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ABC SÁBADO 18 2 2006 Internacional 27 La sangre, nuevo argumento de los contrarios a una Emperatriz en Japón Los partidarios de mantener la ley sálica esgrimen rancios motivos b La última razón para oponerse a que una mujer sea Emperatriz es que la religión sintoísta, de gran arraigo, les prohíbe pisar los templos durante la menstruación PABLO M. DÍEZ. CORRESPONSAL PEKÍN. Quizás por llevar sangre real en sus venas, Tsuneyasu Takeda- -un joven de 30 años, tataranieto del Emperador Meiji (1867- 1912) ha recurrido a tan rojo y viscoso argumento para oponerse a que una mujer pueda heredar el trono en Japón. Pero no lo ha hecho para reivindicar los títulos nobiliarios de su familia, una de las once ramas aristocráticas de la Casa Imperial nipona que tenían derecho a entrar en la línea de sucesión y que fueron desposeídas de sus privilegios al acabar la Segunda Guerra Mundial, sino para terciar en el debate abierto en la isla sobre la abolición de ley sálica. Firme detractor de esta reforma, que ha quedado paralizada tras conocerse el reciente embarazo de la Princesa Kiko, Tsuneyasu Takeda aprovechó ayer una comida en el Club de Corres- ponsales de Tokio para lanzar una, como mínimo, sangrante teoría: Una mujer no puede ser Emperatriz de Japón porque, durante la menstruación o el embarazo, tiene terminantemente prohibido acercarse a los templos sintoístas la religión originaria del archipiélago nipón. Como cada año se celebran en el Palacio Imperial de Tokio más de 500 actos sintoístas, y debido a que la principal ocupación del monarca es orar Takeda argumentó que una fémina jamás podría cumplir adecuadamente tales ritos porque, al menos siete días al mes, debería ausentarse de sus obligaciones. Además, convertirse en madre sería un peso excesivo para una Emperatriz insistió Takeda, quien ha cobrado cierta notoriedad tras publicar un libro titulado La verdad no contada sobre los miembros de la Familia Imperial En dicha obra recomienda que alguno de los descendientes de esas once ramas aristocráticas, especialmente uno de los ocho solteros con más de 20 años que aún quedan en Japón, se case con una princesa de la Familia Imperial para solucionar la crisis que ame- nazará en el futuro a esta dinastía, una de las más antiguas del mundo. Aunque el actual Emperador Akihito será relevado por el Príncipe Heredero Naruhito, éste no ha tenido aún ningún hijo varón que pueda ocupar el Trono del Crisantemo, sino una niña, la Princesa Aiko, que ya tiene cuatro años y se podría beneficiar de la reforma de la ley de sucesión. La línea de sucesión Pero tal modificación, que ha provocado una seria división en el Gobierno pese a haber sido impulsada por el propio primer ministro, Junichiro Koizumi, ha quedado en suspenso a la espera de que la Princesa Kiko, la esposa del segundo hijo del Emperador, dé a luz el próximo otoño. En caso de que tenga un niño, éste sería el tercero en la línea de sucesión y desplazaría a Aiko pero, si no fuera así, se abriría otra vez el debate y la pequeña princesita podría convertirse en la primera mujer en heredar el trono desde hace 200 años. No en vano, de las ocho féminas que, sólo como regentes, se han sentado en el Trono del Crisantemo en su milena- Los Príncipes Masako y Naruhito REUTERS ria historia, la última fue la Emperatriz Gosakuramachi, quien lo ocupó desde 1762 hasta que abdicó en favor de su sobrino en 1771. Para evitar que se repita esta posibilidad, los indignados sectores tradicionalistas incluso han sugerido la implantación del antiguo sistema de concubinas para engendrar un heredero varón y se oponen radicalmente a que una mujer sea Emperatriz. Por mucha sangre azul que tenga... o precisamente quizás por eso mismo.