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50 Sociedad VIERNES 10 2 2006 ABC Ciencia España se enfrenta a una nueva fuga de investigadores de primera línea internacional Son científicos contratados a través del programa Ramón y Cajal b Hasta 57 científicos de la prime- ra promoción empleados en el CSIC perderán su empleo, 33 este mismo año y el resto a principios de 2007 JORGE SÁINZ MADRID. La cuenta atrás para centenares de investigadores españoles ha comenzado. En los próximos meses, algunos de los científicos más respetados en todo el mundo en disciplinas que van desde la microbiología o la genética hasta las humanidades, y que regresaron a nuestro país en el año 2001 gracias al programa de contratación bautizado como Ramón y Cajal pueden quedarse literalmente en la calle sin que el contrastado prestigio de su carrera profesional pueda hacer nada por evitarlo. La pelota está ahora en el tejado del Gobierno socialista y los centros que acogieron a estos investigadores, que, si no ponen remedio en un tiempo récord, se pueden ver abocados, por un lado, a soportar una fuga masiva de cerebros y, por otro, a un estancamiento severo de la carrera científica en España. Desde hace un mes, en silencio, pacientes pero constantes, la mayoría de los afectados protesta cada miércoles ante la sede del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) para denunciar el limbo laboral en el que se sienten inmersos. Este problema, el de la fuga de cerebros aunque está a punto de vivir uno de sus momentos más delicados, no es nuevo y tampoco la intención de resolverlo. Los puestos permanentes en el mundo de la investigación son, por lo general, escasos y los países, cada uno a su manera, tratan de fomentar medidas para paliar el déficit. Uno de los planes más ambiciosos para sacar del exilio a algunas de nuestras mentes más preclaras lo puso en marcha el entonces Ministerio de Ciencia y Tecnología durante la segunda legislatura del Gobierno del PP. La idea del programa era atraer y ofrecer a investigadores de cierto prestigio, también extranjeros, la oportunidad de integrarse al sistema español de investigación y desarrollo (I+ D) cuenta Mar Bastero, presidenta de la Asociación Nacional de Investigadores Ramón y Cajal (ANIRC) La iniciativa fue acogida con enorme entusiasmo por la comunidad científica española, gran parte de ella en la diáspora estadounidense. El Ejecutivo ofrecía contratos estables de cinco años, costeados por el Estado, previa evaluación y aprobación de un proyecto de investigación. La primera convocatoria fue la más numerosa y también la de mayor nivel. Los científicos iban siendo desviados, según su trabajo, a diferentes universidades y al CSIC, principalmente, aunque también, pero en menor medida, a centros especializados y hospitales recuerda Bastero. Más de 2.400 investigadores Cinco años y cuatro convocatorias después, mientras la quinta oferta pública está en marcha, el programa Ramón y Cajal ha traído de regreso a España a más de 2.400 investigadores, que ahora viven un futuro incierto plagado de interrogantes. Lo que está ocurriendo este año es sólo la punta del iceberg, porque la fuga se va a repetir cíclicamente, a medida que, año a año, vayan finalizando los contratos. En los textos de la convocatoria nunca se aseguró que los contratos fueran prorrogables por otros cinco años, ni que los puestos pasaran a ser indefinidos. Y sin embargo, el Gobierno popular así lo sugirió. El texto elaborado por el Ejecutivo pedía a las universidades y centros receptores que articularan las medidas necesarias para incorporarnos como científicos titulares fijos. Sin embargo, salvo honrosas excepciones, parece que, simplemente, han aprovechado que nuestros sueldos corrían a cargo del Estado y ahora nada. Apenas se han convocado plazas insiste la presidenta de ANIRC. Así las cosas, los cinco años del primer grupo de científicos incorporados al sistema por la vía Ramón y Cajal se han cumplido. Ya se sabe que 57 investigadores adscritos al CSIC se van al paro sin remisión. Hasta 33 lo harán Manuel Carmona Microbiología Es una inversión de muchos años perdida Cuando en los próximos meses expire su contrato Ramón y Cajal Manuel Carmona tendrá 20 artículos en las revistas internacionales más prestigiosas de su campo y estará al frente de dos proyectos de investigación, uno de ellos como investigador principal. Ahora, por ejemplo, estudiamos la obtención de energía eléctrica a través de bacterias dice. Tras doctorarse en ciencias biológicas, Carmona, de 42 años, emigró como tantos otros al otro lado del Atlántico. Estuvo contratado por el Instituto de Salud estadounidense y también por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) El progra- ma Ramón y Cajal me dio la oportunidad de regresar a mi país, después de tanto tiempo, con un sistema que parecía muy similar al norteamericano explica. Carmona considera que la inversión de tantos años se ha perdido porque no han sabido articular mecanismos para contratarnos La inestabilidad laboral se hace insoportable. Al principio se puede aguantar, pero ahora dan ganas de abandonar la ciencia y buscar otra salida relata. Reconoce que un camino como el de la investigación tiene picos y valles pero parece no encontrar la luz al final del túnel. Yo, como mis compañeros, no sé lo que va a pasar. Lo único que sí sé es que no puedo seguir trabajando concluye. Carmona, casi resignado, pide a los responsables políticos que busquen una solución, porque todavía queda un halo de esperanza. Mi contrato finaliza en noviembre. Todavía restan unos pocos meses comenta. este mismo año; el resto, aunque pertenecientes a la misma primera promoción, lo harán a principios de 2007, al haberse incorporado de facto a sus puestos de trabajo en 2002. Aquel 2001, engrosaron las listas del CSIC 219 investigadores, de los que algunos optaron por regresar al extranjero y otros concursaron y lograron una plaza. El caso del Consejo es diferente, porque los empleos son de funcionariado explica Bastero. Desde el CSIC se pide a estos destacados científicos que esperen a una futurible reconversión del Consejo en una Agencia Nacional, pero ellos dicen que están cansados de aguardar a lentos y costosos trámites parlamentarios que, además, no saben en qué pueden derivar. Más difíciles de evaluar resultan los casos de los Ramón y Cajal adscritos a la Universidad. En 2001, más de 500 investigadores se repartieron por toda la geografía española. Alejandro Mira trabaja en la Miguel Hernández de Ali- Más de 200 científicos que trabajan en diferentes universidades también perderán su empleo El Gobierno costea el salario de tres años de estos investigadores si un centro les contrata de forma indefinida