Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC SÁBADO 4 2 2006 Los sábados de ABC 99 La vida es un cabaret La mediatización de la cultura y la sucesiva conquista de la realidad por parte del entretenimiento -en título de Neal Gabler- -ha derivado en pretensión de vivir a ratos la vida como en una película; o como cantaba Sally Bowles en un cabaret Ello promueve la glamourización de momentos ya visionados en la mente o tal vez robados a esos filmes de época perfectos; o tan sensuales que había tiempo para la laca, cuidar la raya de un pantalón o alinear unas medias: La prisa es enemiga de lo sexy y, salvo para los entomólogos, lo sexy no es natural y debe ser preparado artificialmente, a saber: en la nueva cadena fashionista de la hija de Sonia Rykiel. Hoy Beyoncé se sueña más bien Gilda que Susan Sontag, Penélope adopta un charme menos de barrio que Victoria Abril pese a venir del mismo; y Nicole Kidman reina indiscutida sobre el glamour global desde ¿su corista de Moulin Rouge De ahí la pin- up Dita von Tease, las Wau Wau Sisters, la fiebre en L. A. de las Pussycat Dolls, o más de casa el mordaz cabaret de Antonia San Juan. Arrecia la nostalgia sobre la cultura pop, junto a un revivalismo musical que, o supone que antes se componía mejor, o ante el vacío busca nuevos dividendos de éxitos pasados. Y el revival es la factura en el rostro de la apresurada ruptura cultural del 68: un sujetador no es que no deba ser, es que debe ser y además sexy. Y así con el recurso a Sinatra, el regreso de Fendi, Lacoste, el champán, el diván, la copa y la manicura. ¿Y la protesta? El género burlesque y Marlene Dietrich lo hacían mejor que Ramoncín. Serás revisionista o antiilustrado, pero la razón ya sufrió su duro bache en Auschwitz: el mismo que había cerrado los cabarets. Tal vez el retorno de lo retro sea la búsqueda sin complejos de una calidad irracional perdida. Natalia Millán, en la representación madrileña de Cabaret A la derecha, un cartel inglés. En la otra página, Liza Minelli Ute Lemper (arriba) es una imagen clásica del cabaret alemán. Sobre estas líneas, Salma Hayek, vestida a tono con la moda sexy y retro lo mismo que la modelo Laetita Casta (debajo) La obra sigue siendo un aguijón en el escenario de Berlín tor Isherwood gastaba sus noches berlinesas de opio y ginebra con una rica aventurera inglesa metida a corista, Jean Ross, tal como plasmó en su crepuscular Adiós a Berlín Eldorado sería por escrito el Kit Kat Klub y, Ross, la cantante Sally Bowles. En reacción al costumbrismo guillermino y a la desestructuración de la derrota, Berlín se convirtió en los años 20 en la ciudad más liberal del mundo y el San Francisco europeo de los homosexuales, que desembarcaban felices de sumegirse en el vivaz anonimato metropolitano. El nombre de Eldorado denotaba el Pocas obras habrán intentado describir en género musical la emergencia de uno de los momentos más negros del hombre contemporáneo mito hallado por quienes habían malvivido ocultos a su medio: el neón lanzaba al aún precabido ¡aquí estamos! y ¡aquí se puede! En Berlín más de un centenar de bares para hombres y decenas de mujeres estaban registrados con la policía, describe en 1928 Ruth Margarete Roellig, otra visitante. Pero Eldorado era sobre todo centro del travestismo berlinés, como reflejó en sus pinturas Otto Dix. En este local precisamente creó dicho término en 1915 el doctor Magnus Hirschfeld, autor de la teoría del tercer sexo y del Instituto de Sexología de Berlín. Y si algo encarna la equívoca ambigüedad del cabaret más que la liga irreverente es el travestismo total del conférencier un maestro de ceremonias culto, que canta, baila y se dirigía e insultaba en verso y en distintos idiomas al público- señoras, bastante que las vea comer, pero eviten que las oiga se oyó una vez a Grunbaum en el Kabarett der Komiker. Y aún debe ser tan ducho en la actualidad como para improvisar según la temperatura emocional y política de la audiencia, hasta el caso célebre de Paul Nikolaus, que comentaba ya las noticias del día siguiente; o Werner Finck, que no paró de insultar a los nazis hasta que se lo llevaron y le cerraron Die Katakombe Eldorado fue uno de los primeros que precintó Hitler y la biblioteca de Hirschfeld ardió en la plaza de la Ópera. Último sarcasmo, el régimen estableció en Eldorado un centro de propaganda nacional- socialista. El fascismo envió a muchos a los campos, al exilio o al suicidio. Tras la guerra el cabaret fue potenciado como autocrítica por las potencias, emergieron los Tolleranten y los Kommödchen y la televisión ha dado espacio a vacas sagradas como Dieter Hildebrandt Noticias de provincias Wolfgang Neuss, Hüsch o Lemper y nuevas voces como Beltz y Richling, capaces de sobrevivir al boom de la comedia. El Bar jeder Vernunft es una iniciativa cultural con padrinos como Wim Wenders, donde se ha visto a Ute Lemper o Randy Newman, recuperaciones legendarias como Im Wei en Rö l am Wolfgangsee o este Cabaret montado por el prestigiado Vincent Paterson Evita Lenny en el lugar donde solía: un Berlín deudor de un tiempo en que al pluralismo y la diversidad se llamaba simplemente varieté