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38 Madrid VIERNES 10 2 2006 ABC SE DICE SE COMENTA GRANADOS, EN ARGENTINA El consejero de Presidencia, Francisco Granados, lleva días preparando un viaje a Argentina, que emprenderá de manera inminente. El motivo del viaje es todo un misterio para algunos de los que trabajan en el Gobierno de Esperanza Aguirre, quienes se preguntan qué se le ha perdido al consejero en esas lejanas tierras. Las conjeturas sobre los proyectos que se puede traer de aquel país se han disparado, aunque la incógnita permanece intacta. Repasan sus competencias y no acaban de encontrar una relación estrecha entre las que hay y el viaje. ¿Será que tendrá a partir de ahora una nueva competencia o que va a ampliar su campo de trabajo? Pronto se sabrá. MADRID AL DÍA UN CRACK EN LA ASAMBLEA En medio del debate parlamentario en la Asamblea de Madrid, cuyo nivel no suele ser muy alto, la verdad sea dicha, destaca un diputado y consejero que está demostrando ser un crack en estas lides. El consejero de Educación, Luis Peral, se está consolidando como uno de los mejores parlamentarios que se sientan en uno de los 111 escaños del Parlamento regional esta legislatura. Hasta el punto de que sus intervenciones son esperadas porque suelen alegrar y animar las tardes de los jueves que normalmente discurren por la calle del aburrimiento, eso sí, siempre que los incidentes de los invitados del PSOE e Izquierda Unida lo permitan. UNA (OTRA) DE FARISEOS MANUEL DE LA FUENTE ue una de ésas escenas cotidianas (más cotidianas de lo que se piensa entre los opinadores) que le amargan a uno el día. O la noche. O las dos cosas. Fue en uno de esos barrios donde la población inmigrante es ya prácticamente la tercera parte de la ciudadanía. Las relaciones son normales. Normales y corrientes. Sobre todo corrientes. Es decir, cada uno en su casa, y Dios (y hasta Mahoma) en la de todos. Pero sin acritudes, generalmente, más allá del volumen de la música y del volumen del negocio. El supercor del barrio es uno de los lugares preferidos por los más necesitados para poner a prueba la solidaridad (generalmente escasa, por no decir nula) de sus congéneres. A menudo, en su puerta, un joven negro sonríe (y sonríe y sonríe y sonríe) mientras pide algo para comer (o para lo que le dé la gana) sin un mal gesto, muy al contrario. Cuando alguien (casi nadie para qué vamos a engañarnos, ya se ha comentado) le ofrece una moneda, los ojos le brillan como la luna de África, la tierra de quién sabe cómo (casi es mejor no imaginarlo) ha venido, huyendo de los escuadrones del hambre, de la enfermedad, del dolor, de la desolación, de la desesperanza. Un día tan cualquiera como cualquiera de estos, una pareja en la antepuerta de la tercera edad pasó junto a este negro. Su comentario, por lo bajo, claro, como hacen los cobardes y los fariseos, fue tan claro como la mirada del africano. Más te valdría trabajar, negro hijo de puta (perdonen la expresión, pero no es cuestión aquí de tragarse un sucedáneo) Quién sabe, tal vez de él dijeron lo mismo en Alemania. O en Suiza. O en Australia. O en la vendimia francesa: ¡Puto español, quédate en África! Quién sabe. Sí, es cierto que el negro a veces te llama papaíto. Y también lo es que salta y bota cuando alguien se apiada de él. Y parece que a algunos les molesta. O tal vez es sólo miedo, miedo a que el africano algún día, un día cualquiera de estos, en lugar de pedir una limosna, simplemente exija parte de lo que es suyo. Tanto, al menos, como nuestro. F