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56 Los domingos DOMINGO 12 2 2006 ABC EL FUTURO DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS Elías Royón sias locales, dentro de un esfuerzo compartido por vivir y favorecer la comunión eclesial entre los diferentes carismas Junto a la ansiada colaboración con los laicos, Augusto Hortal destaca el horizonte apostólico universal de la Compañía de Jesús, que ofrece un doble reto igualmetne importante: tomar distancia de los particularismos estrechos y contribuir muy decididamente a estar insertos en las iglesias locales en las que trabajamos. Tenemos las mismas deficiencias y miserias que cualquier grupo de hombres señala el padre Occhetta, para quien las prioridades de presente y de futuro de la Compañía pasan por el apostolado intelectual en las universidades, escuelas, centros de investigación y educación popular, el trabajo en el continente africano, y el problema de los refugiados políticos y de la inmigración Salvadoreños cargan una cruz con la imagen de monseñor Romero en la vigilia por el aniversario del asesinato de seis jesuitas (Viene de la página anterior) EFE En cuanto a la convocatoria de la Congregación General y la renuncia de Kolvenbach, los consultados destacan la labor del general y la necesidad de nuevas fórmulas de futuro. Así, el padre Uríbarri considera que desde 1995 (fecha de la última reunión) han surgido nuevos retos apostólicos como la puesta en marcha de estructuras supraprovinciales de gobierno- -se han unificado las provincias de Castilla y Toledo, como primer paso para una eventual unión de todas las provincias de España- -a las que la Compañía no está habituada, y conviene clarificar sus competencias Del mismo modo, el profesor abunda en la colaboración de los laicos, apuesta sobre la que conviene reflexionar para ver el mejor modo de caminar hacia el futuro ción General, en su opinión, se debe a los rápidos cambios tanto a nivel cultural como social que imponen un aggiornamiento en nuestra manera de entender y de estar en el mundo Para el padre Hortal, hay temas de cierto calado que requieren que se aborden por parte del órgano supremo de la Compañía como la nueva evangelización, el diálogo interreligioso, la promoción de la justicia, la paz, las migraciones, los refugiados así como la necesidad de una más estrecha colaboración con los laicos en una misión compartida Respecto al cese de Kolvenbach, el religioso observa que el final de los dos últimos generalatos Uríbarri: La renuncia de Kolvenbach es una señal de confianza del Papa, que ha estimado conveniente un relevo fue anómalo por razones diferenes, y se desea vivir sin traumas el tránsito al siguiente sine sperar a que sea el deterioro en la edad el que tome las decisiones Finalmente, los jesuitas abordan los retos de futuro. Para el padre Uríbarri, son tres: Aprovechar más creativa y audazmente el carácter universal de la Compañía para responder a los retos globales de nuestro tiempo; dinamizar internamente la red de estructuras apostólicas existentes (identidad, colaboración con laicos en la misión) para fortalecer más su dimensión evangelizadora; y mejorar la coordinación de las aportaciones de la Compañía al apostolado con las demandas de las igle- De Arrupe a Kolvenbach J. V. BOO. CORRESPONSAL EN ROMA Aquel 13 de septiembre de 1983, cuando sus hermanos le eligieron prepósito general, Peter Hans Kolvenbach era consciente de que no emprendía un camino de rosas sino de espinas. Aunque buena parte del golpe de timón lo habían dado los dos jesuitas italianos- -Paolo Dezza y Giuseppe Pittau- -que Juan Pablo II nombró administradores en 1981, la Compañía de Jesús era como un buque de gran tonelaje: pasa mucho tiempo desde que se da la orden de virar hasta que, por fin, se ve ya el cambio de rumbo. Kolvenbach asumió la tarea de completarlo con dulzura, de resolver poco a poco los conflictos con el Vaticano sin abrir otros dentro de la Compañía. El sobrio jesuita holandés empezó a trabajar en condiciones poco envidiables. La intervención papal de la Orden Relevo en plenas facultades Uríbarri observa la renuncia de Kolvenbach como una señal de confianza del Papa, que ha estimado conveniente un relevo así como a la edad del general- -en 2008 cumplirá 80 años, 25 de ellos al frente de la Compañía- Es muy conveniente- -apunta- -que se dé un relevo en el generalato estando el general en plenas facultades, para evitar un mecanismo complejo de sustitución como ocurriera en el caso de Arrupe, quien en 1981 sufriera una trombosis cerebral. Occhetta, en cambio, opina que la renuncia del general no se interpreta y valora el mandato de Kolvenbach como unos años importantes, en los que ha sabido continuar la senda que el padre Arrupe inició para la Compañía La convocatoria de la Congregahabía mostrado al mundo la desconfianza del Vaticano, y Kolvenbach era el primer prepósito que asumía el cargo en vida del precedente, el padre Arrupe, imposibilitado en 1981 por una trombosis cerebral que le impedía expresarse y, por tanto, dar los consejos prácticos que tanto necesitaba su sucesor. Kolvenbach asumió la tarea con humildad, pidiendo ayuda a quienes podían suplir su falta de experiencia romana, y preparando el terreno para convocar, en cuanto fuese posible, una Congregación General, la numero 34, que tuvo lugar en 1995 y abordo en profundidad su misión en el mundo. A diferencia de un barco, que se lleva al dique seco cuando hay que hacer reparaciones en el casco, el cambio de cuadernas rotas en la Compañía tuvo que hacerse en plena navegación, y aún no esta terminado. Al padre Kolvenbach no le sorprendieron las dificultades ni tampoco algunas críticas. En su carta del 2001 a todos los jesuitas con motivo del décimo aniversario del fallecimiento de su predecesor, Kolvenbach señalaba que el padre Arrupe fue signo de contradicción. Fue incomprendido o mal comprendido tanto en la Compañía como fuera de ella El énfasis en la vuelta a la pobreza desde el 2003 y el año jubilar jesuita del 2006 ayudaran a preparar la Congregación General del 2008, que elegira su sucesor. En una Orden de más de cuatro siglos, los plazos son largos. El padre Dezza protagonizó la operación quirúrgica. El padre Kolvenbach, el postoperatorio y la convalecencia. Su sucesor debería ocuparse, por fin, de la vuelta al trabajo normal.