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62 Cultura FESTIVAL DE CINE DE BERLÍN MIÉRCOLES 15 2 2006 ABC El británico Michael Winterbottom llega hasta la esencia y fetidez de la cárcel de Guantánamo Su película cuenta, entre ficción y realidad, la historia de unos musulmanes liberados hizo en Welcome to Sarajevo y con los refugiados afganos de In this world exprime la realidad de unos musulmanes británicos en Guantánamo E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL BERLÍN. El británico Michael Winterbottom es un director que parecen dos, o tres. Llega a casi todos los Festivalesgrandes con una película nueva: aún no se ha estrenado la que presentó en San Sebastián, la excelente A cock and bull story y ayer trajo a la Berlinale una nueva a competición, The road to Guantanamo donde con cámara ambiciosa y ventajista traza el camino de unos jóvenes musulmanes desde su casa londinense hasta el ignominioso zoo humano de Guantánamo. Winterbottom maneja para hacer esta película unos materiales parecidos a aquella de In this world que es una trama con cuerpo de ficción pero con un perfecto traje de documental, en donde se beben tragos de realidad destilada por las necesidades del guión... Aquí aparecen, incluso, los personajes reales en primer plano narrativo y los actores que los encarnan en la ficción semidocumental de Winterbottom. b Tal y como ttom es algo plana con el enemigo y dibuja unos militares, unos agentes especiales, de la CIA o de lo que sean, sin atisbo de carne real. Todo su esfuerzo documental en un lado se convierte en mala ficción en el otro: no es que sean malos los carceleros e interrogadores estadounidenses, o británicos, es que son tontos del bote, que preguntan tonterías y se conforman con respuestas tontas... Hay algo en todo eso que desbarata la buena dirección y el buen sentido de la película. Alguien lo apuntaba ayer por aquí: la CIA no es tonta, y se equivoca mucho, sí, pero sus técnicas de interrogatorio no están encaminadas a conformarse con una mentira inservible para aflojar la presión, del estilo Sí, soy de Al Qaeda, pero suéltenme o mátenme Es decir, que en The road to Guantanamo se pueden encontrar toda la gama de consideraciones y juicios: desde brillantísimos tramos de ficción acicalados de documental, hasta porciones de apestosa realidad mal maquillada con tonos peliculeros... Y el otro cine que ofreció ayer la competición, ya que uno no se lo pudo ahorrar, lo más sensato sera ahorrárselo ahora a ustedes dentro de lo posible. Sólo daré, pues, unas puntadas: una película tailandesa muy tempranera titulada Invisible waves y que contaba en dos horas lo que cabe en diez minutos, con pretensiones de género negro (y negro se ponía uno viéndola) y con tanto cine prescindible y tanto agujero en el centro que parecía un enorme donuts. Aunque, para ser exactos, lo que ro- deaba al agujero no era gran cosa: un tipo sin interés, el protagonista, mata a la amante de su jefe, un pintas, y luego, tras mucho braceo entre la nada, pues el tipo sin interés se muere al final la mar de bien. O sea, habría tenido más gracia si nos hubiera hecho levantarnos al alba. Y además de estas olas invisibles tailandesas, se proyectó una iraní, Zemestan Es invierno de Rafi Pitts... una combinacion de nombre torero y apellido de estrella que prometía mucho más. Una vision muy paradita y al borde del más crudo neorrealismo de unos personajes sin trabajo, con muy sencillas pretensiones, que toma trabajosamente alguna curva casi romántica entre dos de estos seres perdidos en las afueras de la ciudad. Necesario Lo que pretende hacer el director británico es, sin duda, algo necesario: mediante las declaraciones y las peripecias de estos jóvenes musulmanes, revela la enorme bolsa de podredumbre moral y política que ha supuesto (y que aún supone) ese vergonzoso trullo de Guantánamo en el que no impera ninguna de nuestras mejores y más irrenunciables leyes. Tal y como cuenta la película, una serie de azares y circunstancias colocó a esos jóvenes musulmanes londinenses en el foco de los primeros bombardeos a Afganistán, a donde llegaron desde Pakistán, y de una boda truncada... La cámara perdiguera de Winterbottom rastrea todo el calvario de estos (y no de otros) muchachos hasta llegar a Guantánamo, donde se convertirá en verdad lo inverosímil: dos años de envilecimiento, tortura, trato inhumano, impunidad y humillación para, tras ver que su estado de sometimiento los llevaría ya a declarar que eran ellos la mano derecha de Bin Laden, los que le cosían sus mejores trapos de campaña para los vídeos molones, o lo que quisieran; y sabiéndolos inocentes, mandarlos a casa sin una sola excusa... Lo dicen los auténticos protagonistas de aquello: volvieron más fuertes más creyentes O sea, que se subraya otra de las funciones de este Guantánamo: reforzar la fe y avivar los odios. La película: estando situada en el único lugar posible, junto a las víctimas de esa ignominia, la mirada de Winterbo- Michael Winterbottom asoma la cabeza mientras posa con los actores de su película Road to Guantanamo REUTERS Camino de silencios RAMIRO VILLAPADIERNA BERLÍN. El camino que va de Guantánamo a Grbavica pasaba por el cuarto de estar durante años: no haya sofoquina pues en encontrárselo pronto en el cine de barrio, firmado por Winterbottom o esa noble debutante bosnia, Jasmila Zbanic. Dice el primero que es extraño crear Guantánamo para hacer aquello que las leyes no le permiten a uno en su propio país No tanto: se hace fuera de casa lo que nunca se permitiría en ella. La siniestra soldadito Lynndie England ponía la mesa en casa y ultrajaba en Abu Ghraib. Y se obvia que mucho soldado que no es un mendrugo en esencia lo es sin duda en potencia y en línea de fuego. Violar a una refugiada, como se hacía en el club Melody de Grbavica es práctica soldadesca, tan terrible como real. Lo peor es además el silencio dice Zbanic, y lo ha encarado en su contenido filme. También Winterbottom: El mundo se ha olvidado de Guantána- mo Seguramente se ha acostumbrado: si no sale por la tele, no existe; si se saca a toda plana, se torna normal. Así Sarajevo, Chechenia, Haití, Timor, por exceso o por defecto. Asif Iqbal y Shafiq Rasul, los detenidos inocentes del filme británico, estaban ayer en la Berlinale. La inmensa mayoría de las víctimas de una guerra son equivocadas, pero justo es que Winterbottom o Zbanic hayan pasado de lo obvio al botón del drama personal e intransferible. En serbocroata grb es el blasón o el escudo, grba es hinchazón o chepa, grbavica es la mujer jorobada (además del funesto barrio de Sarajevo) Fuera del videojuego y el cuarto de estar, el solo blasón que suele dejar, a una mujer en guerra, un tipo de uniforme, bajo cualquier escudo, es una brutal inflamación, en el vientre o en el rostro o en el alma. Ayer había una treintena de conflictos en el mundo y 17 millones de refugiados, tal vez esperando llegar al cine para resultar verdad.