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6 Opinión SÁBADO 11 2 2006 ABC EN FIN DESDE MI BUHARDILLA UN PRECIO POR LA PAZ L presidente sabe que bracea a favor de corriente y, porque lo sabe, tal vez no dé mucha importancia ni al sentido final del rumbo ni a la velocidad a la que discurren las aguas. Rodríguez Zapatero expresa su convicción de que, en las actuales circunstancias, nos encontramos ante la posibilidad del comienzo del principio del fin de la violencia- -el exceso de prudencia invita a medir tanto las palabras que éstas terminan por no decir casi nada- y hay muchos españoles que están dispuestos a creerle, aunque no sean capaces de percibir qué es exactamente lo que se les quiere vender. Por lo que pueda venir, conviene que vayan EDUARDO SAN cayendo las máscaras. MARTÍN En las actuales circunstancias como señala el presidente, muchos ciudadanos españoles del común, aquellos que viven de su esfuerzo o de sus negocios, estarían dispuestos a pagar un precio por la paz, sobre todo en el País Vasco. Sí, mal que nos pese. En la frontera que serpentea sutil entre la claudicación y la esperanza, muchos, tal vez nosotros mismos, nos mostraríamos dispuestos a cruzar la raya tratando de no mirar a atrás, no fuéramos a convertirnos en estatuas, y no precisamente de sal. Con más decisión aún si la luz con la que se nos pretende iluminar desde el poder, alimentada por no se sabe qué informaciones privilegiadas contribuye a disipar los límites entre esos dos territorios. Pagar un precio por la paz, digo, y estoy exagerando. Un precio por cualquier remedo de paz, cabría afirmar con más exactitud. En las actuales circunstancias la tranquilidad que muchos en España estarían dispuestos a comprar no se parecería en nada al ideal de paz (perpetua) que Kant propugnaba para los Estados, pero que podría predicarse también respecto de los hombres o de las comunidades humanas; una paz asentada en el imparable despliegue de las facultades racionales del hombre o en el imperio universal del Derecho No debería extrañarnos. Al cabo, los españoles somos europeos de nuestro siglo. Y padecemos, como ellos, los mismos síntomas de anorexia moral. Las guerras civiles europeas del siglo pasado, y sus secuelas de espantos y catástrofes humanas, han destruido nuestros anticuerpos para combatir con resolución el virus de la violencia. Queremos creer que se puede amansar a las fieras con leyes, tratados y buenas palabras. Y cuando un Ahmadineyad sin complejos juega con nuestra mala conciencia para construirse una bomba atómica, o defiende la eliminación del estado de Israel; o cuando una multitud de desheredados asaltan nuestras embajadas instigados por fanáticos religiosos o gobiernos dictatoriales, nos sumimos en la perplejidad y pedimos disculpas por algo que no hemos hecho. Sí, cuesta admitirlo, pero estamos más que dispuestos a pagar un precio por el fin de la violencia. Y Zapatero lo sabe. LA CRUZ Y LA LUNA zonte bajan como ríos unos encapuchados que no te ENGO de Granada, de remontar sus empinamiran, que te ignoran, que te apartan. Cuando el das cuestas y de hacer fonda en el Albaicín, pescadero de la esquina, mientras cuchillo en mano frente a una Alhambra traspasada de lunas. le sonríe a tu hija, te recuerda que en su país hay Vengo de degustar el crujiente alarido de la pastela, cientos de inocentes como ella que mueren a diario el sabor a confite de las berenjenas con miel y el bajo el peso de las bombas o las cifras. O cuando el jarabe de fuego de un té a la menta. Tamborileaba, a empleado de correos, al sellar una carta que estás lo lejos, el gorgoteo del agua, y caía la noche sobre la enviando a Madrid un fatídico once de marblanca colina insurrecta, con su aroma de zo, te pregunta por tus muertos y no responde nieve y su espuma de estrellas. Se recortaba a tu pena, porque sus propios muertos- -te a dos pasos la silueta de una mezquita, y casi dice- -convierten a los tuyos en una exigua y podía rastrearse el paso mullido de unas balegítima vendetta buchas. No había oído, al desmayarse el día, El rostro más fiero del Islam, olvidado de la llamada del muecín a la oración, ni me sus muchos saberes y consejos, nos ha declahabía cruzado por las calles con mujeres afarado la guerra. Compadezco a quienes ni sinosas y ocultas, ni con hombres ociosos y LAURA quiera lo presienten. A quienes todavía humeantes, ni con vendedores de todo lo haCAMPMANY creen que todo puede arreglarse con unos bido y por haber. Tiempo al tiempo. acordes de laúd o unos cuantos permisos de residenEl único defecto de algunas culturas hermosas, cia. A quienes piensan que la Cruz y la Media Luna, con sus mil y un cuentos y sus mil y una razones rojas o no, son los trazos caprichosos de un mismo- -supongo- -para ser como son, con su nostalgia de pincel compasivo. Ni en eso, ni en socorrer a los flores punzantes, o acequias feraces, o jardines dorpobres, hemos conseguido acompasarnos. Ni en la midos, con su consigna de no darse nunca por acabased ni en el hambre. Ni en el rencor ni en la esperandas, con su absoluta avidez de futuro, es que no son za. Ni en el origen ni en el destino del hombre. Sólo la nuestra. Y yo no sé a ustedes, pero a mí me costaen matar somos iguales. A lo que venga después, al ría la vida tener que traérmelas al alma en forma de Paraíso, también entraremos por distintas puertas. túnica o aljófar, ceremonia o costumbre, celosía o Mientras no cambien los dioses, nada ha cambiaalfombra, si no es por exotismo o fantasía. No se me do que diría mi admirado Ferlosio. Yo a los dioses antoja deseable verme obligada a ceder mi asiento a los veo en pie de guerra, y más feroces que nunca. los hombres en los autobuses, quitarle la mitad de Ignoro de qué mano partió la primera piedra, pero su peso a mi palabra o aceptar que se me humille, ya no hay quien devuelva el pudor a las espadas. golpee o esconda. Nosotros ya pagamos nuestro Para que este duelo no tenga marcha atrás, lo misdiezmo de sangre para redimir a Eva de sus miemmo sirve una caricatura que una disculpa. Y a Eurobros de nácar y su ninguna culpa. pa no le van quedando muchas alternativas: o clauEl problema no es que haya distintas culturas, dica, o se defiende. Convendría que fuera pensando cada una en su casa y Dios en la de todos, sino que en lo segundo. Siquiera para que no nos borre la empiecen a mezclarse como el agua y el aceite: sin Historia, ese juez sin escrúpulos que nunca perdofundirse ni soportarse. El problema comienza cuanna a los cobardes. do al extraño templo que domina sin pasado tu hori- E V