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ABC DOMINGO 12 2 2006 Nacional LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO 17 Gregorio Peces- Barba Alto Comisionado de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo Le empujé a formar parte del Constitucional Desde aquel día horrible, PecesBarba cierra por dentro la puerta de su despacho en la facultad. Matar siempre es terrible, pero hacerlo dentro de la universidad es como profanar una iglesia laica reflexiona este hombre cuando recuerda el asesinato de su amigo y compañero de tantos años. Fue un mazazo reconoce, porque además yo le empujé a dejar la cátedra en Salamanca para que se incorporara al primer Tribunal Constitucional Soy un historiador del derecho, no un jurista positivo se excusaba Tomás y Valiente ante Peces- Barba. Eres un jurista de calado le insistía éste a quien años más tarde ocuparía la presidencia del Tribunal durante dos mandatos consecutivos. Ambos mantenían una fluida comunicación científica y coincidían en su preocupación por el impulso de los nacionalismos en la España de los noventa. Tomás y Valiente tenía claro- -y en eso también tenían un punto de vista común- -que la definición de España debía ser la de una nación de naciones y regiones que la única nación soberana era España y el resto, naciones culturales Discreparon, sin embargo, en torno a la validez de la fórmula empleada en 1989 por los diputados electos de Batasuna para prometer por imperativo legal su cargo en el Congreso. Preparé un informe contrario y Paco me avisó de que el TC daría la razón a Batasuna Y así fue. los pasillos. El profesor Díaz corrió al encuentro de Tomás y Valiente pero sólo pudo ver ya una imagen terrible El sabor que le queda del ex presidente del Tribunal Constitucional es bien distinto: Era de esas personas que no olvidas. Han pasado diez años y aún veo cómo entraba por esa puerta y me decía ¡ilustre! Le describe como un hombre alegre y abierto- nos invitábamos mutuamente para animar y darle picante a las cenas que iban a ser aburridas pero con carácter- conversador y polemista, sólo se le podía convencer con argumentos sólidos Era un hombre de libros y palabras; un intelectual con sentido político y de Estado Elías Díaz tiene la certeza de saber qué era aquello tan importante de lo que Tomás y Valiente quería hablarle. Habían dejado a medias una acalorada conversación sobre el declive del gobierno de Felipe González como consecuencia de la corrupción y los GAL. Su amigo sufría con eso, pues era un hombre de principios y lo que más le costaba digerir era que el gobierno socialista al que tanto había admirado hubiera practicado terrorismo de Estado. Por ello era consciente de que se acercaba el fin de la etapa González, algo que ocurrió en las elecciones celebradas 18 días después de que lo asesinaran Balbino Pascual Ordenanza del Tribunal Constitucional Me regaló un abeto y lo planté en el Tribunal Pronto se cumplirán veinte años desde que Balbino Pascual entró como ordenanza en el Tribunal Constitucional y cuando habla de Francisco Tomás y Valiente no puede disimular que para él fue algo más que un miembro de esa casa. De memoria recita los decretos de nombramiento y cese del magistrado y presidente y advierte cómo los números vuelven a jugar con las circunstancias de la vida: un 14 de febrero llegó Tomás y Valiente al Tribunal y un 14 de febrero, dieciséis años después, un asesino vil se lo llevó. No se merecía lo que le hicieron afirma Balbino, pues era una persona siempre interesada por los problemas de los empleados del Tribunal. Un fuera de serie, un hombre sencillo y valiente Balbino, cuya esposa trabaja en la finca donde aún reside la viuda de Tomás y Valiente, le avisó en una ocasión de que alguien extraño merodeaba por la zona. Pero él no tenía miedo. Llegaba, dejaba a los escoltas y se iba a caminar. Le gustaban mucho el campo y la naturaleza Un árbol guarda en secreto su memoria en el Tribunal: Un día me dio un abeto que le regalaron por Navidad y lo planté allí. No vea cómo se ha puesto NIEVES COLLI Manos pintadas de blanco contra el asesinato del catedrático ABC Tras el asesinato, en la universidad vasca unos decidieron suspender toda oposición activa a ETA; otros, lo contrario Los universitarios se tiñeron las manos de blanco en contraste con las sanguinarias de los asesinos Tomás y Valiente estaba preocupado por la seguridad de algunos amigos, como Savater, pero poco por la suya ETA inauguró 1996 matando el 6 de febrero a Fernando Múgica, y a Tomás y Valiente ocho días después de la víctima. Los compañeros de Tomás y Valiente se movilizaron de forma ejemplar. El sentimiento habitual de horrorizada impotencia fue transformado, con organizada espontaneidad, en una protesta simbólica llena de fuerza. Los universitarios se tiñeron las manos de blanco y las alzaron para mostrar su contraste con las sanguinarias de los asesinos. El icono unió a cientos de miles de manifestantes, y de allí surgió el colectivo cívico Manos Blancas, dedicado a mantener viva la memoria de esa jornada irrepetible. ETA recibió una respuesta que no esperaba. La calle se llenó de gente, sí, pero para exigir el fin incondicional del terrorismo, anticipando las manifestaciones por Miguel Ángel Blanco del año siguiente. Tomás y Valiente perdió la vida, pero ganó la partida de la decencia y la lucidez. No vendrá mal traer aquí un fragmento de un artículo suyo póstumo: La primera tentación contra el Estado es el olvido de su legitimidad y de sus límites La segunda tentación consiste en la fragmentación interna de las fuerzas políticas demócratas en su necesario frente común, desde el Estado, contra los criminales del terror. Se había avanzado mucho en este camino: en poco tiempo se ha desandado casi todo el trecho recorrido ¿No conservan estas palabras una actualidad impresionante? Elías Díaz Catedrático de Filosofía del Derecho Un intelectual con sentido político y de Estado Tenemos que hablar, tenemos que hablar le insistió Francisco Tomás y Valiente a su gran amigo y compañero de cátedra Elías Días. Ambos hablaban por teléfono. El primero, desde el despacho 96 de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid; el segundo, cosas de la cabalística, desde el número 69, el mismo que aún ocupa. Era 14 de febrero de 1996. Ahora paso a verte dijo Díaz. Pero no hubo respuesta. Paco, Paco... Al silencio siguió un ruido seco, como un golpe. Paco, Paco... En ningún momento pensé que se tratara de un disparo recuerda Elías Díaz, capaz pese al tiempo transcurrido de reconstruir con precisión cada uno de esos últimos minutos. La sensación de que algo grave había ocurrido llegó instantes después, cuando escuchó el pánico en