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ABC LUNES 6 2 2006 Madrid 39 La Policía sospecha que el secuestro y asesinato de un confidente fue ejecutado por sicarios colombianos Los captores no pidieron ningún rescate ni se pusieron en contacto con sus presuntos jefes b El hombre que apareció muerto en Latina contaba con múltiples antecedentes. Fue condenado en el caso Ucifa de la Guardia Civil por el pago con cocaína a confidentes M. J. ÁLVAREZ C. MORCILLO MADRID. Un pasado como confidente de agentes de estupefacientes tanto de la Guardia Civil como de la Policía- -sobre la relación actual hay versiones contradictorias- y una vinculación con grupos de narcos de varias nacionalidades, más allá de la profesional son las dos hipótesis que están detrás de la muerte de José Luis Recuero del Pino, de 60 años. Su cadáver tiroteado fue hallado el sábado en un descampado próximo al kilómetro 10 de la A- 5, en el distrito de Latina. La Policía sospecha que el crimen obedece a una venganza de una banda colombiana, y que para ejecutarla, se habría contado con algún sicario llegado ex profeso desde su país para borrar cualquier pista. En la trastienda del caso está el secuestro de doce días que sufrió Recuero en el que los delincuentes no han pedido ningún rescate ni movido ficha en ningún sentido. Si hubieran querido matarlo por una deuda o algún asunto similar lo habrían hecho el primer día. Creemos que buscaban obtener información, bien porque sospecharan de una delación o para vengar algún asunto pasado relacionado con las drogas señalan fuentes de la investigación. El hombre hallado muerto cerca de la A- 5 resultó ser un confidente que había sido secuestrado a finales de enero ción en el seno de la Unidad Central de Investigación Fiscal y Antidroga de la Guardia Civil en 1993. Era uno de los confidentes a los que los efectivos del Cuerpo pagaban los servicios prestado con droga, con la que después traficaba el receptor. La Audiencia Nacional condenó a seis agentes y a dos soplones entre ellos el fallecido, conocido como uno de los hermanos Dalton el otro, es el ecuatoriano José María García Gutiérrez, su cómplice en las fechorías, al que se le impuso una pena de diez años de cárcel. A tenor de estos hechos, y, dado que EFE Se ha investigado a clanes gitanos, grupos marroquíes, españoles y suramericanos en busca de una dirección la víctima colaboró también en su día con la Brigada de Estupefacientes de Málaga, de inmediato se relacionó el secuestro con el tráfico de droga. Nada volvió a saberse de Recuero hasta que apareció su cadáver. Su cuerpo presentaba tres impactos de bala- -dos en el lado izquierdo del pecho y Auténticos profesionales detrás La víctima fue asesinada horas antes de que se encontrara su cuerpo- -estaba perfectamente afeitado y aseado, con las ropas limpias- Es probable que haya estado retenido en algún escondite próximo a Madrid y con menos control policial. El informe forense no ha trascendido, pero no se descarta que Recuero fuera torturado para que facilitara la información que buscaban los captores. Hasta el hallazgo del cadáver, media Brigada de Policía Judicial y los agentes de la UDEV Central han estado removiendo todas las organizaciones criminales que actúan en Madrid. Ni las vigilancias ni las comunicaciones interceptadas dieron resultados, de ahí que se sepa con certeza que quienes están detrás son auténticos profesionales. Han investigado grupos de etnia gitana, colombianos, españoles e, incluso, marroquíes, conscientes de que el reloj jugaba en su contra. A las 48 horas de la denuncia ya veíamos que esto tenía muy mala pinta señala uno de los agentes, y más con los antecedentes del secuestrado. Esos antecedentes pasan por una condena a nueve años de prisión en 1997 por su relación con el denominado caso Ucifa que destapó la corrup- Capos gallegos, colombianos y la Camorra se aliaron para matar a otros dos soplones Pago de una deuda, secuestro y asesinato. El mismo guión que acabó con la muerte del confidente José Luis Recuero se ha repetido en otras ocasiones con distintas variantes. Aunque la retención, tortura y la extrema violencia forman parte del modus operandi habitual de los narcos ya no los utilizaban como antaño, limitándose a matar a sangre fría. No obstante, de confirmarse las sospechas policiales en el caso de Latina, los sicarios habrían retomado sus viejos métodos. En esta línea, basta recordar un caso célebre, por lo espeluznante, ocurrido en octubre de 2002. Fue el doble secuestro de una pareja por orden de capos gallegos, colombianos y la Camorra. Estos grupos mafiosos se aliaron para matarles por una deuda de droga y por soplones. En Escalona (Toledo) se fraguó el dramático final para ambas víctimas: Emiliana Fernández Garrido, de 41 años, y su compañero, Carlos José Lapa, de 30. En este caso los captores sí pidieron rescate: los 50 millones de pesetas que adeudaba la mujer, que se quedó con una partida de droga. Como el cerco policial se iba estrechando, los mafiosos interrumpieron el contacto. La pareja fue torturada hasta la muerte y enterrada en la tumba que ellos mismos tuvieron que cavar. otro en la frente- realizados, según todos los indicios, en otro lugar. Cuando los agentes de Homicidios, encargados de investigar el asesinato, le tomaron las huellas dactilares a fin de averiguar su identidad y poder arrojar alguna luz sobre el macabro suceso, las peores sospechas se confirmaron. Todo comenzó a encajar. El cadáver resultó ser el de Recuero, vecino del distrito de Fuencarral, casado y padre de tres hijos. Había sido secuestrado el 24 de enero en la misma puerta de su casa- -situada en Sinesio Delgado- por un grupo de personas de piel oscura cuando iba a una cita. Los delincuentes le obligaron a subir a su propio vehículo- -un todoterreno que no ha aparecido- acompañado por uno de los citados individuos. Partieron en dirección desconocida, seguidos por un segundo coche con el resto de los captores. La escena fue vista, con impotencia, por uno de sus vástagos, que comunicó los hechos a la Policía, e interpuso la denuncia por lo que se creía que era una detención ilegal. Saldadas sus cuentas con la justicia En la actualidad no colaboraba con las Unidades Provincial ni Central de Estupefacientes, aunque se investiga si volvió a esa tarea en Málaga o pudo hacerlo para el Instituto Armado. Entre sus múltiples antecedentes se encuentran el robo con violencia e intimidación, estafa, contrabando, y otros delitos relacionados con el narcotráfico, al margen del caso Ucifa. Ya había pagado por ellos, y no tenía ninguna cuenta que rendir ante la Justicia, aunque parece que sí ante otros.