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4 Opinión MIÉRCOLES 8 2 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil UNA DECLARACIÓN IMPRUDENTE C ENCRUCIJADA PARA EUROPA A violencia creciente en el mundo musulmán por la publicación de caricaturas de Mahoma en un diario danés está actuando como el detonante de un debate al que Europa no quería enfrentarse, pero al que se ve abocada inevitablemente. Es el debate sobre la posibilidad real de conjugar la cultura democrática occidental y la cultura teocrática musulmana. Nadie en su sano juicio puede defender la ofensa a los valores de una religión como manifestación de un estado de derechos individuales. Si la libertad de expresión comprende el derecho a decir lo que se quiera- -y, correlativamente, a soportar la obligación de responder por lo que se dice, incluso penalmente- sí es necesario defender la supremacía del conjunto de libertades, cuyo ejercicio por cada uno de los ciudadanos que integran la sociedad es lo que distingue a las democracias de las dictaduras. Y si esa libertad se ejerce de forma ilícita, esas mismas democracias, como estados de Derecho, están dotadas de los procedimientos legales adecuados para sancionar los excesos. Pero lo que ha entrado en discusión no es el funcionamiento de las leyes para la protección de las creencias religiosas. Los musulmanes de Dinamarca no acudieron a los tribunales de este país para pedir el amparo del Derecho para su religión, sino que la respuesta de los creyentes ofendidos se ha resuelto violentamente, meses después de la publicación de las viñetas y en países árabes y musulmanes muy lejanos. La lección inmediata es muy clara: la integración política y la afección a los valores democráticos son sinceras cuando la inmigración hace propio todo el sistema de convivencia y de resolución de los conflictos. Puestas ambas a prueba en esta crisis de culturas, el balance no puede ser más preocupante si se aspira a un futuro de asimilación de la inmigración musulmana en los valores de la libertad sobre los que se asienta la democracia. La reacción colectivizada del mundo musulmán es también una prueba irrefutable de que la Alianza de Civilizaciones es una propuesta no sólo inviable, sino peli- L grosa, en la medida en que se basa en una consideración pueril de la identidad cultural y política de las democracias. Frente a un sistema, como el liberal democrático, que se legitima en la libertad de cada individuo, el mundo musulmán está ofreciendo la imagen de una comunidad vertebrada por la disciplina religiosa, que eleva sus principios teológicos a la condición de ley integral para la vida espiritual y social, por encima de la consideración individual de sus creyentes y sin separación entre el poder político y el religioso. Insistir en que es posible un intercambio de valores entre ambos modelos de organización política es algo más que un error; es debilitar la capacidad de las democracias para fortalecerse en una coyuntura histórica que exige, como en otros períodos históricos no muy lejanos, tener muy claras las responsabilidades que les incumben en la defensa de sus ciudadanos y de sus valores. Para Europa, esta crisis es algo más que un incidente pasajero. Demuestra el arraigo de la hostilidad hacia Occidente de determinadas elites integristas y de su capacidad para arrastrar al fanatismo a grandes masas de musulmanes. Hasta hace poco se hablaba de la primavera árabe para calificar a los movimientos democratizadores que se abrían paso, tímidamente, en muchos países de Oriente Próximo. Hoy el protagonismo es de una organización terrorista como Hamás, de la agresión constante que representa Al Qaida y de un trasunto de los viejos monstruos totalitarios del siglo XX, como es el presidente de la República Islámica de Irán, patrocinador de una amenaza nuclear que Angela Merkel comparó, certeramente, con la encarnada por Adolf Hitler. Si Europa cede a sus complejos de culpa y al confort del apaciguamiento, mientras nadie exige disculpas por el asesinato en Turquía de un sacerdote católico, las perspectivas de una relación de respeto mutuo se diluirán en la certeza de que los europeos no creen en sí mismos y Estados Unidos, que no tiene este problema, seguirá siendo el único interlocutor que tenga algo que decir en el concierto internacional. ASI ochenta etarras, condenados a cientos de años de prisión, saldrán en los próximos años de la cárcel acogiéndose al principio de refundición de penas que prevé el Código Penal. Es el absurdo al que nos conduce un sistema que impone condenas milenarias que luego quedan expuestas a subterfugios que benefician a los más sanguinarios terroristas. Resulta obvio que el designio de la ley no era aliviar el coste penal de unos asesinos que siguen demostrando tanta insolencia como nula voluntad de reinserción. Y es ahora, en este preciso momento en el que la opinión pública se muestra indignada y perpleja, cuando el presidente del Gobierno asegura que puede estar cercano el momento en que se den las condiciones para iniciar un proceso de diálogo con ETA, dadas las grandes ansias de paz incluso en sectores de la llamada izquierda independentista Rodríguez Zapatero salta a escena para intentar acotar los plazos de un proceso que, más que nunca, demanda cautela y conocimiento de la siniestra estrategia de la banda terrorista. Es ahora cuando se requiere contención y prudencia para no dar la imagen de que es el Estado el que va detrás de ETA y de que es ETA la que marca los tiempos. PLAN DE IGUALDAD: DE LA LEY AL CONVENIO A Ley de Igualdad es un ambicioso proyecto del Gobierno que aborda tantos y tan diversos asuntos que corre el riesgo de quedarse en una mera expresión de voluntades si no se acotan con meridiana precisión aspectos de tan hondo calado como el de la discriminación laboral por razón de sexo, la protección a la maternidad o la igualdad retributiva, entre otros problemas cotidianos que- -en muchas ocasiones, sobre todo para las mujeres- -se convierten en verdaderos dramas silentes. Por encima de apartados como el del permiso de paternidad, la ley pretende definir, sin demasiado margen para la ambigüedad, conceptos como el del acoso laboral y la discriminación sexual en las empresas bajo la premisa de que toda conducta discriminatoria será nula de pleno derecho y dará lugar a una indemnización disuasoria y proporcional al perjuicio sufrido siendo el demandado el que deberá aportar una justificación objetiva y razonable, suficientemente probada de las medidas adoptadas Se invierte así la carga de la prueba, de tal manera que será el demandado quien deba demostrar su inocencia. Notable cambio que obligará a las empresas de más de 250 empleados a intentar trasladar el espíritu y la letra pequeña de la ley al marco de sus convenios colectivos. L PUTIN EN ESPAÑA UE Vladimir Putin visite España es una buena noticia. Favorece el marco de las relaciones bilaterales y, de paso, le confiere a la agenda del presidente Rodríguez Zapatero un aire menos doméstico de lo que viene siendo desgraciadamente habitual. Y no porque los temas nacionales que ocupan a nuestro presidente no sean de interés y gravedad, sino porque la realidad de los acontecimientos mundiales nos alerta de que fuera de nuestras fronteras hay un más allá inquietante que exige de España una política exterior a la altura de las circunstancias. Con todo, hay que señalar notables diferencias entre la visita actual de Putin y la anterior. Entre junio de 2000 y hoy ha transcurrido un periodo que coincide con el tiempo que lleva Putin como presidente. Rusia ha recuperado su estabilidad interior y ha experimentado un cierto aliento de prosperidad gracias a las exportaciones de gas y petróleo. Sin embargo, es evidente que el país ha sufrido también un evidente deterioro democrático. No sólo por el fuerte autoritarismo populista con el que Putin impregna su política, sino porque hay ámbitos de su gestión de Q dudosa legalidad. De hecho, la detención de Mijail Jodorkovsky, las denuncias de corrupción que afectan a numerosos periodistas y medios de comunicación, la madeja de intereses económicos que envuelve el Kremlin y las más que discutibles formas de represión empleadas en la lucha contra el terrorismo checheno conforman, entre otras decisiones, un panorama que hace de Rusia un país que, en estos momentos, está lejos de poder ser considerado una sociedad abierta homologable. Por otro lado, la diplomacia del gas seguida en la periferia de la antigua URSS desvela la voluntad rusa de establecer un cordón de influencia geopolítica sobre Ucrania y Georgia, para lo cual Putin no ha dudado en emplear prácticas de presión económica inadmisibles, ya que han logrado desestabilizar peligrosamente la difícil situación política interior que viven sus vecinos. Finalmente, la tibia actitud rusa en la cuestión nuclear iraní y las relaciones mantenidas en los últimos años con el régimen de los ayatolás exigen de Putin un compromiso inequívoco con la comunidad internacional. De lo contrario, la respetabilidad de su régimen habrá dado un giro aún más inquietante.