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ABC VIERNES 17 2 2006 Cultura 73 Publican más de setecientas cartas de Manuel Altolaguirre, en su mayoría inéditas No era un pedante que escribiera cartas para la posteridad afirmó Luis García Montero del gran poeta malagueño aparece Manuel Altolaguirre. Epistolario 1925- 1959 que se presentó ayer en la Residencia de Estudiantes TULIO DEMICHELI MADRID. Luis García Montero elogió la edición de este epistolario que nace a la sombra del centenario de Manuel Altolaguirre (1905- 1959) dentro del proyecto Epístola de la Fundación Giner de los Ríos, que dirige Juan Carlos Mainer, en colaboración con la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, el Centro de la Generación del 27 y la Diputación de Córdoba. La edición de Manuel Altolaguirre. Epistolario 1925- 1959 (Publicaciones de la Residencia de Estudiantes) estuvo a cargo de James Valender, quien es uno de los mayores epecialistas en la obra del poeta malagueño y también en la de Luis Cernuda, tan vinculado personalmente a él y a Concha Méndez. Las cartas nos permiten conocer- -afirmó García Montero- -las preocupaciones literarias del autor y de su época una de las más apasionantes de la literatura española: la Edad de Plata. Así, en estas 711 misivas, la mayoría b Fruto del centenario inéditas, el lector escuchará su diálogo con figuras como Juan Ramón Jiménez, Unamuno, Falla, Guillén, Cernuda, Lorca, Alberti, Salinas, Miguel Hernández, Eluard, Jean Cassou o Lezama Lima, por citar algunos ejemplos. García Montero recordó que Ortega decía que en los tiempos de la deshumanización del arte, los escritores más avanzados tienden a reconocerse. De esa amistad surge una atmósfera de época Las cartas son- -añadió- -documentos de primera necesidad. Altolaguirre no hacía grandes declaraciones en sus cartas, no era un pedante que las escribera para la posteridad convirtiendo un documento privado en público sino que a su través era amante, esposo, padre, abuelo, amigo, editor, poeta o lector. Valga como ejemplo de ello una postal que el poeta le envío a su pequeño nieto Manuel Ulacia desde La Habana, quizá en 1953: Querido don Manuel: Como es usted analfabeto, que le lea esta postal su papá dentro de tres o cuatro años. Es para decirle que le recuerda mucho, Manolito Y es que este epistolario también ilustra la intimidad del poeta y sus dos grandes amores, con su primera esposa y con la segunda, María Luisa Gómez Mena, con quien hallaría la muerte en un accidente de coche. Concha Méndez y Manuel Altolaguirre pasean a su hija Paloma. A la izquierda, carta escrita por el poeta a su esposa desde Londres en 1935 El catedrático de Literatura Andrés Soria explicó que Altolaguirre era un poeta impresor que estaba casado con una poeta e impresora, Concha Méndez y que por sus manos pasó prácticamente toda la producción del 27 Por su parte, Juan Carlos Mainer también elogió este epistolario diciendo que es un libro precioso, cuya materialidad le habría encantado a Altolaguirre porque en él está de cuerpo entero Por último, la anfitriona, Alicia Gómez Navarro, anunció que éste no será el último fruto del centenario del poeta, pues la Residencia de Estudiantes, que ella dirige, publicará un Álbum como el que en su día se dedicó a Luis Cernuda. García de Cortázar vindica la función subversiva de la Historia al presentar su libro de los perdedores ANTONIO ASTORGA MADRD. Sertorio, el primer caudillo romano que trasteó las fuerzas vivas de las provincias para asaltar el poder de Roma; las contradicciones de algunos pusilánimes y corruptos reyezuelos de taifas musulmanes; los sueños y frustraciones de la Ilustración española; el exilio liberal; las utopías sociales del siglo XX; la ideología demócrata cristiana, que no triunfó como en Europa; el pintor Luis Paret y Alcázar, que tuvo la mala fortuna de ser eclipsado por la sombra alargada de Goya; los exilios, la herejía, los colectivos marginados por su condición social; Averroes, que se afanó en encaminar por la línea aristotélica el islam y cuyas obras fueron pasto de los alfaquíes- -enemigos de sus enseñanzas- -que las incendiaron en una muestra más del odio y del fanatismo islamista; Prisciliano, defensor de un cristianismo distinto al políticamente co- En el otro filo de la balanza Los anarquistas fueron especialmente perdedores, relata Fernando García de Cortázar en su libro Los perdedores de la Historia de España y sobre todo los anarquistas moderados como Peiró Perdedores entre los vencedores, como los carlistas, fueron los fascistas españoles, aquellos discípulos airados de Ortega, de los que fueron ejemplo Ledesma Ramos y Giménez Caballero Perdedores fueron los comunistas en la guerra civil y, algunos, en la Unión Soviética, que soñaron como paraíso, triturados por el despiadado Gulag Perdedores más nobles fueron ciertos conservadores que admitieron la República y trataron de tender puentes, como Luis Lucia o Giménez Fernández rrecto; los mozárabes, arrollados por el poder emergente y europeísta de los cluniacenses; el rey zirí de Granada- -Abd Allah- -que se vio cercado por dos fuegos: el del fundamentalismo implacable de sus correligionarios almorávides y almohades y el de la agresividad de los reyes cristianos: Álvaro de Luna, valido de los Trastámara, atrapado sin salida en los inescrutables engranajes del poder; los sefardíes y los moriscos; Antonio Pérez, que pone sobre el tapete la cuestión de los foros; Juan Alfonso de Polanco, figura clave en los orígenes de la Compañía de Jesús y colaborador de los primeros generales de la Orden; el conde de Oropesa, reformista en la agonizante corte de Carlos II que pierde dos veces el poder (primero, por las intrigas cortesanas de la reina y después, al ser culpado de motín) antes de alinearse con los perdedores en la Guerra de Secesión; Jovellanos, que se vio atrapado en- Las víctimas del terrorismo son los últimos perdedores de la Historia de España y la gran derrotada es la memoria de la Transición tre la espada y la pared de dos intransigencias: la de los reaccionarios y la de los nuevos liberales que le acusaban de ser... un ilustrado; José Bonaparte- -llamado Pepe el Copas cuando aseguraba no haber probado gota de alcohol alguna- símbolo de los afrancesados que se aglutinaron en torno a él, acuchillado por un carnívoro odio y por su propio talante que lo llevaba a una vida burguesa en vez de al peso de la corona... Todos ellos y muchos más son Los perdedores de la Historia de España que Fernando García de Cortázar retrata vividamente en su libro editado por Planeta, que ayer presentó. Hay perdedores que no merecen ni una lágrima, por su antipatía, por su ideología totalitaria sostiene un autor que cree en la función subversiva de la Historia. Pero quienes merecen nuestro máximo respeto y consideración son las víctimas del terrorismo- -últimos perdedores- abandonadas por las instituciones y por los grupos políticos de una Historia de España cuya gran derrotada hoy es la memoria de la Transición escruta el autor. La Historia está pavimentada en el olvido, que es la traición concluye García de Cortázar.