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64 MARTES 7 2 2006 ABC FIRMAS EN ABC sayar la potencia del raciocinio humano. Uno de los más ilustres pensadores de finales del siglo XIX, el matemático alemán David Hilbert, llegó a ponerse al frente de un programa que pretendía resolver la cuadratura del círculo en la matemática definiendo un conjunto completo y congruente de axiomas a partir del cual se respondiera a cualquier pregunta y se resolviera todo problema matemático que pudiera plantearse. No estuvo sólo en este empeño, y afamados colegas se lanzaron también por ese ambicioso camino. En la fecha de su retiro, en 1930, Hilbert tenía motivos para sentirse satisfecho, pues parecía cercano el día en que se culminara su plan de perfección. Pero un duro golpe le aguardaba en la figura de un extravagante joven matemático proveniente de las tierras del Imperio austro- húngaro: Kurt Gödel. Con una certera intuición, Gödel arruinó en 1931 el sueño de tantos matemáticos con dos breves axiomas. En un prolijo lenguaje, vino a decir dos cosas: si el conjunto de axiomas lógicos de una teoría es coherente, existen siempre en ella proposiciones que no pueden demostrarse ni refutarse. Además, ningún proceso lógico constructivo podrá demostrar que una teoría axiomática es coherente. Por resumir, hizo patente que desde la propia lógica no es posible construir sistemas completos y congruentes, pues siempre queda un margen de indecibilidad para el cual el matemático no podrá nunca afirmar ni negar que ciertos axiomas sean correctos. Apenas cuatro años antes, el físico alemán Werner Heisenberg había demolido otro sueño científico semejante: el de la todopoderosa fuerza del empirismo. De los trabajos de Heisenberg se deduce que a escala atómica el mero acto de medir deforma el fenómeno observado, o lo que es lo mismo, en toda medida existe una incertidumbre intrínseca que impide se conozcan con exactitud los valores de las magnitudes físicas. Así pues, en tan breve lapso de tiempo, los dos grandes pilares del avance científico, la experimentación y la razón quedaron en entredicho, al menos en su forma más clásica y petulante. Fue en aquellos años prodigiosos cuando nació una nueva manera de pensar la ciencia, acotando sus límites mediante la incertidumbre y la indecibilidad. Necesitamos más aspirantes a ingenieros aeronáuticos y a científicos que aspirantes a las pasarelas, los focos y los horteras escenarios de los programas de televisión financiados con dinero público. Ese es el modelo que proporcionan a una buena parte de la ciudadanía, que aparentemente parece afectada por un extraño virus, un sintomático idiotismo que conforma una existencia ciertamente dramática. ¿Qué está ocurriendo? Mahatma Gandhi refería: La gente se arregla todos los días el cabello ¿por qué no el corazón y la mente? Está transmitiendo la prensa y la sociedad española en su conjunto una vulgar cultura basura de conceptos perversos y valores huecos, alejada de los verdaderos intereses de un país que quiere avanzar por el progreso de las ideas y de los valores transcendentes. ¡Que alguien haga algo, por favor! FAUSTINO MERCHÁN GABALDÓN DE LA ACADEMIA MUNDIAL DE CIENCIAS. INGENIERO Y ESCRITOR LA HUMANIZACIÓN DE LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA: LUCES Y SOMBRAS Mahatma Gandhi refería: La gente se arregla todos los días el cabello ¿por qué no el corazón y la mente? componer una serie de hipótesis que explicaran definitivamente el Universo (como actualmente la Teoría Unificada de las Fuerzas) Cuando se proyecta una obra de ingeniería, debe existir una armonía- -lo que para los griegos clásicos significaba una proporción, una medida sin excesos- una coherencia entre la tipología estructural, el tratamiento que se da a los materiales con los que se trabaja, los fundamentos técnicos- -tanto en su diseño como en su construcción- la economía de la obra y su belleza. Es posible que alguno de estos factores prevalezca sobre los demás en casos concretos, pero siempre se debe tener en cuenta una relación armónica entre todos ellos. Cuando no se ha considerado alguno de estos factores, o se abusa de uno sobre los demás, se produce un desequilibrio, un exceso- -una hybris que llamaban los griegos, que era el peor defecto de los dioses- -y, necesariamente, el resultado no puede ser otro que el de una obra mal proyectada. Los periodistas y creadores de opinión encomian a personajes del mundo de la farándula, del fútbol y la política, fundamentalmente, pero no crean opinión sobre las personas que trabajan, investigan, crean y contribuyen al avance de la especie humana, con realizaciones como las obras de ingeniería al servicio de la sociedad en su conjunto y que proporcionan seguridad y bienestar, resultando impresionantes por su poder de modificación de la naturaleza, así como señalar los principales hitos de la humanidad con el desarrollo de las infraestructuras de comunicación y de transporte, fundamentalmente, la aventura espacial, la aventura genética, la I+ D +i, etc. ¿Qué ejemplo se está creando para las sucesivas generaciones de españoles? ¿Por qué no se pone coto a tales desmanes? Las matemáticas se antojaban como un campo de pruebas idóneo donde en- H ACE cien años, Albert Einstein sentó las bases de la nueva física. En apenas unos meses, aquel ingeniero de la Oficina de Patentes de Berna colocó los cimientos de la física que nos permitieron entender la complejidad de las leyes por las que se rige el universo. Los rayos láser, los ordenadores, la televisión, los satélites o la energía son productos de los pensamientos y teorías de Einstein. Esto nos muestra que la ciencia abre paso cada vez más a la ingeniería. En su primer artículo, en la revista Annales der Physik, sin negar la teoría ondulatoria que se conocía hacía un siglo, señalaba que la luz es a la vez ondas y partículas. Aquello desafiaba el sentido común, pero le valió en 1921, el Premio Nobel. El segundo artículo desarrollaba su teoría sobre los átomos y las moléculas. El tercer artículo lo dedicaba a la manifestación microcósmica del movimiento de los átomos. El cuarto y más conocido se refería a la electrodinámica de los cuerpos en movimiento. Era el fundamento de la relatividad y entraba en conflicto con la mecánica clásica, E M c 2 es la fórmula física más célebre de la historia. En los diez años siguientes estableció la noción espacio- tiempo y generalizó la teoría de la relatividad que serviría de base a la cosmología científica. El ingeniero Einstein nos muestra el camino de convergencia de las teorías en su aplicación práctica y del crecimiento inimaginable de las tecnologías orientadas al servicio de la realidad social. Para Kant, la dignidad de la persona arranca de su condición de individuo que es. El fundamento de la dignidad de la persona radica en su autonomía individual que le permite ser él mismo y libre a la vez. Para Aristóteles, el paradig- ma del hombre bueno era el de la persona virtuosa. Hoy, cuando empleamos el adjetivo virtuoso lo restringimos a los artistas. Algunos músicos son virtuosos, algunos pintores o escultores. Y los demás, parece como si sólo pudiéramos aspirar, en el mejor de los casos, a ser buenos profesionales. El movimiento ilustrado, el siglo de las luces fue tan pobre como el emotivismo o el idealismo alemán. Quizá, se me ocurre, antes de buscar el Santo Grial o la excelencia deberíamos conformarnos con lograr la síntesis. Incluso, tal vez algunos, aún antes de hablar de excelencia, debieran escarbar en la decencia. Síntesis decía, entendida como un proceso que conduce al reencuentro con el hombre, con lo propiamente humano. Un proceso, por lo tanto que bien podríamos denominar con propiedad, de humanización. Y esto pasa por aceptar al hombre tal como es. Ese compendio casi místico y atávico de valores, vicios, necesidades, capacidades para satisfacerlas y, todo ello, bajo el horizonte de lo limitado, de lo vulnerable. Aquello que era el centro del Cosmos durante el Renacimiento, admitamos que es frágil, vulnerable y limitado. ¡Gracias a Dios! Porque lo sólido, eterno e inmutable al no ser de este mundo no requiere de atención. El hombre sí. Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo decía Arquímedes en la Antigüedad. Esta frase, referida al uso de palancas y otros artilugios mecánicos, bien pudiera haber resumido el sentir de los científicos del siglo XIX, admirados del poder de sus teorías y ufanos de poder desafiar con sus aplicaciones a las fuerzas de la naturaleza. El ideal científico de aquella época aspiraba a AGUSTÍN CEREZALES ESCRITOR LA FRUGALIDAD N ideal humano: sentir la tierra, las cosas, la realidad. Percibirlas en su justa medida, conocerlas en su intensidad plena, proporcionada, sin distorsiones. Esto exige un equilibrio. O mejor dicho, cierta frugalidad. Virtud modesta, sin altares ni filacterias, que se practica casi en régimen clandestino, a mi entender la frugalidad merece mayor estima. En primer lugar, permite apaciguar los deseos sin reprimirlos más de la cuenta. U Acto seguido, una vez despejada esa niebla, el adepto disfruta además de las fuerzas suficientes para mantenerse en pie, para atender los afanes del día sin que lo enreden en su maraña de cabos sueltos... La frugalidad afecta al comer, al beber, pero también a otras actividades, por pura contigüidad, relación del estómago con el cerebro, de tal forma que finalmente, en general, pone tasa a los excesos, del orden que sean, y proporciona una atalaya clara y limpia a la conciencia. Puede decirse que es condición insoslayable de nuestra libertad. ¿Se le ocurre a nadie algo más necesario al bien público y al particular, no sólo en todo tiempo, sino especialmente ahora, cuando vivimos el apogeo de una cultura cuya economía descansa en la exacerbación de deseos inalcanzables? El deseo y la felicidad no pueden vivir juntos decía Epicteto. Y Marco Aurelio, siguiendo su estela, escribió lo siguiente, tan poco correcto en estos días de turismo invernal: Para descansar se buscan las apacibles soledades del campo, las orillas del mar o las serenas montañas. Tú también deseas esto ardientemente y con frecuencia. Y, sin embargo, todo esto no es sino prueba de vulgaridad de espíritu, ya que en cualquier momento que elijamos podemos buscar un retiro incomparable dentro de nosotros mismos