Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MARTES 14 2 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA NO SIN LAS VÍCTIMAS I ETA declara una tregua que casi todo el mundo da por inminente, nadie podrá reprochar a Zapatero que explore una oportunidad para la paz. Es más, si no lo hiciera incumpliría su obligación, por más que sea evidente que lleva tiempo haciendoguiños a los terroristas en una política claudicante que, lejos de fortalecer al Estado, lo debilita ante cualquier hipótesis negociadora. El presidente ha puesto el carro delante de los bueyes al tender puentes a los batasunos para que crucen a la legalidad, y en su afán por abrir vías de diálogo puede que haya abaratado el precio dela pacificación hastadejarlo en un saldo de fin de temporada. Pero aun así, en un escenario de alto el fuego, está obligado a neIGNACIO gociary lo que la democraCAMACHO cia tendría que discutir enese caso serían las condiciones y los límites ante los que el Estado no puede ceder. El principal de ellos lo determina la dignidad de las víctimas. Quienes han sufrido de manera más directa el dolor de la violencia terrorista no pueden quedar como los perdedores de un acuerdo que, cualquiera que sea su naturaleza, va a lesionar de algún modo su derecho a la justicia. Las víctimas, que han sido durante todos estos años el sostén moral de la lucha contra la barbarie, que han aportado a la sociedad española la cohesión imprescindible para no desfallecer en el esfuerzo, que han resistido con generosidad infinita la presión implacable de los verdugos, son la clave última y el filtro de integridad de cualquier clase de solución al conflicto vasco, el banco de pruebas que determinará si se acaba tratando de una victoria, de una rendición o de un armisticio. Cualquier acuerdo que orille su honorabilidad y pisotee su derecho a una reparación justa será un oprobio inaceptable. Eso no se compra con dinero, como sugería ayer Pepiño Blanco al blandir los listados de ayudas gubernamentales. Sólo faltaría. Estamos hablando de mártires, no de un consorcio de seguros. La anuencia de las víctimas a un eventual proceso de negociación sólo puede conseguirse con cariño, con grandeza de miras, con consenso social y con desprendimiento político. Y de todo eso falta en estos momentos en que la ansiedad del Gobierno está saltando desaprensivamente por encima de los sentimientos. Con los deudos de los muertos no vale el argumento de que se están dejando instrumentalizar por el PP, entre otras cosas porque si algo hay en ello de verdad es porque el presidente les ha dado de lado. Zapatero no ha tenido siquiera el coraje de presentarse en el Congreso de Valencia a recibir un abucheo. Y con actitudes como ésa se está dejando suelto el cabo principal, que quizá no pueda atar si lo posterga al final del proceso. Detrás de las víctimas está el dolor de la sociedad española, la memoria de los años de plomo, el ADN moral de la sangre derramada. El presidente tiene que legitimar su política en esa fuente de decencia porque si no lo más que logrará es cerrar una herida a costa de abrir otra en la carne más sufrida de los inocentes. S NUEVO ROSTRO EN EL VATICANO ERÍA un error de cálculo que La Moncloa creyera enviar a Francisco Vázquez al Vaticano sólo para tapar unas vías de agua: ése es un caso manifiesto de personalidad que ha de implicar una cierta rectificación de contenidos. Es un dato positivo y razonable que ya hay quien circunda de turbulencias: pronto se verá. En el pasado, lo que España decía y hacía en el Vaticano contó mucho para todo el mundo, aunque todo eso ya no se estudia en el Bachillerato, si es que se estudia en algún lugar. La etapa de desentendimientos por causa del actual activismo laicista contrasta con muchas de las páginas escritas en otro tiempo. Al ex alcalde de La Coruña, galaico y de mucha mano izquierda, se le abren los jardines vaticanos, las cúpulas de la magnificencia papal, los matices de una diplomacia de dos mil años, el poder y la gloria de un imperio sin misiles ni marina de guerra. VALENTÍ En una bella página de la historia PUIG de la diplomacia española, Ochoa Brun evoca la Roma papal en tiempos de los Reyes Católicos, cuando- -dice- -los pinceles del Renacimiento estaban dando un color nuevo a las antiguas salas, cuando los arquitectos rehacían la basílica constantiniana y los vetustos muros del castillo Sant Angelo eran lugar y cobijo de conversaciones políticas, nido de discordias, eco de susurros diplomáticos, en medio del son de apagadas pisadas, de revuelo de vestiduras litúrgicas, relumbre de púrpuras, canto de letanías, luz de cirios y aroma de incienso Ahí llega el nuevo embajador de España, y no poco todavía es lo mismo aunque la Roma de Berlusconi sea un fragor imparable de teléfonos móviles y la Iglesia del Papa Ratzinger tenga desafíos antes impensables. Llega Vázquez tantos años después de que Velázquez retratase a Inocencio X y a su barbero, asomándose al alma sensual de Roma desde el jardín de la Villa Medicis. Será de ver lo mucho que va a cundirle S a Francisco Vázquez la mejor complicidad cardenalicia. En la Roma de siempre el viajero no deja de detectar una huella de España. Para eso cuentan los siglos, al cabo de cruzadas, embrollos dinásticos, fervores y saqueos. Esa Roma de siempre, con Benedicto XVI en la cresta de la ola, está por la labor de atajar tanto relativismo y reconvertir el laicismo en laicidad. Desde Madrid, la tentación fácil hubiese sido enviar otro pseudo- teólogo ateo. La reunificación italiana pilló a la diplomacia española en un instante de incertidumbres. Aquello coincidía inicialmente con Isabel II, luego con la Revolución de Septiembre y con la búsqueda de un candidato al trono de España por las cortes de más de media Europa. Jesús Pabón escribió una pequeña joya sobre aquel episodio, no de fácil comprensión, más complicado que complejo. Finalmente, las tropas de Víctor Manuel entraron en Roma. Había coincidido la peregrinación en busca de un rey para España con la necesidad una capital para Italia. Tiempos hoy remotos: la soberanía temporal del Papado es cosa ya de museo y de lo que se trata es de negociar libertad religiosa con China y contemporizar con el mundo musulmán. Definitivamente sin el ejército que Stalin le echaba en falta, el Vaticano lucha por su territorio espiritual en los late- shows y en las bitácoras del ciberespacio. Pabón comenta que al católico español, en 1870, se le dio por insoluble la cuestión romana se quedó en el planteamiento inicial y único que conoció. Sin saber de las largas conversaciones posteriores entre la Santa Sede y el Reino de Italia, luego fue sorprendido por los pactos de Letrán. Estaba esperando otra cosa. En casa le faltaban nada menos que Amadeo de Saboya y la Primera República. Ahora queda por saber si la España de Zapatero tardará en entender la Roma de Benedicto XVI como tardó aquella España en entender la cuestión romana con la reunificación de Italia. vpuig abc. es