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30 Internacional SÁBADO 11 2 2006 ABC Los laboristas pierden un escaño en el lugar de residencia de Gordon Brown Los soldados muertos en Irak dan el triunfo a los liberales en un distrito escocés b Los vecinos de Brown en Dunfer- El primer ministro japonés renuncia a permitir que reinen las mujeres PABLO M. DÍEZ. CORRESPONSAL PEKÍN. Tan sólo cuatro días después de que se anunciara el embarazo de la Princesa Kiko de Japón, el primer ministro nipón, Junichiro Koizumi, renunció ayer a revisar la ley de sucesión imperial para que las mujeres pudieran heredar el Trono. No me aferro a llevar tal reforma al Parlamento durante el actual periodo de sesiones que concluye el próximo 18 de junio, porque hace falta tiempo para que dicha modificación sea comprendida señaló Koizumi. De esta manera, el primer ministro de Japón daba un giro de 180 grados a sus intenciones anteriores, cuando se había empeñado en aprobar cuanto antes los cambios necesarios en el artículo 1 de la Ley de la Casa Imperial, promulgada en 1947 y que sólo permite a los varones acceder al denominado Trono del Crisantemo. Con tal reforma, se iba a allanar el camino para que la pequeña Princesa Aiko, la hija de cuatro años del Príncipe Heredero Naruhito y de su esposa Masako, se hubiera convertido en el futuro en la primera Emperatriz de Japón desde 1771. De paso, esta medida hubiera solucionado la crisis que amenaza a la Familia Imperial nipona, cuya continuidad, asegurada ahora por Naruhito, está en entredicho porque éste aún no ha tenido ningún vástago de sexo masculino. Pero el inesperado embarazo de la Princesa Kiko, la mujer del segundo hijo del Emperador Akihito, ha abierto la puerta a la esperanza para que dé a luz a un varón, el primero en nacer en la Familia Imperial nipona en las últimas cuatro décadas. mline y West Fife, donde el ministro de Hacienda británico tiene su residencia, propinaron el martes un severo revés a los laboristas EMILI J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. La carrera de Gordon Brown, canciller del Tesoro británico (ministro de Hacienda) para suceder a Tony Blair no logra entrar en una recta final apacible. Cuando, tras años de negarle la coronación pública como sucesor, Blair había tenido las últimas semanas inequívocos gestos hacia su número dos, los electores de una pequeña circunscripción escocesa se han encargado de amargarle a Brown las perspectivas de futuro. Ello no pone en duda el traspaso de poderes que es posible que Blair y Brown ejecuten hacia verano de 2007, pero presenta a un futuro primer ministro cuya candidatura no sólo es cuestionada por el ascenso del conservador David Cameron, sino que también puede flaquear entre la masa de votantes laboristas, como se acaba de poner de manifiesto en su feudo escocés. Los vecinos de Brown en Dunfermline y West Fife, donde el canciller tiene su residencia aunque es diputado por la circunscripción vecina, propinaron el martes un severo revés a los laboristas y con ello un aviso de mal agüero al presunto sucesor de Blair. Si en las elecciones generales del año pasado, el escaño de ese territorio lo había ganado el Partido Laborista con el 47,4 por ciento de los votos, las nuevas elecciones celebradas el mar- han sumado grandes apoyos, y además en esta convocatoria a urnas pesaba sobre todo el perfil de los candidatos locales. Los conservadores han conservado la cuarta posición, tras el Partido Nacional Escocés, pero descender del 10,3 al 7,8 por ciento de los votos es una mala cosecha para Cameron. No obstante, la principal prueba para valorar el empuje del nuevo líder tory serán las elecciones municipales del próximo mes de mayo. Escándalos Más noticia ha sido la salud demostrada por los liberal- demócratas, que se encuentran sumidos en una sucesión de escándalos. Primero dimitió el líder por alcoholismo, y luego debió renunciar un canditado a sustituirle al conocerse que había mantenido relaciones homosexuales de pago. Otro de los líderes ha perdido puntos en las primarias internas tras reconocer que había mentido sobre su homosexualidad. Una de las razones que se esgrimen para la obtención del escaño por parte de los liberal- demócratas es que entre el electorado ha seguido pesando la guerra de Irak, asunto del que los libdem han hecho bandera. Durante la campaña se produjo la noticia de la baja número cien entre las tropas británicas en Irak, que correspondió a un soldado escocés; también el 101 procedía de Escocia. Sus cadáveres han sido entregados a sus familias antes de que los votos se metieran en las urnas. Pero fuera de esa influencia local, la guerra de Irak ya no es un asunto que movilice al electoral general y es difícil ver un espacio para los liberal- demócratas, cuando los conservadores están avanzando hacia el centro. Tony Blair REUTERS tes para cubrir el puesto, que entretanto había quedado vacante, dieron el triunfo a los liberal- demócratas. El candidato lib- dem, Willie Rennie, se impuso tras una remontada del 16 por ciento de los votos para su partido, los mismos puntos que cayeron los laboristas. Estaba en juego un solo escaño del Parlamento, pero los pocos miles de electores escoceses han puesto patas arriba tres verdades que se habían instalado en la política británica en las última semanas: que Brown entraba en una era de glorificación en la perspectiva de su entronamiento, que los liberal- demócratas estaban en caída libre y que los conservadores de Cameron subían como la espuma. El resultado de los tories en Dunfermline y West Fife no es especialmente significativo, pues nunca en Escocia ¿CAMBIO DE MARCHA EN EL REINO UNIDO? JOSÉ MANUEL COSTA n cuestión de apenas unas semanas, la política británica ha sufrido una convulsión espectacular y sin demasiados precedentes. Los ciudadanos saben que en las próximas elecciones ya no estará Tony Blair. Pero también que los dos principales partidos de la oposición se presentarán con nuevos líderes y cambios dramáticos en sus respectivas estrategias. Tony Blair habrá dejado paso a ¿Gordon Brown? cuya política aún está por definir pero seguramente conducirá al partido levemente hacia la izquierda. Los conservadores estarán liderados por David Cameron, un joven blairita bastante menos thatcherista que el mismo Blair. Y los liberal- demócratas, tras haber despedido a su jefe ante la revela- E ción de que le daba a la botella (era vox populi) se perfilan bajo el liderato de Sir Menzies Campbell o Chris Huhne como el partido a la izquierda del laborismo. Estos movimientos a lo largo y ancho del damero político tienen un punto antinatural, pero son tradicionales en la política británica. Los partidos, al menos desde la época victoriana, han venido robándose programas e incluso principios con un descaro impresionante, como últimamente Tony Blair con la estrategia económica liberal- conservadora. En el nuevo espectro político británico distinguir no va a ser fácil. La declaración de Cameron sobre los servicios públicos básicos como un bien social y su alejamiento del economicismo that- cherista ¿sitúa a los conservadores a la izquierda del laborismo? Un laborismo sin Blair ¿resultará igual de tory en sus propuestas? ¿Seguirán siendo los liberales los únicos socialdemócratas o se producirá una socialdemocratización general de la oferta política? Sir Menzies Campbell ha atentado contra el saber electoral aceptado proclamando que Ya hay demasiada gente peleando el centro. Hay que definirse (en su caso a la izquierda) Claro que el suyo es un partido minoritario, pero escuchar esas palabras tras casi tres décadas de discurso neo- liberal más o menos teñido por lo social, produce una sansación extraña. Quizás el péndulo se mueva ahora porque los ciudadanos británicos, una vez sacudido el fantasma del paro y la inestabilidad social, comienzan a preguntarse por la redistribución de la riqueza generada en sus empresas. La macroeconomía va razonablemente bien, pero las economías familiares no tanto. Por otro lado y bajo la manta de la lucha antiterrorista, los ciudadanos han sufrido recortes de libertades que el pueblo británico no recibe con tanto entusiasmo como pudiera parecer. Después de un cuarto de siglo el Reino Unido ya no es el enfermo de Europa, pero su evolución le ha conducido ante nuevos dilemas. ¿Se ha llegado al final provisional de la liberalización económica? ¿Ha de profundizarse aún más en la desregularización? ¿Cómo debe configurarse, en definitiva, el modelo británico? ¿Mirando hacia una Europa en cambio pero aún social ¿O hacia unos Estados Unidos donde la simple palabra liberal ya tiene un tufo de izquierdismo? Esta polémica no es nueva. En realidad late desde la II Guerra Mundial. Ni siquiera Thatcher fue capaz de atentar frontalmente contra de los principios de wellfare state Pero su tendencia, como la de Blair en menor medida, era la de su superación del consenso social en una sociedad puramente competitiva. Es posible que ahora la nave escore un poco hacia babor. Los electores (y los gabinetes políticos) decidirán.