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ABC SÁBADO 18 2 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA HISTORIAS PARALELAS S UNOS EMBRIONCITOS DE NADA IENTRAS ocupan el debate público asuntos más estrepitosos (y triviales) se aprueba en el Congreso un proyecto de ley de reproducción asistida que ampara, bajo coartadas terapéuticas, la eugenesia y la clonación. Como no podía ocurrir de otra manera en una época desarmada moralmente, la ciencia se erige aquí en instancia suprema e inapelable: Todo lo que se sabe hacer, se puede hacer parece ser el lema. Esta mitificación de la ciencia como fuerza salvífica no ha mostrado reparos siquiera en pisotear la dignidad de la vida humana; de este modo, se ha llegado a aceptar la posibilidad execrable de fabricar vidas, servirse de ellas como material de experimentación y después destruirlas. Aprovechándose de la ingenuidad o la desesperación de mucha gente que se deja embaucar con falsas esperanzas, la propaganda justifica la perversidad de la clonación teraJUAN MANUEL péutica pregonando que permitirá DE PRADA sanar enfermedades hoy incurables. Y con esta expectativa (que no es sino coartada que se sirve del sufrimiento ajeno) se convierte la vida humana en un producto de laboratorio y se destruyen alegremente unos embrioncitos de nada para extraerles células o tejidos, como si fueran proveedores de piezas de recambio. Nunca hubiéramos llegado a estos extremos de depauperación ética si previamente no se hubiese impuesto una consideración meramente funcional de la vida. Tratamos a nuestros semejantes como cosas de las que es posible disponer, extraer una utilidad. Si este puro utilitarismo se ha instalado en nuestra existencia cotidiana, ¿cómo puede sorprendernos que desde una instancia legislativa se establezca la posibilidad de declarar a unos embrioncitos de nada vidas prescindibles e intrascendentes, sólo considerables por la utilidad médica que nos pueden reportar? Previamente, por supuesto, se ha negado la sin- M gularidad específica de cada vida humana; al desaparecer esa característica que la hace valiosa e insustituible, la vida humana queda despojada de dignidad. Se me opondrá que un embrión carece de personalidad o condición humana; yo más bien pienso que esa condición, inscrita en sus genes, está latente, se ha empezado a gestar para realizarse plenamente en un estadio futuro. Y puesto que la condición humana anida en ese puñado de células, organizadas con el fin de convertirse en persona, no tenemos derecho a tratar al embrión como si fuese una cosa; no tenemos derecho a poseerlo, usarlo y destruirlo. En su aparente insignificancia se condensa toda la potencialidad de una vida futura, tan plena como la nuestra. No pensemos que esta concepción puramente utilitaria de la vida no nos pasará, a la larga, factura. Al negar los conceptos más elementales sobre los que se sustenta la dignidad humana, estamos infligiéndonos un daño sin reparación posible. Por supuesto, podemos alegar coartadas pretendidamente altruistas para justificar ese ataque a la dignidad humana; pero las acciones moralmente erróneas, aunque puedan parecer útiles en un principio, aunque reporten beneficios inmediatos, acaban arrastrándonos inexorablemente a la ruina. La dignidad de la vida no puede estar impunemente sometida al egoísmo de cada cual, a las ansias de curación de cada cual, mucho menos al humanitarismo discrecional del Estado. La violación de esta dignidad humana, ya lo sabemos, prefigura el totalitarismo. No creo que haga falta recordar aquel sueño eugenésico concebido por Hitler. La clonación terapéutica, bajo su disfraz humanitario, postula también, no nos engañemos, un mundo de superhombres donde los débiles, los enfermos y, en general, todos aquellas vidas que no resulten útiles carecen automáticamente de valor. ¿Por qué no empezar cargándonos- -se dirán los apóstoles de ese mundo feliz -unos embrioncitos de nada? ETECIENTAS mil firmas. Con ese equipaje popular en sus alforjas, la izquierda en bloque, desde la moderada a la más radical, ha solicitado ante las instituciones competentes un referéndum que anule la reforma federalista promovida por el primer ministro. Se trata, según los líderes de la alianza izquierdista, de evitar la ruptura de la unidad nacional, preservar el equilibrio de las regiones y evitar que se quiebre la solidaridad entre los territorios más ricos y los más pobres. Catorce autonomías, las más perjudicadas por el nuevo reparto de poderes, se han mostrado asimismo en contra de la federalización del país y han solicitado también la consulta popular para IGNACIO tumbarla, así como más CAMACHO de un quinto de los diputados y senadores que prevé la ley para convocar el referéndum. Tanto la izquierda como las asambleas regionales destacan en su irritada protesta que la cesión de competencias exclusivas en sanidad, educación y policía vulnera la solidaridad y establece privilegios financieros para las poderosas y desarrolladas comunidades del Norte. Los críticos de la reforma defienden la vigencia de la actual Constitución, para lo que han creado una plataforma específica apoyada por algunos antiguos dirigentes nacionales, entre ellos un ex presidente, así como numerosas organizaciones de sociedad civil y el principal sindicato de trabajadores. Todos juntos han recogido firmas durante dos meses. Los partidos y organizaciones de izquierda esgrimen contra la reforma el papel histórico que la unidad nacional ha desempeñado en la cohesión territorial de un país tradicionalmente fragmentado, y sostienen que la estructura federalista puede partir el Estado en dos y crear una brecha entre las regiones más desarrolladas y el resto. En la actualidad, la mitad de las comunidades superan el PIB per cápita medio de la nación, compensando el déficit de la otra mitad a través de mecanismos (insuficientes) de solidaridad financiera. El PIB per cápita de la región norteña más desarrollada supera en más del doble al de la última clasificada del ranking, que naturalmente es una zona del Sur. Todo lo que acaban de leer es estrictamente cierto. Sólo que sucede en Italia, donde la alianza de centroizquierda, que abarca desde los moderados hasta los excomunistas, entregó ayer al Tribunal Supremo los pliegos de firmas en solicitud de un referéndum sobre la reforma constitucional aprobada por el Gobierno de Silvio Berlusconi. Dato a tener en cuenta: las competencias concedidas allí a las comunidades autónomas bajo el concepto llamado devoluzione, en un proyecto considerado abiertamente federal, son cualitativa y cuantitativamente inferiores a las ya establecidas en el sistema de reparto territorial español. Y además, el Gobierno se reserva el derecho de veto a las leyes regionales si lesionan intereses comunes. Que cada cual saque las conclusiones que estime convenientes al respecto.