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58 SÁBADO 11 2 2006 ABC Cultura y espectáculos Fallece a los 85 años Juan Soriano, maestro esencial del arte mexicano del siglo XX El artista obtuvo el año pasado el premio Velázquez, que recibió de manos del Rey b Soriano murió ayer, a los 85 años, en Ciudad de México a causa de un paro cardiaco en el hospital donde ingresó a finales de enero a causa de una neumonía JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. Juan Francisco Rodríguez Montoya, conocido desde adolescente como Juan Soriano, por el segundo apellido de su padre, un genio primordial dibujante, pintor, escultor, ceramista, escenógrafo, decorador, gran maestro en el arte de vivir en cuarentena, libre, que trabajó, durante toda su vida, como puente entre las culturas mexicanas y españolas, americanas y europeas, murió ayer en México. Nació en Guadalajara, Jalisco, y quizá sufrió desde muy niño una sensibilidad artística y sensual muy viva, rodeado de mujeres muy enérgicas. Descubrió la pintura europea a través de las estampas y libros de algunos amigos de la familia. Y pronto supo que lo suyo era el arte, en las más variadas manifestaciones, desde vestir muñecas a adorar la gran pintura clásica. Antes de viajar a México, siguiendo a su hermana Marta, a los quince años, ya había comenzado a exponer a intentar buscar su atormentado camino. En México estudia y llega a ser maestro de dibujo. A finales de los años treinta, Soriano estudia, vive, se enamora, pinta, trabaja, enseña, expone y debuta como escenógrafo de obras de Maeterlinch y Bernard Shaw. A finales de los años treinta, Soriano conoce a Octavio Paz, que será el primero de sus grandes críticos, y viaja a California. De vuelta a México, da clases del dibujo. Entre el fin de la guerra civil y el estallido de la segunda guerra mundial, Soriano vive experiencias decisivas. Él ya sabe que lo suyo no serán las vanguardias europeas. La llegada a México de los desterrados españoles tendrá para Soriano una importancia capital. Juan Soriano, en París en 2005, tras conocerse que le habían concedido el premio Velázquez EFE Sin la muerte nada tendría valor M. M. CASCANTE CORRESPONSAL CIUDAD DE MÉXICO. Los restos mortales de Juan Soriano eran trasladados ayer a una funeraria de la capital mexicana para ser velados. Hoy se abrirá la capilla ardiente en el Palacio de Bellas Artes. Antes de su muerte, el Gobierno español tenía previsto condecorar al artista, en reconocimiento a su relevante trayectoria, con la Encomienda de la Orden de Isabel la Católica, según anunció la embajadora en México, Cristina Barrios. El escultor Paco de la Peña, quien mantenía una estrecha rela- Amigo de Gaya y Zambrano Soriano hablaba con devoción de María Zambrano y de Ramón Gaya, que fueron sus amigos fraternales. Con ambos volvió a cruzarse en Roma. Los tres compartían un rechazo sensible hacia lo moderno y lo contemporáneo y un respeto capital hacia lo sagrado, que cada uno asumió de muy distinta manera. Soriano siguió viajando (Nueva York) e incluso llegaría a vivir varios años en Roma y París. Cada viaje, cada encuentro, fue para Soriano la revelación de un nuevo mundo. Atenas, Roma, París, Madrid... distintos mundos donde Soriano se instalaba, miraba, trabajaba, absorbía, pa- ción con Soriano desde hacía treinta años, mostraba su consternación por el fallecimiento de su maestro y amigo, un hombre lleno de experiencias, sobre todo en la creación del arte De la Peña consideraba a Soriano como un genio de la pintura tapatía. La experiencia estética de su trabajo fue rica para mi alma y espíritu. Sin duda fue todo un alimento En su día, Octavio Paz se refirió al artista reconociendo que pocos pintores mexicanos provocan en mí la diversidad de respuestas que la obra a un tiempo cambiante y fiel a sí misma de Juan Soriano Del mismo modo, Carlos Monsiváis escribió un perfil sobre Soriano, empleando palabras del propio pintor: Sin la muerte nada tendría valor: cada dibujo que hago, cada conversación que tengo, cada momento que vivo son únicos e irrepetibles, y lo son porque va a pasar el yo que lo vive La víspera de su deceso, en el Instituto Nacional de Nutrición, donde permanecía internado desde el 25 de enero, Soriano había recibido la visita de la escritora Elena Poniatowska y de la crítica de arte Beatriz Vidal. ra volver a su México natal y seguir construyendo una obra proteica. Las tecarrotas de Soriano son indisociables de la gran artesanía mexicana. Pero también es imprescindible relacionarlas con el arte griego arcaico. Buena parte de la pintura de Soriano está relacionada con el surrealismo, que el maestro descubrió con su amiga Lola Álvarez Bravo. Pero Soriano cultiva un surrealismo figurativo, muy alejado de las alucinaciones de Matta, con el que también se cruzó en Nueva York y Roma. Con los años, Soriano hundió para siempre sus raíces en su tierra mexicana, sin romper completamente con el encanto de sus viajes, reclamado desde América y desde Europa, con cierta parsimonia. Tuvo que esperar hasta 1997 para ser homenajeado con una gran retrospectiva en el Reina Sofía. Este museo le dedicará otra exposición de homenaje en noviembre. El premio Velázquez data de hace apenas unos meses. Soriano hizo una obra única y esencial. Al margen de todas las escuelas dominantes, de las que siempre desconfió. Y, sin embargo, desde muy pronto reconocido, por Octavio Paz, precisamente, como un maestro esencial.