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24 LUNES 6 2 2006 ABC Internacional La quema de embajadas llega al Líbano en un peligroso efecto dominó Dimite el ministro de Interior, que no autorizó el uso de armas de fuego para detener la revuelta b Un sacerdote italiano es asesina- do a tiros al salir de su parroquia en Trebisonda, sin que la nunciatura apostólica en Turquía confirme su relación con las protestas JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. Dos más dos también son cuatro en Oriente Próximo. Por eso, la quema el sábado de las embajadas danesa y noruega (más la chilena y sueca por añadidura) en Damasco, televisada en directo por todas las cadenas de información por satélite occidentales y árabes, tenía garantizado su efecto dominó a las primeras de cambio. Y el Líbano, y Beirut, donde los tentáculos sirios permanecen aunque se retiraran hace medio año sus tropas, tenían todas las papeletas para contagiarse de la ira incendiaria musulmana. Dicho y hecho, dos más dos también son cuatro en Oriente Próximo. Miles de personas tan enfurecidas como el sábado en Damasco, tan exaltadas como el sábado en Damasco, tan fanáticas y fuera de sí como el sábado en Damasco, quemaron ayer en Beirut, en ese Beirut víctima durante quince años de una guerra civil en la que también se entremezclaron con sangre, fuego, sudor y lágrimas los fanatismos religiosos, el consulado danés. Lo hicieron a golpe de cóctel molotov, de piedras, de palos, de enfrentamientos a cara de perro con unas Fuerzas de Seguridad mucho más comprometidas que las sirias veinticuatro horas antes, pero también impotentes. ron la violencia y el fanatismo. También lo hicieron los políticos. El primer ministro suní, Fuad Siniora, dijo que se siente, sobre todo, avergonzado: De este modo no se defiende el islam ni al profeta Mahoma sentenció. Desde París, Saad Hariri, hijo del ex primer ministro libanés Rafic Hariri, asesinado el 14 de febrero de 2005, acusó sin contemplaciones a Siria de estar detrás de las algaradas y aseguró que agentes de otro país (no precisó la nacionalidad, no hacía falta) habían sido detenidos entre los manifestantes. Detenidos sirios y palestinos Tal fue el revuelo causado en la capital libanesa que, finalmente, el ministro de Interior, Hassan Sabah, que se negó a autorizar el uso de armas de fuego para apagar la revuelta, presentó ya de noche su dimisión en una reunión de urgencia convocada por el presidente, el prosirio Emile Lahud. Al cierre de esta edición no quedaba claro si su renuncia era aceptada, pero sí que entre los 174 detenidos había al menos 76 ciudadanos sirios y 38 palestinos. Beirut, donde se reforzó la seguridad en todas las sedes diplomáticas, incluida la española, fue el escenario elegido ayer para la representación de ira, odio, rencor y sed de venganza que triunfa en Oriente. No fue, sin embargo, el único. También hubo incidentes Un grupo de radicales pasa ante el consulado danés en Beirut en Nablus (fue atacado el centro cultural francés) El Cairo, Kabul, Bagdad... Puede que la locura, en este caso asesina, se extendiese también hasta la ciudad turca de Trebisonda, en las costas del Mar Negro, donde un turco mató a tiros a un sacerdote italiano, Andrea Santoro, de 60 años, cuando salía de decir misa en su parroquia. Según la nunciatura apostólica en Turquía, el agresor habría gritado Alah uAkbar (Dios es el más grande) en el momento de apretar el gatillo. El efecto dominó sobrepasa pues los límites territoriales y, para desgracia de casi todos, son muchos los que bus- Los gobiernos musulmanes echan leña al fuego J. CIERCO JERUSALÉN. No hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta repiten a coro los exaltados musulmanes que convierten en teas las embajadas y los consulados nórdicos en Damasco o Beirut; que atacan las sedes diplomáticas y culturales en Gaza y Nablus; que se manifiestan airados en las capitales islámicas. Para ellos está claro que no hay más dios que Alá y que Mahoma es su profeta, pero hay muchos más motivos, sobre todo internos, que las caricaturas danesas para explicar Arde el consulado como una tea El consulado danés ardió así como una tea bajo el clamor de miles de radicales con idénticas letras que sus vecinos damasquinos: No hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta No fueron las legaciones extranjeras los únicos objetivos de los manifestantes. Éstos no dudaron en castigar cuantos vehículos civiles, policiales y militares se encontraban a su paso. Y como guinda, entre una veintena de heridos sacados en camilla, apedrearon en un peligroso viaje al pasado la iglesia maronita de San Marón, en el barrio cristiano de Ashrafieh. Destacados representantes chiíes y suníes de Beirut condenaron los ataques, llamaron a la calma, denuncia- el estallido de la violencia contra intereses occidentales. Nada satisface más a los líderes de los países encendidos que la distracción que supone para sus súbditos, para sus críticos liarse la manta a la cabeza y quemar embajadas infieles en nombre de Alá en lugar de tirarse a la calle y protestar contra sus jefes de Estado. No es casual pues que la quema de embajadas comenzara por Damasco. Imposible sin la complicidad del régimen de un Estado policial. La sombra siria dejó asimismo ayer su particular huella en Beirut (le sobran allí brazos ejecutores) Qué mejor argumento para distraer la atención sobre las dificultades internas que atraviesa Bashar al- Assad, sobre la investigación de la ONU por el asesinato de Rafic Hariri, sobre las conexiones sirias con los yihadistas que combaten en Irak y con grupos terroristas con sus tentáculos en la región y en Occidente. Lo mismo se puede decir de Irán, al borde del ataque de nervios nuclear, llevado a rastras al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y señalado por todos con el dedo acusador por ser culpable de financiar con el petróleo el terrorismo internacional. Y qué decir de Egipto, donde el ascenso de los Hermanos Musulmanes ha sido completamente incuestionable en las elecciones; y de Jordania, con importante influencia fundamentalista... Los gobiernos musulmanes se han sumado a las primeras de cambio a la fanática respuesta de los sectores más ortodoxos del islam. Y no por casualidad.