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ABC SÁBADO 18 2 2006 Los sábados de ABC 97 ocuparse de quuince plantas. Jamás se sientan en los sillones ni a las mesas, y no sólo porque el tiempo apremie, sino porque está fuera de su imaginario: las mesas son sus campos de cultivo, superficies a abrillantar. Chelo Iniesta, que hace el turno de noche, y Lourdes Daimiel, compañera de la mañana, tuvieron que dedicarse a pasar fregona y aspiradora porque se gana más en una contrata al servicio de un banco como el BBVA (620 euros al mes, tres pagas extraordinarias) que cosiendo por cuenta propia o ajena, el primer oficio de ambas. Séptima de nueve hermanos, Chelo nació hace 50 años en Herencia (Ciudad Real) pero cuando era niña se mudaron a la capital. Lleva cinco años sacándoles brillo a las entrañas de la torre. Tiene, como Lourdes, dos hijos: Sabes limpiar porque es algo que has hecho toda la vida en casa. Hay que saber estar. He conocido gente muy agradable aquí. Aunque sea un banco y tenga mucho dinero, hay gente muy sencilla Era una niña Lourdes Daimiel limpia el banco desde 1985. Ha pasado por el BB y el BBV y ha regresado a su hasta ahora última reencarnación, BBVA. Empezó con veinte años: Era una niña Nació también en un lugar de Ciudad Real, Hinojosa de Calatrava, hace 40 años. Su padre era minero en Puertollano. Cuando cerraron la explotación, eligieron Madrid. He vuelto después de estar diez años fuera, limpiando en otros sitios. Muchos no dicen nunca nada. Sin embargo, el otro día vino de visita un alto cargo que se había jubilado. Coincidimos en el ascensor y me preguntó por mi vida, y que qué tal me iban las cosas. Me quedé muy sorprendida, porque pensaba que nunca se había fijado en mí durante los años en que hice su despacho. Nunca me había dirigido la palabra. Creo que la gente va a lo suyo. Muchas veces ni siquiera te ven. Pero está claro que somos los invisibles No hay tentaciones que evitar. No se nos ocurre leer ningún papel ni mirar ninguna pantalla. Sabemos que no es para nosotros, que lo nuestro es limpiar, no leer. Cuando vaciamos las papeleras no se nos ocurre ver qué hay. De todos modos, es que no tendríamos tiempo. Es nuestro lema: ni ver ni oír. Toda la plantilla tiene claro que ni vemos ni oímos. Como tapias De ahí que, acaso jugando al mismo juego, y como contrapartida, ellos son también ignorados. Cada uno persigue cada día su afán. Oficio de invisibles. Misteriosos rascacielos. ¡Mira! De izquierda a derecha: Jesús Rodríguez García, José Luis Cano, Marta García, Nieves Puerma, Sara Domingo, Pilar Martín, Encarnación Gil- Pérez, Enrique Ortas, Carmen Rodríguez, Cándida Garrido, Fernando Martínez, Lourdes Daimiel, Rodolfo Palacios, Antonia Gallego, Encarnación Muriel, Paula Sánchez, Fernanda Cuevas y Manuel López, parte de la contrata de limpiezas del BBVA, en el helipuerto A veces nos dicen qué valientes sois El arnés es como la capa de Supermán. Bromean y nos preguntan si vamos a tirarnos en parapente. Pero lo normal es que ni te vean zanja Enrique. A diferencia de su pareja en la pared de cristal, a Ortas le gusta el verano. Palacios, tal vez porque la infancia y la juventud las pasó en Santiago, mucho más cerca de la Antártida, prefiere el invierno para pasar la raqueta y el borrego. No están solos ahí arriba: Casi todos los días encontramos cadáveres de palomas, medio devorados. Y hasta nos ha caído sangre sobre el cristal. Pero al halcón lo vemos de tarde en tarde. Un día estaba desplumando una presa y me echó una mirada que me dejó helado cuenta divertido el chileno. Pese a la observación de Bolaño, no hay forma de asomarse a la ventana y permanecer allí durante un tiempo, fumando o contemplando la ciudad con los brazos en jarra y no sólo porque la nueva ley haya desterrado el tabaco del edi- Tienen dos plantas y media cada una, y van a uña de caballo, de una mesa a otra, sin tiempo para pensar Sabemos que no es para nosotros, Lo nuestro es limpiar, no leer. Es nuestro lema: ni ver ni oír. Como tapias Lourdes Daimiel, sacando brillo al amanecer ficio- las mesas eran un horror, y los teclados de los ordenadores, como ceniceros se alivia Chelo- sino porque no hay tiempo para ensoñaciones. Que se lo digan a Paula Sánchez, nacida en Madrid hace 57 años, o a Encarna Gil- Pérez, hace 49 en La Rambla cordobesa, al filo de las diez de la noche. Tienen dos plantas y media cada una, y van a uña de caballo, sin tiempo para pensar, ni para contemplar las caravanas encendidas de coches desde los despachos donde quedan los que hacen horas o se encargan de clientes de ultramar. Paula se disculpa por no poder posar, aunque, con perlas de sudor en la frente, se busca un pequeño peine en el bolsillo del uniforme y se arregla en un pispás Cuando la contrata era Limpiezas Galicia, eran 40 personas en nómina y sólo debían