Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
100 Los sábados de ABC SÁBADO 11 2 2006 ABC EL LEGADO DE MARÍA ANTONIETA La casita del Labrador, en Aranjuez, como la Aldea que se construyó en el Trianon (Viene de la página anterior) Casita de la Vieja en el Capricho, Madrid, una follies de la duquesa de Osuna de moda el vestido- camisa, de algodón, inspirado en los trajes que utilizan las mujeres de las colonias americanas y que, cosas del destino, será el traje por excelencia de las mujeres postrevolucionarias. Ella los lleva con la pamela de paja, chal y escarpines de seda y tacón ¿Les suena? El vestido- camisa fue muy criticado por su sencillez, porque restaba majestad a los trajes de la Corte, porque era medio transparente, porque prescindía del corsé y dejaba el cuerpo libre. Su modista, Madame Bertin, que interpretaba a la perfección todos sus gustos, fue la primera mujer que pudo diseñar, con gran éxito y hasta casi con un club de fans que seguían los dictados de su moda. Es la primera que abre un taller en el Faubourg y con ella cambia el papel de diseñador, de artesano de la moda a artista, en un concepto muy de hoy día. como les llaman los ingleses, que equivalen a lo que franceses y españoles llaman anglochinos, pues se ponen de moda las chinoisseries La Reina encarga a dos paisajistas y a un pintor el diseño de su nuevo jardin en Versalles, a la última moda, con caminos ondulados, riachuelos, lomas. Volvemos a la Arcadia y a las ruinas clásicas, a Virgilio y a Homero; todo se llena de follies caprichitos, ruinas de ermitas o de un templo griego: cabe cualquier cosa. Se levanta el templo del Amor en el Trianon, y a imitación suya, toda la nobleza de europa llena sus jardines con templetes: el de Aranjuez o el del Capricho, hecho por Villanueva, todos quieren su templete del Amor. Junto a él, en Versalles, se construye el Hammeau o la aldea, un pueblecito dentro del jardín, con pastorcillos y pabellones. Uno era la lechería, otro el ayuntamiento. La Corte iba allí y cada uno se adjudicaba un papel y se ponía a jugar. En España esto lo imitan las duquesas de Alba y de Osuna. Las dos son cultas, con casa en París, al tanto de todas las modas. Se construyen sus templos, sus granjas y lecherías, la de Alba en la Moncloa y la de Osuna en El Capricho. Las dos son primas y se llevan muy bien. Compiten en bailes y saraos, pero con la versión más española de los majos. Como se pone de moda la vuelta al campo, para entretenerse se levantan pequeños parques temáticos en sus jardines. En el Capricho, la duquesa de Osuna se levanta la Casita de la Vieja, el embarcadero o la ermita, todas decoradas con pinturas al fresco y autómatas. En Aranjuez se construye la Casita del Labrador; en el Retiro, la Casa del Pobre y la Vaquería (actual Casa de Vacas) mientras que en Moncloa había Su vestido- camisa de algodón, tan cómodo, sería el traje- -ironías de la historia- -de las postrevolucionarias una Lechería que fue, en su momento, la Bodeguilla de Felipe González. La moda sobre todo Amelia Descalzo, conservadora del Museo del Traje, evoca a la Reina como una mujer preocupada enormemente por su imagen y al tanto de todas las innovaciones de la época. María Antonieta pone La última biografía de la Reina Sèvres del XVIII, de Portuondo. Cómoda de la época victoriana Bien a su pesar, la historia de María Antonieta es tan apasionante como la más apasionante de las novelas. Su vida tiene de todo, sobre un telón de fondo realmente decisivo para Europa. Catalina de Habsburgo- Lorena, archiduquesa de Austria, ha querido acercarse a la biografía y circunstancias de una antepasada sobre la que han corrido todo tipo de bulos y malentendidos. Aunque Catalina de Habsburgo- Lorena no ha querido realizar ninguna hagiografía, sino acercarse de verdad a una Reina de sino trágico. Autora de otros libros destacados, en María Antonieta (La Esfera de los Libros) Catalina de Habsburgo- Lorena recorre la trayectoria de la Soberana desde aquel 1770 en que una jovencísima María Antonieta dejó Viena camino de Versalles, para casarse con el bondadoso y débil Luis Augusto de Borbón, el delfín de Francia. Empezaba una trayectoria que terminaría en un cadalso ensangrentado.