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28 Internacional LAS CARICATURAS DE LA IRA MARTES 7 2 2006 ABC La carta de Zapatero y Erdogán es bien vista por EE. UU. b En la ONU, el portavoz de Kofi LA CENSURA DEL MIEDO IRENE LOZANO. Periodista, lingüista y Premio Espasa de Ensayo 2005 Annan destacó que el conflicto de las caricaturas refleja por qué necesitamos iniciativas como la Alianza de Civilizaciones MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL NUEVA YORK. Es útil y razonable sintetizaba Charles Kupchan, ex director de Asuntos Europeos del Consejo de Seguridad Nacional, al comentar la declaración conjunta de José Luis Rodríguez Zapatero y el primer ministro turco, Recep Tayip Erdogán, sobre las polémicas caricaturas. Kupchan, en la actualidad analista del Council of Foreign Relations y profesor de la Universidad de Georgetown, considera que se trata de un intento de inyectar un poco de razón y de moderación. Éste alabó asimismo el equilibrio del texto, en el que defienden la libertad de expresión mientras piden un poco de sensibilidad hacia otras culturas para que se eviten provocaciones innecesarias En su opinión, estas expresiones interculturales por parte de gobiernos europeos puede ayudar a calmar la indignación del mundo musulmán. La carta comparte la línea de moderación seguida por la Casa Blanca y el Departamento de Estado. El portavoz de este último, Sean McCormack, recordó que nuestro pueblo se compone de gente de diferentes culturas, etnias y religiones, que suponen nuestra fuerza como país, por lo que es importante respetar esas diferencias El Departamento de Estado dijo no tener nada que añadir a los comentarios de su portavoz, porque no se pronuncian sobre declaraciones de otros líderes. Respeto para todos La Casa Blanca condena la publicación de las caricaturas, que dice encontrar ofensivas, pero también pidió que quienes la critican alcen también la voz contra otras expresiones antisemitas y anticristianas que se dan en el mundo árabe. En la ONU, el portavoz del secretario general, Kofi Annan, Stephane Dujarric, no quiso entrar en los detalles de la carta, que no fue enviada ni al Consejo de Seguridad ni al secretario general, pero destacó que el conflicto de las caricaturas refleja por qué necesitamos iniciativas como la Alianza de Civilizaciones, que ha sido tan respaldada por el secretario general Para el portavoz de la ONU, cuando pasemos las condenas y la violencia, veremos que lo que realmente necesitamos son instituciones de este tipo que promuevan el diálogo para evitar incidentes como éste i un marciano ajustara su telescopio para tratar de entender la ira de algunos terrícolas que queman banderas danesas y asaltan embajadas, se quedaría perplejo al descubrir que su furia no se desató en respuesta a sus gobiernos autoritarios ni por los presos de Guantánamo, en su mayoría musulmanes, sino ¡por un dibujo! ¿Realmente una caricatura en un periódico constituye la principal preocupación del Islam actual? No lo creo, pero si fuera así, pueden quedarse tranquilos: al menos en los próximos 30 años, nadie en Europa se atreverá a publicar un dibujo de Mahoma. Así que tenía razón el diario Jyllands Posten, que suscitó el debate ante la sospecha de que existía autocensura para representar al profeta de la religión musulmana. La discusión se podía haber conducido con más tino, porque no es lo mismo quebrantar el tabú religioso representando a Mahoma, sin más, que identificarlo con el terrorismo poniéndole una bomba en el turbante. Eso es un exceso, lamentable, como los que se dan con cierta frecuencia: es el precio a pagar cuando se permite a la gente decir lo que piensa, y se suele solventar con la correspondiente petición de disculpas del medio. Pese a la torpeza en su ejecución, el conflicto ha resultado clarificador: antes albergábamos la duda de si el temor a una reacción violenta estaba provocando autocensura en la prensa, ahora tenemos la certeza de que es así. Además podemos barruntar que también están atenazados por el miedo los cineastas, si les viene a la memoria la muerte de Theo Van Gogh; los escritores que recuerden la persecución a Salman Rushdie; y hasta los traductores que no hayan olvidado a Hitoshi Igarashi, asesinado por verter al japonés Los versos satánicos. Y no faltará quien piense que podemos prescindir de ese dibujo de Mahoma, de esa película contra el sometimiento de las mujeres musulmanas y del libro de un apóstata, que podemos vivir sin ello y es mejor no molestar. Habrá bienintencionados que crean todo eso porque la realidad de hoy es un confuso laberinto de pasillos repletos de información donde nunca se encuentra el hilo que conduce a la comprensión de los hechos. Porque a las imágenes televisivas de odio les suceden los discursos chamánicos apelando al respeto, sin que nadie recuerde que los clérigos no buscan ser respetados sino temidos. En los momentos críticos, como éste, no conviene entretejer palabras vagas con ambigüedades y contradicciones, pero estos días se ha hecho sin desmayo: desde la Casa Blanca, que es partidaria de defender la libertad con bombas, pero desaconseja hacerlo con viñetas, hasta un tertuliano al que oí decir que no hay que ceder en la libertad de expresión, pero un poco sí Pues no. Y sería muy de agradecer S Se trata simplemente de decir con toda tranquilidad a imanes y clérigos que la prensa está para molestar que los gobiernos europeos no eludieran la defensa inequívoca de la libertad de expresión, porque si lo hacen estarán entregándole en bandeja ese discurso a las excrecencias neonazis y fascistas de nuestra sociedad, que pueden aprovechar esta mecha encendida para hacer estallar una ola de islamofobia. Se trata simplemente de decir con toda tranquilidad a imanes y clérigos que la prensa está para molestar y la creación crítica también. Porque podemos vivir sin una película como Sumisión y sin un libro como Los versos satánicos, pero no sin todas las películas y los libros satíricos o críticos con el fanatismo religioso. La libertad de expresión y de crítica es mucho más que un valor occidental, es un derecho humano, recogido en el artículo 19 de la Declaración Universal. Eso significa que no sólo los occidentales debemos aspirar a ejercerla al máximo, sino que también debemos luchar para que se haga extensible a todo el planeta. No hay excepción cultural ni religiosa cuando hablamos de derechos humanos. Que en estos días varios dirigentes europeos se hayan plegado y hayan acusado a ciertos medios de incurrir en la provocación por ejercer ese derecho, mientras se incendiaban embajadas, equivale a culpabilizar a una mujer violada por llevar minifalda: al menos deberíamos tener claro quién es víctima y quién verdugo en este conflicto. Cuando se albergan dudas sobre si en el ejercicio de la libertad de expresión se han sobrepasado los límites, se recurre al Código Penal. El español castiga, en su artículo 525, la ofensa a los sentimientos religiosos, pero son los tribunales quienes han de dirimir Si cedemos en esto habremos aceptado que los preceptos del Corán son de aplicación universal Que varios dirigentes europeos se hayan plegado, equivale a culpar a una mujer violada por llevar minifalda qué se considera legalmente ofensivo. Para hacerse una idea, baste recordar que un juzgado archivó la querella contra el director de la obra titulada Me cago en Dios, porque consideró que se encontraba a una distancia abismal de la ofensa. No obstante, amparados por la libertad de expresión, los manifestantes pudieron acudir a la puerta del teatro para mostrar su indignación. En ese marasmo de solemnes proclamas de nueve segundos se ha llegado a afirmar que el respeto es un valor fundamental de las sociedades occidentales, cuando sabemos que lo que va de la mano de la libertad es la tolerancia: no estamos obligados a respetar todas las ideas que campan por los periódicos o las radios, algunas de ellas francamente estúpidas, pero sí a tolerarlas. Por eso libertad y tolerancia se administran en iguales dosis, para facilitar la convivencia con los que piensan, sienten o creen de otra forma, y nos ejercitemos en tolerar a quienes expresan convicciones verdaderamente repugnantes. De libertad y tolerancia ninguna de las grandes religiones monoteístas puede dar lecciones, porque todas cargan con una larga historia de persecución a los infieles y de opresión a los creyentes, especialmente a las mujeres. Si algo se ha conseguido en Europa, tras siglos de lucha, es instaurar la separación de la Iglesia y el Estado. Y a día de hoy es evidente que el cristianismo ha facilitado la instauración de mayores cotas de libertad y sabe convivir mejor con ella; el Islam, por el contrario, viste aún los ropajes del totalitarismo y sus clérigos aspiran a regular todos los aspectos de la vida social y personal. Eso y no otra cosa es la sharia, en nombre de la cual se puede matar legalmente a una mujer si se demuestra que no era virgen al contraer matrimonio. Que los musulmanes no dibujen a Mahoma me parece excelente, pero pretender que se extienda a Europa esa prohibición es una locura: las admoniciones religiosas incumben a los que profesan un determinado credo y ninguna religión tiene autoridad para decirnos cómo debemos vivir quienes no la practicamos. El debate abierto por las caricaturas de Mahoma va mucho más allá de la libertad de prensa y concierne a todos los ciudadanos. Si cedemos en esto, no sólo se habrán ampliado las zonas de sombra en el siempre oscuro discurrir de la libertad de expresión, sino que además habremos aceptado que los preceptos del Corán- -su interpretación más extrema, para ser exactos- -son de aplicación universal. Y esto nos perjudica a todos, porque los europeos nunca aceptaremos rebajas de nuestros derechos fundamentales para contentar a ninguna religión. Así que ahorrémosle sobresaltos al marciano diciendo bien claro que esto no versa sobre un dibujo, sino sobre los derechos humanos. Y que se tienten la ropa tanto los que puedan tratar de aprovechar el miedo para sembrar odio como los que intentan cuadrar el círculo contemporizando con el fanatismo religioso.