra, enseña lecciones que no vienen en los libros, y por lo general, se aprende más con los fracasos que con los éxitos. ¿A qué llama fracaso? Es aquella experiencia interior de derrota, como consecuencia de haber comprobado que algo en lo que habíamos puesto nuestro esfuerzo e ilusión, no ha salido bien. Es la conciencia de no haber cubierto la meta propuesta. La vivencia inmediata es negativa, y esta surcada de una mezcla de tristeza, desencanto, melancolía, derrota y desazón interior. Somos peregrinos de ilusiones, emigrantes hacia un mundo mejor. El porvenir es lo que más llena la vida personal, lo que esperamos que suceda en positivo. El pesimista es un agorero de malos presagios, mientras que el realista tiene los pies en la tierra y la mirada puesta en la lejanía del paisaje, posibilidades frente a realidades. ¿Qué característica tiene el fracaso desde le punto de vista psicológico? La primera nota inmediata es una cierta reacción de hundimiento: ahí se alinean sentimientos de malestar que forman un acordeón de sensaciones negativas indefinibles En personas con mala tolerancia a las frustraciones, rasgo bastante característico de una cierta inmadurez, cosas pequeñas y de escasa importancia son vividas de forma exagerada y trágica. A esto se le llama dramatizar: tendencia a magnificar los hechos, cargando las tintas en negativo, convirtiénsean concretos, bien delimitados con unos perfiles nítidos sin intentar abarcar demasiado. Después, manos a la obra. La vida es un bracear de uno mismo con la realidad. Pero hay que tener los pies en la tierra. ¡Cuántos propósitos y afanes no salen simplemente por falta de tiempo o por no haberlos perseguido con suficiente esfuerzo! En el fracaso brota el desaliento, abandonar la meta y darse por vencido. Como contrapartida aparece la fidelidad y el tesón, cueste lo que cueste. Es volver a las pequeñas contabilidades: al haber y debe seguido de cerca, pero con visión de futuro. En medio de nuestro camino se cruza el azar, que como decía don Quijote, la fortuna es una mujer borracha que no sabe a quien ensalza ni a quien derriba La historia de cada uno es arte y oficio, corazón y cabeza, amor y conocimiento. Me interesan los perdedores que han sabido asumir su derrota y se levantan de nuevo para luchar. Es grande ver a un ser humano crecerse ante el fracaso y empezar de nuevo. Hablo de derrotas serias, duras, densas, llegara el día- -si esa persona insiste con tenacidad- -en que se vaya haciendo fuerte, recio, rocoso, compacto, pétreo, consistente, granítico, igual que una fortaleza amurallada. Sabiendo que por encima de la tempestad que ensordece o del oleaje vibrante y amenazador, su rumbo está claro, sus ideas siguen siendo conseguir ilusiones posibles, que invitan a la lucha. Ahí se inician los hombres de vuelo superior: el hombre superior no es el que siempre vence, sino el que sabe levantarse, el que tiene capacidad de reacción. Saber extraer pequeñas lecciones al filo de los acontecimientos menudos de la vida ordinaria. Escarmentar en cabeza propia. Abrir bien los ojos e ir adquiriendo ese saber acumulado que constituye la experiencia de la vida. Conocimiento que está en el subsuelo de nues- E dose las dificultades y contrariedades en algo terrible. En segundo lugar se produce lo que llamamos en la psicología actual una respuesta cognitiva, que es una especie de análisis subterráneo que pretende desmenuzar el porqué de ese resultado. Nuestra cabeza funciona como un ordenador advertido de sí mismo. A él le llegan informaciones que es necesario procesar de forma adecuada. En tercer lugar, aflora un estado psicológico de sorpresa, perplejidad, bloqueo, no saber qué hacer Es como una cierta paralización psicológica. Si el asunto es importante, uno suele estar acompañado por personas que ayudan a pasar la travesía de mejor manera. En tales casos, la frase oportuna, el recibir argumentos sólidos, o ligeros o simplemente el sentirse acompañado pueden ser elementos esenciales de la ayuda. A continuación viene el contenido o el tema del fracaso. No es lo mismo que se trate de un fracaso afectivo que profesional o económico: el termómetro de intensidades dependerá en buena medida de los acentos que uno ha puesto como fundamentales en su vida. Hasta hace unos años se podía afirmar que la mujer era especialmente sensible a los fracasos afectivos, mientras que el hombre lo era para los profesionales. Hoy las cosas han cambiado. La incorporación de la mujer a las profesiones y trabajos tradicionalmente masculinos han hecho girar las tornas. La patria del hombre son sus ilusiones. La vida es siempre anticipación y porvenir. Somos proyectos. El ser humano es sobre todo futuro. Ahí se engarzan pequeños objetivos, metas, retos, afanes que jalonan su recorrido y para que estos salgan adelante es necesario que JAVIER TOMEO ESCRITOR LA ESPERANZA ERA VERDE IENTRAS la industria aérea atravesaba graves problemas por el alza del precio del petróleo, una compañía británica, Virgin, tenía el proyecto de ofrecer en tres años viajes al espacio exterior, por el módico precio de ciento setenta mil euros. Nos dice la Biblia que es más difícil que un rico entre en el reino de los cielos que pase un camello por el ojo de una aguja. No nos dice nada, sin embargo, de cómo podrán algunos ricos peca- M dores flotar en ese aterrador espacio exterior, a pesar de lo mucho que les pesa la conciencia y de los infinitos pecados que puedan tener pendientes de redimir. -En espacio exterior la fuerza de la gravedad pierde toda su influencia, es decir, no existe- me informan amablemente. Todos los hombres y mujeres, sean pecadores o virtuosos, pesan lo mismo. Me cuesta trabajo creerlo. No puedo creer que, situados en un hipotético va- cío, caiga a la misma velocidad la pluma de cisne que la quijada de un asno. Del mismo modo que nunca he acabado de comprender que un kilo de paja pese tanto como un kilo de plomo. La verdad es que nunca he sido muy agudo en estas complicadas cosas de la física, ni tampoco en las otras. De niño, cuando algún listillo me preguntaba de qué color era el caballo blanco de Santiago abría unos ojos como platos y unas veces le respondía que era rojo, otras azul e incluso algunas veces decía que era verde, que, según dicen, es el color de la esperanza. Luego me enseñaron que la esperanza era verde y que por eso se la comió hace muchos años un burro. Me gustaría saber dónde vive hoy el descendiente de ese burro, para decirle que su antepasado hizo muy mal. tra persona y que opera al actuar. Un hombre así es como un fuego que está siempre ardiendo. Es muy difícil apagarlo. Incluso en los peores momentos hay un rescoldo latente debajo de las cenizas, ahí se inicia el volver a empezar En la hora del balance personal, cada segmento de nuestra travesía rinde cuenta de su viaje. Y también, de retomar el hilo de los objetivos, con sus dos orillas: una, hecha a base de orden y constancia. El orden nos ayuda a planificar bien las cosas, a sistematizarlas y a trazar una jerarquía de aspiraciones realistas y exigentes a la vez. Constancia es tenacidad, insistencia, no ceder terreno, no darse por vencido, perseverar sin desaliento. La otra orilla es la voluntad: ésta se consigue a través de repetidos esfuerzos y ejercicios, la costumbre de vencerse en lo pequeño, proceso que tiene siempre un fondo ascético, trenzado de lucha y negación. La mejor de las vidas está llena de vidas y sinsabores, la peor es un retablo de fracasos en los grandes guiones del libreto. Madurez es saber en qué consiste vivir y cuáles son sus claves y qué hay que hacer para vivir y sobrevivir. Así, el hombre se reconcilia con su pasado, lo asume y lo supera en sus vertientes negativa y dolorosas. La madurez implica vivir instalado en el presente, tener digerido el pasado con todo lo que eso significa y estar abierto y empapado hacia el porvenir. El futuro es la dimensión mas fructífera de la temporalidad. Unamuno hablaba de la intrahistoria, Binswanger hablaba de historia vital interna, como una especie de subsuelo biográfico. Esta es una de las tareas primordiales del psiquiatra, bajar a lo sótanos de la personalidad con espíritu de observación intentando poner orden y concierto en ese cuarto de máquinas. En muchas ocasiones la labor psicológica consiste en ayudar a hacer una lectura positiva del pasado: muchas derrotas dolorosas se han convertido con el paso del tiempo en grandes victorias. Saber mirar es saber amar El sufrimiento es la forma suprema de aprendizaje, la vida tiene distintos sabores: a lo largo de ella el paladar se va acostumbrando a captar sabores de todo tipo. Lo importante es no perder la coherencia y el hilo conductor de nuestra existencia. Tener claros los objetivos. No derrumbarse ante las dificultades y ante tantos imprevistos como de un modo u otro habrán de sobrevenir a cualquier empresa personal. La madurez es serenidad y benevolencia. Cuando uno es joven está lleno de posibilidades, cuando es mayor está lleno de realidades. Decia Píndaro Atrevete a ser tú mismo Hay que crecerse ante las dificultades con afán de superación, ahí esta la esencia de muchas vidas ejemplares, siempre fuertes, luchando contra corriente contra la adversidad y sus añadiduras. Esa es para mí la mejor fórmula para llegar a ser uno mismo. En alguna hora patética, uno se detiene al borde del camino y sin querer hace cuentas consigo mismo. El amor debe ser el primer ingrediente de la vida La sombra del ciprés es alargada, si cortas tus cadenas te liberas, pero si cortas tus raíces te mueres.