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24 SÁBADO 11 2 2006 ABC Internacional Mujeres palestinas se manifiestan con el Corán ante la Mezquita de la Roca de Jerusalén tras la tradicional plegaria de los viernes AFP Israel declara la guerra fría a Rusia por el guiño de Putin en Madrid a Hamás El Gobierno francés y Kofi Annan respaldan la invitación rusa al partido islamista para negociar Moscú de asestarle una puñalada por la espalda y pregunta con ironía cuál sería la reacción rusa si invitara a los líderes chechenos a Jerusalén JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. No está ya Yaser Arafat. Desapareció también Leonidas Breznev. Pasó a mejor vida el sempiterno arabista Yevgueni Primakov. De Golda Meir se encarga de hablar en pasado Steven Spielberg en Munich. La Organización para la Liberación de Palestina (OLP) se desinfló en Oslo. El Mosad tiene sus ojos puestos en Irán. La guerra de las galaxias, escudos incluidos, sirve como argumento para rodar películas de acción. La guerra fría no llena ya ni las páginas menos interesantes de un libro de espías venidos a menos. Pero, pase lo que pase, y ahí están b Tel Aviv acusa a las hemerotecas para dar fe de ello, en Oriente Próximo existe una tozuda fijación por hablar en pretérito, por sacar siempre el billete de vuelta junto al de ida, por regresar a un pasado demasiado presente y con excesivo futuro. Como muestra, el enésimo botón. Dos enemigos reconciliados con el tiempo pero siempre vigilantes el uno hacia el otro han rescatado del baúl de los recuerdos el vestuario, la parafernalia, la retórica y las costumbres de hace tres décadas para declararse, a bote pronto desde Madrid, la guerra fría, congelada. La invitación realizada el jueves en la capital de España por el presidente de Rusia, Vladimir Putin, a los líderes de Hamás para visitar Moscú y sentarse a hablar de la situación en la región más convulsa del planeta ha provocado una ola de indignación e ira nada contenidas ni disimuladas en Israel. Ni uno solo de los dirigentes israelíes que se precien, mucho menos aho- ra que se lanza la campaña oficial para las elecciones generales del 28 de marzo, se ha quedado con la boca cerrada ante lo que consideran, medios de comunicación o políticos, una puñalada por la espalda un pacto de sangre de Moscú con Hamás un regreso a los peores tiempos de la Unión Soviética una legitimación del terrorismo una traición al Cuarteto de Madrid y a la posición homogénea hasta ahora de la comunidad internacional En cascada, las manifestaciones contra Putin y Moscú del jefe del Estado, Moshé Katsav; de los ministros de Asuntos Exteriores, Tzipi Livni, desde Washington, y de Transportes, Meir Sheetrit; del líder de la oposición, Benjamín Netanyahu; de los representantes de la comunidad rusa judía en Israel, con Avigdor Lieberman en primera fila de su extremismo, no han dejado títere con cabeza o muñeca rusa con escondite. ¿Qué diría Putin si invitáramos a Jerusalén a los líderes de Chechenia? se preguntaba Sheetrit mientras Lieberman exigía la convocatoria del embajador ruso al Ministerio de Asuntos Exteriores para leerle una cartilla sin códigos cifrados y Bibi negaba para el futuro cualquier papel mediador del Kremlin en el conflicto de Oriente Próximo. Apoyo de Kofi Annan La invitación de Putin a Hamás, secundada en la distancia por París; refrendada desde su atalaya por el secretario general de la ONU, Kofi Annan; recibida como agua de mayo en febrero por los líderes islamistas palestinos porque quiebra su aislamiento, rompe asimismo la unanimidad del Cuarteto de Madrid (compuesto además de por Rusia, por EE. UU. la UE y la ONU) y abre una grieta diplomática que aprovecha Hamás para situarse al mismo nivel que Mahmud Abbas: Hemos ganado