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ABC SÁBADO 11 2 2006 97 Los sábados ENTREVISTA LA DEPRESIÓN ES UN MAL MUY PELIGROSO. LA CONOCE BIEN EL DOCTOR de GASTRONOMÍA TECNOLOGÍA EL MÓVIL PUEDE CONVERTIRSE EN GUÍA TURÍSTICO DE PRIMER ORDEN, ENTRE OTRAS OPCIONES EL CERDO MANGALICA ES UNA JOYA HÚNGARA, HOY ESPAÑOLA. PETER D. KRAMER SU JAMÓN TAMBIÉN ES UN LUJO Inspiradora de tendencias, todavía seguimos los dictados de la Reina francesa. ¿Pruebas? Las mules y pashminas. Las camisas blancas de algodón, inevitables en todo fondo de armario que se precie. Las pamelas de paja. Un popurrí de pétalos de flores en casa. Los muebles ligeros... La sombra de María Antonieta, rodeada de leyendas, nos acompaña El legado de María Antonieta Brazalete de oro del XVIII francés con medallón de esmalte. Es de Bárcena TEXTO: PATRICIA ESPINOSA DE LOS MONTEROS FOTOS: SIGEFREDO ndo se estrene, en noviembre, la película de Sofia Coppola basada en la vida de María Antonieta, las miradas se volverán hacia una época y hacia una mujer sobre la que estamos muy mal informados. De momento, ya Galliano, en una de sus últimas colecciones, ha hecho desfilar a sus modelos con toda la pompa del reinado de Luis XVI. Pero no se trata de que, por una última orden de esta Reina, Cua volvamos a llevar el pelo empolvado, sino de reconocer su permanente influencia. María Antonieta tenía verdaderas pasiones. Adoraba a los niños. La belleza. Los trapos, desde luego, pero también la música de Gluck, su maestro (ella tocaba el arpa) y de Mozart. Le encantaba actuar en el teatro. Se perdía por el chocolate y se trajo de Austria, su patria, las famosas galletas y los petit fours Le Adoraba la belleza, la moda, la diversión. Apoyó a Gluck, su maestro, y a Mozart gustaban los perfumes naturales y, a pesar de la leyenda, no le interesaban las joyas. Organizaba juegos de cartas y de backgammon sin parar, y se escapaba a los bailes de máscaras, incluso a los más populares. Le horrorizaba la política y no entendía de economía, pe- ro era lectora de Rousseau y de Voltaire. Puede parecernos ligera, pero hay que tener en cuenta que tenía catorce años cuando llegó a Francia, sin apenas estudios, tras una niñez muy li (Pasa a la página siguiente)