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64 MIÉRCOLES 8 2 2006 ABC FIRMAS EN ABC entreabierta corola desterrada casi alzando la noche (32) Es la llamada de la noche oscuridad tangible corpórea seda negra que nos envuelve mudos desolados (37) Imágenes que hacen el poema material, palpable, con la materia, a veces, del mundo visionario de los sueños, en versos tan rotundos como estos: un sosegado pecho donde la luz regresa a su primera condición de barro (67) o como los del poema completo que sigue: El rumor delicado de los cuerpos su incierta melodía de labios y de piedras que se rozan la embriaguez de esos árboles oscuros que un sueño de raíces estremece. (66) Metáforas que aluden al oído, al tacto, que ponen en marcha los ojos de la imaginación en los últimos versos, rumores expresados con suavidad de roce. La autora ha bebido desde muy joven, ávida lectora, del agua de la poesía tradicional resucitada luego, enriquecida, multiplicada, con la metáfora del 27, con el mundo extraño de Lorca, el vegetal, mineral, palpitante de Aleixandre, con la imaginación a veces melancólica de Cernuda. Todos esos referentes han sido destilados por el alambique de la poeta. Pero no sólo encontramos danza verbal, música, vuelo vivo y sorprendente de imágenes. También se queja la autora el poema, medita, mira de frente la complejidad del mundo: Yo nada sé. Pregunto (34) y llega a abordar en un texto escrito cuando era muy joven cuestiones tan espinosas como la imposibilidad de comunicación entre el lector y el autor, o entre el poeta y los otros, entre el poeta y la vida: Vosotros nunca conoceréis mi nombre el olor de las ciénagas oscuras los jirones turbios de la agonía. Falsas falsas historias de una niña que miente cuando escribe. Hablo y nombro la tierra con la osadía del miedo y la arrogancia lenta de aquello que perece. Hablo y nombro la noche esta ronda salada de líquenes y cuerpos porque mi nombre es piedra luna de piedra esquiva espalda de una piedra gastada por el tiempo. (35) O afronta sin ambages la continua tragedia del hombre: la negación de sí mismo, de su esencia, en este otro texto de su último libro, simplísimo, desnudo: No elegimos aquello que más nos pertenece. Ni el cuerpo ni la lengua ni el deseo ni la muerte. (88) Escribir, vivir, será una hermosa y terrible operación de riesgo: no ves que me desangro que mansamente me desangro (48) En mis dedos se abre una rosa de espanto (58) Leer esta antología, también. No puede ser de otro modo. Quien se acerca a un libro como este se arriesga como quien se conecta a la corriente eléctrica: será sacudido por la verdad, por la belleza, por la verdad que, como quería Keats, no es otra cosa que belleza. El lector se convierte en caja de resonancia y los poemas de María José Flores vibran, perduran, tiemblan, después, en el pecho del lector. Aquello de que el poema no dice, sugiere, se hace aquí norma multiplicadora de sentido, de sentidos. Gracias por tanto a la Editora Regional de Extremadura, donde tanto y tan bien se escribe y se edita, por publicar, y hacernos por tanto accesible, esta Antología. ADA SALAS ESCRITORA TRES RAZONES PARA LEER LA ANTOLOGÍA POÉTICA DE MARÍA JOSÉ FLORES Su trayectoria poética ha sido, a pesar de todo, la de una corredora de fondo: constante en su calidad... EGÚN empiezo a escribir estas líneas, crece mi regocijo por un nacimiento, o mejor, por un renacimiento: el de la obra de María José Flores, inencontrable durante años para quienes hayan querido leerla. La autora ha publicado varios libros de poesía (seis, no pocos para tratarse de una poeta de cuarenta años) pero la mayoría de las ediciones andan agotadas o dispersas, y no llegaron a tener una difusión más extensa del ámbito en el que se publicaron: Extremadura. La distribución y la crítica, como sabemos, juegan un papel decisivo en el reconocimiento de un libro, de un creador, y las razones que deciden cuáles serán leídos en los años próximos no estriban siembre en la calidad. Más bien, digamos, en el azar, o en cosas más o menos parecidas. La trayectoria poética de María José Flores ha sido, a pesar de todo, la de una corredora de fondo: constante en su calidad, acicateada, eso sí, con respeto, en Extremadura, donde ha sido siempre tura (24) Qué desolada sed (74) beben de lo vedado (83) que no conocen roce (72) recuerda la ebriedad de la caricia aliteraciones que a veces rozan la onomatopeya y el juego paronomástico, con una preferencia general por las consonantes líquidas l r s acariciadoras de por sí; la repetición de pies rítmicos: Y un destello de ala abrazado al deseo (33) Qué secreto rumor hace arder la enramada (46) o la reiteración y la variación concatenadas: Y soy solo la huella de una huella (85) Playa pálida playa donde la luna danza donde la luna tiende su blancura hechizada y rielan rielan los deseos nocturnos (34) En todos los casos, por su puesto, la carne sonora del poema refuerza el hueso del sentido: hay música, poesía, no gratuidad. La de María José Flores es una poesía evidentemente sensorial: además de crear un mundo sonoro, levanta un amplio paisaje imaginario que mezcla lo visual y lo táctil: Un dulcísimo vértigo la frescura del agua por los hombros en la blanca quietud de las espaldas (31) Un silencio tan hondo como un pecho en la tierra (31) Surgías del abrazo como un árbol de sombras verde planta S premiada y editada. Ahora sale a la luz una antología preparada por la autora, con una selección rigurosa- -prologada por Miguel Ángel Lama- vertida en una edición seria y limpia: un libro de esos que nos gustan, porque da gusto tenerlo entre las manos. En ella recoge Flores los poemas que considera los mejores de todos sus títulos (hay muestras de todos ellos) e incluye una muestra generosa de su último libro, inédito: Del animal y de su culpa. Enumero a continuación una serie de razones para reencontarrse con su obra. La primera es casi de índole física. Los poemas acarician los oídos: los del alma, por supuesto, pero también los del cuerpo. Hacer el ejercicio de leerlos en alto es volver al origen mismo de la lírica: a la canción, a la música pura, al ritmo en su raíz. La autora despliega un extenso e intenso dominio de las posibilidades de la repetición sonora en el poema, a través de recursos como la aliteración: Breve vuelo de alas tornea tu cin- LOLA SANTIAGO ESCRITORA POESÍA EN LA RED P UEDEN ser las dos, las tres, las cuatro de la madrugada, como cualquier hora del día o de la tarde, y allí frente a la pantalla del ordenador hay ojos insomnes, ojos atentos a los poemas que a través de ella se desgranan. Calla: que voy de lunas eclipsadas. No busques besos en mi boca, ni azules en mis ojos ni mañanas de resurrección. Delira el instante, si la noche retoma nuestros nombres Se firma con pseudónimo, con nombres auténticos, lo mismo que con aquellos otros puestos para ser soñados en el triunfo de las letras doradas del foro poético o por las semanas de permanencias en los primeros puestos. Y hay buenos poetas, como esta amiga de Durango en México, Cecilia Ortega. A través del correo electrónico México está tan cerca como puede estarlo Alcobendas, y es a través de este que hablo con ella como una flecha, como una flecha... Apenas es medianoche. Todo el silencio habitando el momento... Palabras de media noche, vibran en la memoria, siembran duda. No consigo aclararme, en ese espacio- -donde tú, no estás- Una lágrima interro- ga... ¿Dónde pongo todo lo que siento, ...y todo lo sentido? ¿En el murmullo de la naturaleza, o en el mar muerto de mi alma? Palabras, versos de Cecilia Ortega, que cortan el aire con el aliento de su pasión innata y que llegan nada más ser creadas al foro poético de internet, con su calor aún, con su aliento aún, dada la velocidad de este medio, su simultaneidad en cualquier país del mundo. Bellarosa, su pseudónimo, al que acompaña su nombre, sin renunciar a él tampoco, y hoy me llega su pensamiento en su primer libro, por fin, impreso en los talleres de Rosa Buk, de Solsara, ediciones Baobab, Argentina, Desde el alma hasta la piel en una edición exquisita y muy cuidada. Nací un 15 de diciembre en la ciudad de Gómez Palacio, ...Siempre estuve enamorada de la poesía... Pero fue... gracias a la magia de Internet, por medio de foros y salones de poesía donde se hace posible el encuentro y la producción, la constancia, el intercambio con otros poetas... ¡la vida lírica! Esta mujer sensible y exquisita, viene desde hace más de cuatro años elaborando día a día poemas, versos con lo mejor de su sabiduría y saber hacer literario, a la vez que apoya de forma indeclinable a sus amigos poetas. Por lo que se la quiere y respeta en cualquier foro que frecuente. Sea de España o de América. Cecilia, Bellarosa, nos habla, poco antes de acabar su libro, con pulsiones románticas y latidos de arrebol, en este poema tan autobiográfico, más que cualquiera de los suyos: Entre pétalos de rosa Y te forjé amor desde mi alma, entre pétalos de rosa... Y te soñé, Oh maravillosa sensación, esa que sólo emerge desde el corazón... Para llegar a ti, te amé sin horas, sin medida, suavizando los contornos de tu melancolía... Y me hice noche dualidad de tu ser y mi reproche, y fui del cielo esa estrella para que te iluminaras en ella, de la fuente manantial, tu amanecer más claro... Así se fue plasmando mi amor en tus arenas te envolví rumor suave, espuma y mar, me hice palabra, me pronuncié en tu verbo desde esa libertad de sentirte -anulando mi razón- Para llegar a ti, amor, desde el primer instante me hice rosa, Bellarosa esencia y aroma... -Para clavarme espina en tu alma- Pero Cecilia, Bellarosa, se clava en el alma no como espina, sino de forma dulce, suave, sutil y amorosamente, como los poemas que va colgando en la red para que todos gocemos de su delicadeza y bien hacer.