Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 12 2 2006 35 Madrid Casi cien mil personas recibieron asistencia jurídica gratuita en la Comunidad en 2005 Un año después, siguen sin aclararse las causas del incendio que devoró el Windsor El juez sólo ha podido determinar que fue fortuito y ha descartado responsabilidades penales b El informe de la Policía Científi- ca no encuentra una relación causal entre un cigarrillo encendido y el siniestro. Los fantasmas eran de carne y hueso CARLOS HIDALGO MADRID. Sábado, 12 de febrero de 2005. Media ciudad se va a la cama con las imágenes en la retina de la panda de vándalos que volvió a protagonizar una batalla campal en Malasaña; también, dos personas acababan de perder la vida en sendos siniestros por gas y un incendio; el Festival de Berlín dejaba sin premio a la mejor película extranjera a La mala educación de Almodóvar; España iba preparando su tímido sí a la Constitución Europea; ARCO volvía a revolucionar el mundo del arte, y el Barça goleaba con cuatro goles a uno al Zaragoza en La Romareda. La otra mitad de la ciudad, la que salió a vivir la noche como cada fin de semana o se quedó despierta ante el televisor, sumaría otra imagen, mucho más impactante y que jamás olvidaría: la de la inmensa Torre Windsor, de 106 metros de altura, devorada por las llamas. Era el fin de un emblema del Madrid moderno y el comienzo de un mito, el de un siniestro que, a fecha de hoy, cuando se cumple justamente un año, nadie ha sabido dar una respuesta concreta a sus causas. Horas antes, a las cuatro de la tarde, la responsable de Riesgos Internos de la consultora Deloitte S. L. -firma que ocupaba 20 de las 28 plantas del inmueble- Eva R. M. llega a su despacho, el número 2109, en la planta 21. Permanece en él trabajando e intercala varios cigarrillos en su quehacer, que va apagando en el cenicero que hay sobre su mesa. A las diez y media de la noche enciende el quinto y último. Cuando lo termina, lo apaga. Una de las posibilidades que manejaba el in- forme de la Policía Científica es que la colilla, después de que la mujer creyera que lo había apagado completamente en el cenicero, fuera a parar a una papelera, según las fuentes consultadas. De cualquier modo, esto es sólo una hipótesis de trabajo, y no ninguna afirmación. Eva nunca dijo que eso ocurriera; lo que sí expresó es que vio a un desconocido, aunque sin precisar a qué hora, hacer fotocopias en la misma planta. La chica abandonó el Windsor a las once de la noche. Pasan los minutos. Pocos. Y, de pronto, el infarto. ¡Suena la alarma! ¿Qué es lo que está pasando? se dijo a sí mismo Roberto Gil Marín, el vigilante de seguridad que se encontraba en la sala de control del edificio, en el sótano primero. El reloj marca exactamente las 23.08.50 horas. Lo mismo que se le acababa de pasar por la mente fue lo que le comunicó, vía radio, a su compañero Yago Estrada, que fue quien acudió al cuarto de ordenadores, también en el sótano. Allí pudo comprobar que la alarma provenía del piso 21. Estrada tomó uno de los ascensores y subió hasta el mencionado piso. Sin necesidad de abrir la puerta, se percató de lo que estaba ocurriendo en el despacho 2109; las llamas alcanzaban el medio metro de altura, indica el auto judicial. Sonaron dos explosiones, y fue entonces cuando llamó a sus compañeros. Acto seguido, volvió a bajar a la planta baja y cogió una copia de la llave que abría el despacho; mientras, otro vigilante, Javier López Campillo, y uno de los miembros del equipo de mantenimiento del edificio, Rafael Díaz, intentaron abrir la puerta del despacho en llamas. Antes de que lo consiguieran, aparece Estrada con la llave y, al abrir, una ráfaga de llamas y humo se hizo presente. Es entonces cuando Rafael Díaz utiliza un extintor, aunque la marea de humo le obligó a desistir. Ante tal situa- Los bomberos, cuando ya había amanecido, en las labores de extinción MIGUEL BERROCAL (Pasa a la página siguiente)