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52 Los domingos DOMINGO 5 2 2006 ABC NUEVA ERA DEL ENTRETENIMIENTO (Viene de página anterior) bles Hasta ahora, Pixar distribuía sus películas a través de Disney. Ahora, Disney es Pixar, o al revés, y Steve Jobs, su primer accionista, y John Lasseter, su mente creativa. La tecnología digital, sus relaciones íntimas con el mercado de los videojuegos, internet (itunes) como tienda para todos sus productos, un profundo cambio sociólogico... algo de todo ello brujuleaba detrás de aquel aparente titular económico. A Jobs, que el día 24 cumplirá 51 años, le gustan los retos difíciles, como éste que le sitúa en la piel del nuevo Walt Disney, el director de orquesta de nuestro entretenimiento. Fue hijo adoptado. Apenas estuvo en la Universidad, porque su familia no podía pagarla y porque tampoco le interesaba. Un curso sobre tipografías le sirvió, no obstante, para crear el entorno visual de sus Mac. Le echaron de Apple (1985) su empresa. Compró Pixar, una marca periférica de George Lucas. Creó Toy Story Volvió a Apple (primero como asesor, en 1996, y luego como director ejecutivo, en agosto de 1997) Es el hombre del iPod, de la tienda iTunes. En su blog escribe: Busco un edificio con buenos cimientos que necesite ser rehabilitado. Estoy dispuesto a derribar paredes, construir pasillos y encender hogueras. Tengo una gran experiencia, mucha energía, un poco de eso que se llama visión y no me asusta volver a empezar Del walkman de Sony (1979) al iPod de Apple (2001) el ocio ha cambiado de forma radical. Se vacían las estanterías al mismo tiempo que se llena el disco duro del ordenador Música, maestro Todo comenzó con una idea loca en un mundo en el que cada vez hay menos lugar para la improvisación. El escenario donde se desarrolló la genial ocurrencia fue el de toda una industria en crisis, la del disco no las llamen discográficas ahora son musicales dicen en Apple) Los actores, pocas y grandes multinacionales del entretenimiento y cientos de millones de consumidores ávidos de él. Y la idea... la idea fue la de reunir piezas que parecían inconexas y construir, a base de los ladrillos de un edificio que se hunde, otro completamente nuevo. Jobs fue, a la vez, creador, constructor y probador del invento. Y Apple se convirtió, por segunda vez en su historia, en su herramienta para conseguirlo. Jobs se dio cuenta de que algo había cambiado para siempre en el mundo de las discográficas. Y que las canciones, ya en formato digital, podían grabarse en la memoria de un ordenador. Y copiarse en otros ordenadores, o en discos duros portátiles, o en CD, o enviarse por mail... Cada copia, además, cosas de los bites, era exactamente igual a las demás, sin un ápice menos de calidad. Los programas P 2 P hicieron el resto. Aplicaciones informáticas creadas y sostenidas por los internautas, que permitían a millones de ellos conectarse a la vez para compartir todo o parte de los contenidos de sus discos duros. Las ventas de música legal cayeron en picado, hasta situarse por debajo del 40 de las cifras habituales. Y empezó la guerra. La gente seguía queriendo música, pero no pagar por ella los precios (abusivos para muchos) que la industria imponía. Ni tampoco consumir sólo las creaciones del puñado de artistas bendecidos por las compañías de discos y agraciados con costosas campañas de promoción. En internet, los magnates del disco lo han aprendido en sus carnes, no funciona nada que tenga como base el anticuado modelo de una minoría eligiendo lo que debe ver leer consumir escuchar la mayoría. Así que, de la mano de gobiernos y asociaciones, las discográficas no eligieron la vía del cambio, sino la de la represión. Multas millonarias, cierre de empresas por haber creado programas P 2 P... A nadie se le ocurrió, excepto a Jobs, que la crisis no era de la música, sino del modelo de negocio musical. ¿Por qué pagar por quince canciones cuando solo quieres una? Así que lo hizo. En tres fases. La primera, un programa informático, iTunes, capaz de gestionar fácilmente colecciones musicales de miles de temas, de clasificarlos por fecha, autor, estilo, preferencia personal... La segunda, una tienda de música, Apple Store. De música, y no de discos. Canciones sueltas, no en paquetes de quince, a menos de un euro cada una, todo legal. Descargar y listo. Y la tercera, un reproductor portátil, el iPod, con el que transportar esa música. Los analistas aún se preguntan cómo es que fue una empresa tecnológica, y no una discográfica, la que se llevó el gato al agua. Pero así ha sido. La música no sólo es el producto de consumo más popular en el mundo industrializado, sino la llave de la economía digital ha escrito estos días John Kennedy, director ejecutivo de la industria discográfica (IFPI) Kennedy podría haber añadido sin equivocarse que esa llave gira esencialmente en torno a los inventos de Jobs: su reproductor digital iPod (32 millones de unidades vendidas en 2005) y la tienda La historia del dibu vive una revolución animada JAVIER CORTIJO Ni las proezas líricas de Fantasía ni el tecnicolor de La bella durmiente pueden compararse a lo que John Lasseter clavó como una columna de mármol en la historia del dibu hace diez años. El zafarrancho 3 D de Toy Story no tiene parangón en los casi setenta años de largometrajes animados. Aparte de un sello guionista consistente en dotar de personalidad propia a los personajes, aunque sean vaqueros de juguete o peces payaso, poner el software al servicio de la máquina de escribir y no al revés, y aliñarlo todo con gags metacinéfilos y guiños adultos la principal heroicidad de Pixar fue crear almas virtuales dotadas de expresión y sentimientos. Un reto que creció al tratar seres orgánicos como los insectos de Bichos o la entrañable Boo de Monstruos S. A. Precisamente este filme supondría otra zancada estética en lo concerniente a movimiento de masas y look urbano, además del caballo de batalla del género: la pelambrera (la de Sulley quedó como la seda) Mientras los competidores también se animaban, Pixar seguía dando grandes saltos: con Buscando a Nemo deja en secano los fabulosos fondos marinos de La sirenita y Los increíbles fija un impresionante punto y aparte al crear un filme con personajes cien por cien humanos y musculados. El tráiler de Cars su próximo estreno, demuestra que el lema de la casa sigue vigente: hasta el infinito (tecnológico y cinéfilo) y más allá. Cars lo último de Pixar, se estrenará en julio Sullivan y Mike, a la derecha, y Buzz Lightyear, de Toy Story