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ABC VIERNES 10 2 2006 Espectáculos 61 Buenas noches y buena suerte La libertad de expresión, pero siempre EE. UU. 93 m. Director: George Clooney Intérpretes: David Strathairn, Robert Downey Jr. George Clooney E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ay muchos elementos que se engarzan en esta película de un modo aparentemente casual, o caprichoso, pero que en realidad componen una sustancia cinematográfica casi perfecta, un encaje milimetrado en el que cada hilo, cada ingrediente, tiene su sentido y su cometido. George Clooney le imprime un ritmo y le impone un sello a la historia cierta y certera que cuenta: la de un hombre, Edward Murrow, que desde su programa de televisión luchó a muerte contra el infausto senador McCarthy... Y George Clooney resuelve con talento de gran cineasta Clooney deja los obstáculos que que florezca la la realidad, la historia, la verdad y su impresión de revoltijo con la ficpresente: la ción le colocan deinformación, la lante. opinión, los Un denso y apelmazado blanco y nemedios, el gro con el que compoder y el binar la ficción con periodista el documental de la íntegro época sin que los dos tiempos colisionen visual o climáticamente (hay material de archivo, de los juicios celebrados, con el propio McCarthy en primer plano, o contraplano... Resuelve igual de acertadamente el dilema del espacio, pues se concentra casi con unanimidad en el plató televisivo y zonas contiguas, dándole de paso una H George Clooney, Robert Downey Jr. y David Strathairn, en una escena de Buenas noches y buena suerte vuelta de tuerca a la posibilidad de hacer un mero biopic no hay personaje fuera de esos ambientes, lo cual impide familiarizarse con él; lo vemos en ese espejo doble de la cámara de televisión y la cámara de cine, y no se nos muestra más que un simulacro de su vida interior: el actor David Strathairn borda ese papelón de hombre frío, cauto y recto, vaciado de anécdota en el medio de la turbia humareda de su pitillo, a modo de remota metáfora de su propia ubicación en la siniestra coyuntura mccarthysta. Se permite, además, el director insertar en toda esa solidez política y narrativa otros elementos aparentemente ajenos, pero que le aportan algo parecido a una suave hipertermia: el sentido del humor abrasivo de Murrow y la relación entre los personajes de Robert Downey y Patricia Clarkson, colaboradores del programa televisivo que mantienen en secreto su matrimonio, pues la cadena CBS prohibía que sus empleados se casaran. Y ese segundo plano modesto y no molesto en el que se mantiene el actor George Clooney es una prueba más de lo bueno que es el director George Clooney. Buenas noches, y buena suerte tiene reflejos y destellos de la actualidad, como toda buena obra, aunque mantenga el ancla puesta en hechos muy concretos del pasado, Clooney deja que florezca la impresión de presente: la información, la opinión, los medios de comunicación y el poder siempre dispuesto a ponerles cerco y el periodista íntegro que nunca le pierde la cara a lo esencial, diga lo que diga el Consejo Audiovisual de turno y otros integrismos. Manderlay Sin la sorpresa de Dogville ni la intensidad de Nicole Kidman Dinamarca, 139 m. Director: Lars von Trier Intérpretes: Bryce Dallas Howard, Willem Dafoe, Danny Glover E. R. M. i las pretensiones y los riesgos de Lars von Trier al hacer Dogville eran inmensos, su continuación ahora con Manderlay llega a las lindes de la provocación, pues insiste (con rigor, para algunos, y con tozudez, para otros) en la misma descarnada puesta en escena y en algunos personajes, situaciones y propuestas ya desplegados en la anterior... Manderlay es, tal y como dijo, su segundo golpe de vista a una trilogía estadounidense que terminará con Wasington así, S sin la hache, para la cual es punto obligado no pisar el país pero sí dejar huella. En esta ocasión, lo que cambia es el color de América, por decirlo de algún modo: diseccionó una América blanca en Dogville y ahora le hace la autopsia a la América negra con una historia de racismos concéntricos e inversos situada en una vieja plantación sureña que visualmente resuelve el excéntrico y genial director del mismomodo que en la anterior: un gran plató, un loft gigantesco, sin paredes ni muebles y con rayas en el suelo que sugieren la separación de las casas, las calles y los objetos más diversos, como por ejemplo una zona de magnolias Su personaje central es otra vez Grace, aunque interpretado en esta ocasión por Bryce Dallas Howard en vez de por Nicole Kidman, lo que no es precisamente una ventaja; y la historia arranca de un punto de conflicto moral, algo así como la aceptación y búsqueda de la esclavitud para desde ahí llegar a conclusiones bien limadas sobre la democracia, la libertad y la justicia. Otro de los principales problemas Danny Glover de Manderlay a parte de la deserción de Kidman, es la ausencia de sorpresa: hay que asistir a grandes textos y grandes reflexiones y situaciones sin la perplejidad con la que se vivió la anterior; además, claro, de la estructura se repite paso por paso con rigor o con tozudez y la historia se divide en capítulos y se aliña con la voz en off Aunque, independientemente de estas pequeñas inconveniencias que le impiden a Manderlay el fogonazo que tuvo Dogville es innegable que la masa con la que está construida es de la misma calidad: un análisis finísimo y lúcido de los resortes ideológicos y morales de nuestra civilización; una propuesta a la reflexión mediante la brillantez de los giros y las emociones de los personajes; un terreno en el que habitan la crítica y la admiración; un absoluto descaro en las diagnosis y en los tratamientos que propone, o al menos refleja. Manderlay es, pues, la brillantez sin sorpresa, la inteligencia y reflexión sin pudores, la grace sin Nicole Kidman y la respuesta a la feliz aspiración a la esclavitud.