Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MARTES 7 2 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA TODOS SOMOS DANESES LGUIEN ha recordado en estos días de infamia el heroico testimonio del rey Christian de Dinamarca, que colocó en su pechera una estrella amarilla para enfrentarse a la persecución nazi. Sorprende, sin embargo, que cuando los nuevos fanáticos- -no tan nuevos, por desgracia: hay un sustrato de fanatismo y de aniquiladora intolerancia encastrado desde hace siglos en la médula misma del islam- -han puesto de nuevo a Dinamarca en el punto de mira de su sangrienta y colérica yihad, una parte significativa de la dirigencia europea se dedique a templar gaitas con los agresores para tratar de eludir el blanco de la ira teocrática. Incluyendo, por cierto, a algún preboste vaticano, inesperadaIGNACIO mente arrebatado de ecuCAMACHO ménica fraternidad monoteísta, quizá escaldado por los escarnios que los símbolos católicos sufren impunemente en el Occidente laico sin que nadie se rasgue demasiado las vestiduras del escándalo. Todos somos daneses, sin embargo, ante esta arremetida de atroz irracionalidad que pone la sociedad abierta en el punto de mira de la locura fundamentalista. No valen paños calientes ni golpes de pecho; las viñetas satíricas que han provocado el terremoto podrán ser soeces, inadecuadas o simplemente torpes, pero no es la anécdota del pretexto sino la categoría de la esencia lo que hay que defender. Se echa en falta la claridad de los principios en todas esas declaraciones apaciguadoras de ministros y líderes europeos que entienden el derecho de los musulmanes a sentirse ofendidos y se limitan a pedir un poco de calma a quienes no la van a dar porque no conocen la templanza en su belicoso espíritu de liquidación de la diferencia. En estos días tormentosos, inicuos, se echa de menos un dirigente con coraje que ponga los puntos de la dignidad sobre las íes del valor civil. Que diga, más o menos, lo siguiente: Señores musulmanes, ya está bien. Esos dibujos serán más o menos afortunados, pero están amparados en un derecho que para nosotros es sagrado porque sobre él hemos construido la civilización de la libertad. No vamos a sancionar a nadie por dos razones: porque en el Occidente democrático no condenamos ninguna expresión aunque no nos guste, y porque la única sanción que cabría, que es la de un cierto desprecio moral, no les iba a dar a ustedes satisfacción alguna. Y porque lo que ustedes cuestionan no son las caricaturas, sino el derecho a publicarlas, y sabemos por amarga experiencia que, como dijo Tony Blair tras los atentados de Londres, sería un error catastrófico creer que porque nosotros cambiemos ustedes van a cambiar. Así que mucho cuidado, no nos vayamos a cabrear nosotros En vez de eso, lo que tenemos son ministros y presidentes haciendo buenismo de saldo con la milonga de la alianza de civilizaciones, tratando de aplacar una fiera que sólo ve en nosotros una profunda debilidad. No es Dinamarca ni son las viñetas lo que está en el centro de la diana, sino nuestra trabajosa, amada y, por desgracia, menguante libertad. A ENTRE EL FANATISMO Y LA FE U N consulado en llamas es el signo perfectamente aciago de una convivencia internacional descarriada y malsana. Entre la publicación en Dinamarca de las caricaturas de Mahoma y el estallido mundial de la indignación musulmana ha transcurrido un lapso de tiempo suficiente para que se vea el surco de una estrategia. Ese surco irriga de exaltación no pocas capitales musulmanas. Las causas son múltiples: más allá de la indignación del creyente, una de ellas puede ser la pretensión de islamizar el discurso político europeo. Es más: el escenario, siendo europeo en su dimensión más inmediata, tiene ya características globales. La sala de prensa de la Santa Sede declara que el derecho a la libertad de pensamiento y de expresión no puede implicar el derecho a herir los sentimientos religiosos de los creyentes: Tal principio vale evidentemente para todas las religiones En otros términos: exige reciprocidad, algo difícil VALENTÍ cuando se parte de concepciones distinPUIG tas en elementos tan cruciales como la libertad de expresión y la libertad de conciencia. La Declaración Islámica de los Derechos del Hombre matiza que la libertad de conciencia está limitada a la libertad de ser musulmán y la libertad de expresión queda circunscrita al marco restringido de la ley musulmana. No hay ahí una esfera de lo religioso y un mundo de lo político: todo es lo mismo, todo es religión, nada es laico. Para el mundo occidental, la libertad de conciencia, junto con la libertad religiosa, es la razón ética del Estado democrático de Derecho, el origen de la entidad libre del individuo. Ahora bien, el individualismo no es un valor para el islam. Tampoco es lo mismo la fe que el fanatismo. Véase la propaganda anticristiana y judeófoba en la prensa árabe. Como ha ocurrido en casi toda Europa en los últimos años, Dinamarca ha pasado de unas políticas inmigratorias libérrimas a cierta restricción en materia- -por ejemplo- -de reagrupación familiar. Respecto a la liber- tad religiosa, mantiene una legislación muy abierta, favorable a la escuela musulmana. Allí llegan las ramificaciones de las redes de los Hermanos Musulmanes y de Al Qaida. Dinamarca, como la Holanda que vio caer asesinado al cineasta Teo Van Gogh, ha sido un país pionero en las prácticas del multiculturalismo. Ahora la pregunta sería cuál es el precio a pagar por la libertad de expresión cuando el pluralismo cede el paso a la parcelación multicultural. Pero, de otra parte, sabemos que al haber relativizado y desacralizado tanto los símbolos religiosos- -los del cristianismo, para empezar- -cuesta darse cuenta de lo que significan para quien cree. La libertad de expresión es algo consustancial a la sociedad abierta, como también lo ha de ser la coexistencia entre religiones, en el ámbito de la tolerancia. No es marginal que el paroxismo de violencia fanática frente a la Embajada danesa en Turquía conduzca a una hipótesis que ya no es estricta política- ficción. En su libro Choque de civilizaciones Samuel Huntington escribió en 1996 sobre la ausencia de un Estado central islámico como factor crucial en los conflictos internos y externos generalizados que caracterizan al islam. Todavía en la estela del kemalismo, Turquía tiene el peso demográfico, económico y militar para ser ese Estado central del islam. Con un partido islamista moderado en el poder, continúa definiéndose como Estado laico, pero- -como insinúa Huntington- -Turquía podría estar dispuesta a abandonar su enojoso papel de mendigo que suplica su ingreso en Occidente y a retomar su papel histórico, mucho más impresionante y elevado, como el principal interlocutor y antagonista islámico de Occidente Son días de agudo desasosiego para Europa. Entre el derecho a decir y el deber de respetar está eso que llamamos libertad. Por otra parte, una cosa es el respeto y otra la intimidación. El respeto no puede ser predeterminado por la intolerancia: requiere reciprocidad. Sin reciprocidad, el choque está garantizado. Larga vida a Dinamarca. vpuig abc. es