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ABC MARTES 14 2 2006 63 FIRMAS EN ABC JOAQUÍN ALBAICÍN ESCRITOR nudo convencional de artista: escritores, pintores, duelistas, actores, flamencos, toreros... A la que se suman jubilados, aristócratas rentistas y jóvenes de provincias aspirantes a un lugar en el Parnaso, las candilejas o la mitología del lugar y que, como es lógico, apenas tienen en esa primera etapa qué hacer más allá de ir ganando puntos a base de cháchara y copazos. Por aquello de capear el temporal de un invierno sin toros como el que engaña al hambre a base de cigarrillos, traté hace poco de montar en La Fortuna una tertulia de devotos del arte de la flámula. He de admitir mi fracaso, que no puedo achacar al cenáculo, sito en la Plaza de los Mostenses. ¿Más céntrico lo quieren? Tampoco a su carta de viandas, con un pollo en pepitoria que quita el sentido y un chorizo leonés de lujo. Se conoce- -no hallo otra explicación- -que ando menos que justo en lo que a credibilidad como aficionado se refiere, porque, a la tercera intentona, no coseché más que un mensaje de móvil: Estoy en un atasco. Llego con retraso. Empezad sin mí Lo firmaba todo un matador de toros: el aguerrido Luis Sierra. Lamentablemente, el comienzo resultaba imposible por tan inapelable razón como la ausencia de contertulios. Debe ser, en fin, que la gente trabaja mucho. Y es que, ¡qué aburrimiento, si no! TERTULIA EN LA FORTUNA Se puede ser y, de hecho, se es feliz entregado a ocupaciones para nada ligadas al trabajo, salvo por su inversa superposición ontológica al mismo... D E vez en cuando, me dejo caer por la taberna La Fortuna a endulzar con un café con leche en vaso corto la lectura de, por ejemplo, Arnau de Vilanova, cuyo Discurso sobre el nombre de Dios, por cierto, acaba de publicar en español Obelisco. Saboreaba la otra mañana allí el tostado néctar a mi mesa de siempre cuando hizo su entrada una chica nada mal conformada por la Naturaleza. Da gusto, esta moda de que las chicas entren en un bar, tomen asiento sobre un taburete y, automáticamente, la culera del vaquero les descienda hasta el meridiano de los glúteos, obsequiándonos con la visión de media sandía silueteada por bravísimo y brevísimo tanga. ¿Quién negará que es escorzo cuyo avistamiento se agradece mucho, sobre todo a la hora del aperitivo? Un cosa que sale mucho de labios de la gente y cuyo sentido nunca me ha sido inteligible del todo se lo soltó la chica que ahora evoco al camarero, Richard: Estoy feliz anunció, porque acabo de encontrar un trabajo. Si no hago nada, me aburro El pensamiento me recordó a lo que mi amigo Hans Caldaras, residente en Estocolmo, me comentó un día a propósito de los suecos: Si te preguntan lo que has hecho hoy y les respondes que nada, te inquieren con extrañeza: ¿Y eso? ¿Estás enfermo? ¿Te encuentras mal? Por descontado que respiras más sano que una pera de agua dulce, incluso enfibrado por una salud parece ser que desconocida e inconcebible por los autores de semejante pregunta. Se puede ser y, de hecho, se es feliz entregado a ocupaciones para nada ligadas al trabajo, salvo por su inversa superposición ontológica al mismo. Por ejemplo, haciendo tertulia, tarea siempre de ociosos, reunión de gente sin horario y agrupada bajo la denominación a me- TRINIDAD DE LEÓN- SOTELO PERIODISTA CUANDO EL AMOR MERECE SU NOMBRE L amor pierde su nombre no por una ruptura, por un adiós. La verdadera despedida llega con el olvido, cuando surge una pregunta atroz, ¿cómo pude amar a una persona así? y no hay interés ni en hallar la respuesta. Es entonces cuando de una relación no queda nada, absolutamente nada. Pero, en un día como hoy, en el que a pesar de que haya tanto de comercial, existen seres que lo viven con entusiasmo, quizá no venga mal rememorar una historia de amor en la que hubo tanta pasión y tantas leyes transgredidas, que los enamorados se vieron obligados a la separación, aunque nunca el alma de uno escapó de la del otro. La historia está en los libros. El amor- -no me gusta adornarlo con calificativos, existe o no y sanseacabó- entre el escritor rumano Mircea Iliade (1907- 1986) y la hindú Maitreyi Devi (1914- 1990) -también llamada Amrita- -amiga y discípula de Rabindranath Tagore, que, por cierto, escribió el prólogo del primer libro de la joven. El muchacho, 23 años, era un licenciado en filosofía, que decidió ampliar sus estudios de filosofía oriental con E el más prestigioso de los maestros de Bengala, Narendra Sen, que resultó ser el padre de Maitreyi, que tenía 16 años. El profesor invitó al alumno- -Iliade perteneció a la generación de Ionesco y Cioran- -a residir en su hogar: no era imaginable que sucediera algo considerado absurdo. Pero dos seres de culturas radicalmente diferentes fueron tocados por la gracia y la agonía del amor. Mircea, lejos ya de la India, en 1933, publicó Maytreyi libro también conocido como La noche bengalí La dedicatoria dice así: ¿Te acuerdas de mí, Maitreyi? Y si te acuerdas, ¿podrás perdonarme algún día? Durante años, ella se negó a leer aquéllas páginas que, según su padre, habían llevado a su autor a la cárcel por pornografía. Cuando, por fin, lo leyó decidió escribir otro para responder a quien la había traicionado dejándola sin honor al narrar asuntos íntimos. Así nació Mircea. Una historia de amor que tampoco carece de dedicatoria: Una ofrenda en el templo de Mahakala La atracción del autor de Historia de las religiones por la muchacha se inicia cuando, sentada la familia a la mesa, él estira sus pies para tocar los de Amrati que, ni que decir tiene, quedó espantada Pero ese fue el primer paso en el camino- -tan antiguo- -que dio comienzo a una pasión de vértigo, condenada a la oscuridad. El fuego y el secreto abrasaron a los dos. Los padres de la joven ignoraban lo que sucedía hasta que un buen día una hermana menor de la enamorada, tenía sólo 11 años, reveló lo oculto. De inmediato, Mircea fue expulsado de la casa y la novia hubo de pasar el calvario de la cólera paterna- -amenaza al joven rumano con ser expulsado de la India- de la furia atroz de un hombre que, según su hija, jamás se ha servido ni un vaso de agua Estremecida de terror le dice a su madre que sólo ha sido besada en la frente. En cuanto a la figura paterna, un desafío: No olvidaré, tú no tienes ningún control sobre mi mente Sen se dirige a la biblioteca de Amnrati y tritura la primera página de cuantos libros tienen en la primera página el nombre de los deshauciados. Sólo, según cuenta la protagonista, se salva uno, La vida de Goethe porque la página ha quedado pegada a la cubierta. Es el único recuerdo que me queda de él dice, mi padre puede Pero dos seres de culturas radicalmente diferentes fueron tocados por la gracia y la agonía del amor quemar a los seres humanos, pero en cuanto a los libros, sólo unas cuantas páginas con nombres ya irreconocibles caen por la ventana Era el 18 de septiembre de 1930, cuando a Maytreyi le crujen los huesos, le palpita el corazón y siente la desazón de no saber la ruta que va a elegir Mircea. No se da por vencida, husmea los pasos de él, pero él no responde ni a misivas, ni a llamadas telefónicas. Sucede que el escritor, asfixiado por el dolor se convierte en un samnyasi en el hindú que renuncia a todo y se adentra en soledad en los bosques. Mircea recuerda que una vez que intentó besar a la muchacha comprendió que no era un beso robado, pues sus labios se abrían para sorberme, sus dientes querían morderme, la crispación de su cuerpo no era abandono, sino coincidencia con mi deseo y mi sangre Maytreyi, por su parte, no podía olvidar porque temía que un amor desperdiciado rompiese la armonía del mundo. Era consciente de haber conocido la gloria de un amor supremo, de un amor que no muere cuando muere el cuerpo, de un amor que se transformó en adoración, un amor que escupía fuego Hay que decir aquí que amor en sánscrito es aquel de quien la separación resulta insoportable Maytreyi en los cincuenta viaja a Europa con su marido y sus dos hijos, pero no logra contactar con un huidizo Mircea. Él se dice: Basta ya, Señor, ¿por qué no se apaga esta llama absurda y estéril Ella, por su parte, confiesa que de mis 56 años he vivido de verdad, seis o siete, el resto han sido repeticiones ¿Un drama? Por supuesto. Y sin embargo, ¡ay de quien pase por la vida sin conocerlo!