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96 Los sábados de ABC SÁBADO 18 2 2006 ABC OFICIO DE INVISIBLES Chelo Iniesta contempla la Castellana desde la planta 24 del BBVA Paula Sánchez, sin un momento que perder (Viene de la página anterior) Marta García, encargada, que añora su oficio de camarera. La cubierta es el helipuerto: un balcón que quita el aliento, y donde anida el halcón del BBVA, mascota secreta del banco, que se ha acostumbrado a este cielo y allí caza palomas y otras aves incautas. Como una ciudad Desde el despacho del presidente he pensado cuánto poder tiene, y me preguntaba si yo sería feliz teniendo lo que tiene. Pero al final me digo que es mejor disfrutar de tu propia vida dice María del Pilar Martínez, que sabe de los manteles de hilo y las cuberterías que hacen todavía más deslumbrantes los comedores de este rascacielos, cuartel general del segundo banco del país, un templo de la arquitectura y el dinero donde practican su oficio de invisibles los 28 empleados de una subcontrata encargada de sacar brillo a 27 pisos, recepción, entreplanta y cuatro sótanos. Este edificio es como una ciudad dice el gerente de la torre, Miguel Ángel Placer, un enamorado de la arquitectura y del artista que ideó un rascacielos levantado de forma hercúlea sobre el túnel del ferrocarril que atraviesa diagonalmente sus cimientos: Francisco Javier Sáenz de Oiza. Desde su techo chato, en días traslúcidos de invierno, la mirada abarca desde el Cerro de Los Ángeles a las cumbres nevadas de Guadarrama, y a sus pies, la hoz y el martillo de los Nuevos Ministerios que la Segunda República cimentó y Franco no tuvo más remedio que terminar. En París había hecho de todo, desde pegar carteles hasta encerar suelos de oficina, una labor que se realiza de noche, cuando los edificios están cerrados, y que permite pensar mucho. El misterio de los edificios de París. De esa manera llamaba a los edificios de oficinas, cuando es de noche y todos los pisos están oscuros, menos uno, y luego ése se apaga y se enciende otro, y luego En el helipuerto, un balcón que quita el aliento, anida el halcón del BBVA, mascota secreta del banco Han visto cientos de amaneceres desde el monolito de acero que Sáenz de Oiza clavó en la Castellana ése se apaga y así sucesivamente. De vez en cuando, si el paseante nocturno o el hombre que trabajaba pegando carteles se quedaba quieto durante mucho rato podía ver a alguien que se asomaba a la ventana de uno de esos edificios vacíos y permanecía allí durante un tiempo, fumando o contemplando la ciudad con los brazos en jarra. Era un hombre o una mujer del servicio nocturno de limpieza escribió el novelista chileno Roberto Bolaño en su libro Estrella distante. Habría que aguzar mucho la vista, o ayudarse de un catalejo, para ver a Rodolfo y a su compañero de faena, Enrique Ortas, lavando cristales. Se han hecho especialistas en amaneceres. Han visto cientos desde el monolito de acero, vidrio y hormigón que Sáenz de Oiza plantó en la Castellana. Salen siempre en comandita al exterior- está terminantemente prohibido que trabaje uno solo con arnés y un cable que les ancla al cinturón de hierro que abraza cada una de las plantas, acero corten, ocre oscuro que la oxidación va modificando, líneas horizontales de parasoles que dan la vuelta a todo el perímetro de un edificio de insólitas esquinas redondeadas. Por ahí caminan los cristaleros del BBVA. Nacido hace 49 años en el mismo país que Bolaño, Palacios se vino hace 22 a España, cuando Augusto Pinochet tenía a Chile tendido en el potro de tortura. Me vine de vacaciones a casa de un amigo bailarín y me quedé. No venía con esas intenciones Bailó en El diluvio que viene y dio clases de aerobic hasta que el cuerpo empezó a quejarse. Un amigo que trabajaba en el banco le dijo que buscaban a un cristalero: No lo había hecho en mi vida. Somos dos para todo el edificio: 52 ventanas por planta (Nueve mil metros cuadrados de cristal) Al principio las cuentas, luego lo dejas. No sabía si tenía vértigo, pero las primeras ventanas las limpié con todo el cuerpo. El respeto y el miedo no se te quitan nunca, sobre todo en la parte de Azca, donde no hay quitamiedos. Si hay mucho viento, no limpiamos Su compañero en el bosque exterior de vidrio liso nació en Madrid hace 35 años. ¿Miedo? Sólo el primer día Perciben 800 euros al mes, más un pequeño plus de peligrosidad.