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ABC JUEVES 16 2 2006 Cultura 55 FESTIVAL DE CINE DE BERLÍN El vaquero Heath Ledger y una pariente de Nicole Kidman lo intentan en Candy de Neil Armfield Ayer se proyectaron en competición otros dos filmes: Un romanzo criminale y Sehnsucht b Tres dramas. Uno canadiense e ingenuo; otro italiano, policiaco; y el último, alemán y estupefaciente, llegaron ayer sin pena ni gloria a la sección oficial de la Berlinale E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL BERLÍN. Otras tres películas de la competición rodearon ayer al indefenso y honrado comentarista de la jugada, una alemana, una italiana y una australiana, que soltaron sobre el tapete un drama inocentón, un drama policiaco y un drama estupefaciente. Como ninguno de esos dramas tenía auténtica pegada, uno pudo salir del cine del día completamente ileso, sin un rasguño, hasta contento. Tres dramones, ja, ja, ja. El más antípodas de los tres, el australiano, titulado simplemente Candy tenía como gran baza al actor Heath Ledger (el vaquero terco de Ang Lee) que no ganará el próximo Oscar por algo así como un capotazo y también a una actriz llamada Abbie Cornish que podría ser sobrina de Nicole Kidman, pero en matrícula de honor; ambos protagonizan una historia de amor y heroína que ya hemos visto otras veces aunque nunca con tipos tan matizaditos... El director, Neil Armfield, decide como gran innovación dividir su historia en tres capitulos: cielo, tierra e infierno, y cada uno de los cuales se refiere a una fase del proceso de desintegración del individuo y de la pareja... Si alguien se empeña en ello, podrá emocionarse en alguno de los tramos finales, a pesar de que sale Geoffrey Rush en el papel de ¿qué hago yo aquí? mucho cruce de estilos entre Corleone y Scorsese, muchas ganas de que el momento operístico envuelva alguna escena... Dura dos horas y media, y que no aburre mucho por lo movido de su argumento y lo nervioso de sus personajes, que tiene ademas la pretensión como de hurgar en la reciente historia de Italia, desde la corrupción política a la masacre en la estación de Bolonia... O sea, que no está mal tratándose de una película de Michele Placido. Y la alemana, Sehnsucht (si el diccionario no miente, algo así como anhelo, nostalgia) la firma Valeska Grisebach y se centra en un tipo con cara de merluzo que tiene una mujer encantadora pero se enamora de otra y... ¡bah! Como ven, un día lleno de novedades y de ideas con forma de primicia. Pero ya quedan menos balas en la recámara de la competición. Michele Placido bromea con los periodistas durante la presentación de su película AP Ángela Molina y Juan Diego en El triunfo filme de macarrillas rumberos GUILLEM SANS BERLÍN. La segunda película de Mireia Ros va de macarrillas rumbosos en el Chino de Barcelona de los años 80. Tiene estética de cómic. Los personajes son todos caricaturas, tan inverosímiles que Como ninguno de estos dramas tenía pegada, uno pudo salir del cine del día completamente ileso, sin un rasguño, hasta contento su barrio acaba por tener efecto de cartón piedra. La Berlinale presentó esta película en Panorama, fuera de concurso, que narra las aventuras de rumberos de la antigua Cataluña socialista encarnados por Anto- nio F. Montoya Farruco y Francisco Conde, entre otros. La mejor es, sin duda, Marieta Orozco, la chica de Pau i su hermano y Barrio Pero hay también veteranos como Ángela Molina y Juan Diego. Otro robo en Estocolmo: ahora un lienzo de Strindberg C. VILLAR MIR CORRESPONSAL Romanzo criminale La película italiana se titulaba Romanzo criminale o sea que por expectativas no iba a quedar. El director era Michele Placido, lo cual sí que lo mantenía a uno receloso, porque no nos faltaba más cosa, a esta altura de festival, que ver una obra maestra de Michele Placido. No lo era. Romanzo criminale era una historia de mafiosos de segunda división al estilo de Uno de los nuestros pero de otra pasta... no sé si me explico. Aquí, el duro es Kim Rossi Stuart, un actor que se puede untar en el pan; y el poli es Stefano Accorsi, el actor más enamoradizo del cine italiano y que, según su costumbre, cae rendido en un plano de la mujer fatal de la historia... Hay mucho corte de cara italiano, EPA ESTOCOLMO. Una noche de celos del dramaturgo August Strindberg, cuadro de 30 x 40 cm. pintado en Berlín en 1893 y valorado en 2,5 millones de euros, desapareció ayer en un golpe inesperado del Museo Strindberg, en el centro de esta capital. Dos personajes hasta ahora no identificados, bien vestidos y con buenas maneras, entraron al museo. Mientras uno de ellos entretenía al personal, el otro descolgó la pintura de la pared donde estaba expuesta. Esa obra es la mejor que nunca pintó Strindberg, dice la dierctora del centro.