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58 Los domingos DOMINGO 5 2 2006 ABC NUEVOS TIEMPOS Las jornadas están marcadas por los horarios maratonianos, a los que se suman los desplazamientos. La flexibilidad tiene todavía más de teoría que de realidad Generación elástica (Mal) Vivir sin horarios No acaba de ponerse en práctica y tal vez ya se ha corrompido: el abuso de las nuevas tecnologías convierte la panacea de la flexibilidad horaria en la esclavitud de una generación atada a móviles, ordenadores portátiles y PDA las 24 horas. Diluida la frontera entre jornada laboral y vida personal, muchos españoles se debaten en la esquizofrenia de una vida fuera de tiempo POR VIRGINIA RÓDENAS S oñaron con una gestión racional del tiempo y, al fin, poder vivir a un ritmo que les permitiera compaginar tiempos de descanso, ocio y afectos, pero, sin darse cuenta, se han visto atrapados en una jornada laboral sin límites que les trastorna a ellos y a una sociedad global en la que caminan infructuosamente con el paso cambiado. Cumplidos los treinta y cinco, su anatomía se ha transfigurado por obra de un apéndice que, de momento, se presenta inextirpable: el teléfono móvil. Son la generación elástica que estira y estira sus posibilidades y sus esfuerzos, en una dedicación permanente que pone a prueba cada día su propia resistencia. Y cuando aún no han superado el síndrome de niños de la llave- -sus padres fueron las primeras parejas de doble ingreso y la prole debía llevar la llave al cuello para entrar en casa después del colegio- ahora se enfrentan al síndrome de los trabajadores- disco- extraíble, cambiando la llave de la puerta por otra USB con asuntos de trabajo que rematarán tras acostar a los niños (sobre todo ellas) Después de todo, y tras cinco años promoviendo en España políticas flexibles para favorecer un equilibrio de la vida profesional y la personal- -entre las que desta- ca el Premio Empresa Flexible que este año recogió Ana Patricia Botín por Banesto- Asunción Velasco y Marisa Cruzado, de CVA, reconocen que la difusión de las buenas prácticas es un primer paso, pero no la garantía absoluta de que la situación cambie. Una vez que la alta dirección apuesta por una política flexible, aparece la resistencia de los mandos medios y de los propios trabajadores, recelosos de que la libertad de sus colegas vaya en detrimento de la propia. En este contexto, y con algunas empresas haciendo marketing con la etiqueta flexible hay que diferenciar entre flexibilidad y su perversión, la elasticidad Así- -añade Velasco- la mujer flexible aspira a una gestión del tiempo en función de sus necesidades personales. Frente al concepto de carrera profesional, defiende el de trayectoria y reclama el derecho a decidir cuándo dedica más tiempo al trabajo y cuándo a su familia. El maratón para triunfar a toda costa antes de los treinta no entra en sus planes. Pero cuando este modelo degenera, la mujer termina emulando a la protagonista de Los increíbles Elasticgirl. La diferencia está en que, como la profesional media no es elástica, si se estira indefinidamente para llegar a todo en casa y en el trabajo, donde los límites se difuminan por el