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ABC SÁBADO 4 2 2006 Cultura 63 TEMPLOS DE LA CULTURA Fue en Madrid donde Rubens, entre 1628 y 1629, copió sistemáticamente las obras de Tiziano giado para la expresión de las emociones y la belleza. Las Colecciones Reales no fueron simples contenedores de ese tipo de obras, pues actuaron también como motor que impulsó la transmisión de una tradición colorista. Fue en Madrid donde Rubens, en 1628- 1629, copió sistemáticamente las obras de Tiziano, lo que tendría consecuencias trascendentales para la evolución de su estilo. Y las obras de ambos pintores que guardaban las residencias reales españolas fueron, como es notorio, el punto de referencia fundamental para entender el desarrollo de la pintura de Velázquez en las tres últimas décadas de su carrera, y de buena parte de la pintura española del siglo XVII. Siglo y medio después sería Goya quien copiara los cuadros de Velázquez. A lo largo de su historia grandes pintores como Monet o Renoir vinieron a aprender al Prado Entre los numerosos viajeros extranjeros que se acercaron a Madrid durante el siglo XIX y visitaron el Prado corrió una idea que pronto se hizo tópica: no se trata de un museo sino de una colección es decir, de un conjunto de obras de arte que no responden a un deseo de mostrar enciclopédicamente la historia de una disciplina, sino que han sido reunidas por razones de gusto. El visitante, aseguraba cualquiera de ellos, no debe acudir con la esperanza de estudiar las principales escuelas europeas de pintura, sino que tiene que ir preparado para encontrarse con una extraordinaria colección de obras maestras, que pertenecen en su mayoría a unos pocos artistas y escuelas. Aunque desde entonces se han incorporado algunos pintores importantes que no estaban representados, el panorama no sólo no ha cambiado, sino que se ha intensificado. Lo que sí ha cambiado es la opinión que merece el carácter fragmentario que, sin duda, tiene el Prado, que se considera ya uno de los factores que le otorgan una personalidad única entre todas las instituciones de su género. Como advirtieron tantos viajeros, la colección de pintura del Museo es la máxima expresión de un gusto muy concreto, que presidió ininterrumpidamente la actividad coleccionista de los Reyes españoles a lo largo de varios si- Mañana, con ABC, la cuarta entrega de la colección Museos del mundo ofrece el Prado, por tan sólo 10,95 euros más Realismo español Escuela de pintores TEXTO: JAVIER PORTÚS FOTOS: ABC Esta colección ofrece la mejor calidad en la reproducción de las obras glos, y que en última instancia explica que Tiziano, El Greco, Rubens, Velázquez y Goya sean cinco de los grandes pilares sobre los que descansa el prestigio de la institución. ¿Qué tienen en común esos artistas? La respuesta es fácil: el color. Frente a un numeroso grupo de artistas y escuelas pictóricas que reivindicaban el dibujo como el instrumento fundamental de la pintura, otros enarbolaron la bandera del color, al que consideraban vehículo privile- El Museo del Prado no sólo heredó las obras de estos y otros artistas, sino también la condición de escuela que habían tenido las Colecciones Reales. Fue el principal escenario donde los asombrados visitantes españoles y extranjeros descubrieron la existencia de notables maestros españoles hasta entonces apenas conocidos fuera de nuestras fronteras, como Velázquez, Murillo o Zurbarán. Con ello se incorporó a la historia de la pintura europea una importante escuela nacional; pero, además, el realismo que supuestamente habían cultivado nuestros artistas despertó el interés de los pintores más inquietos del siglo XIX, quienes los tomaron como maestros. La nómina de artistas que se acercaron a Madrid para estudiar y admirar sus cuadros españoles, sobre todo los de Velázquez, es muy extensa, e incluye a algunos de los más importantes e innovadores, como Courbet, Manet, Degas, Toulouse- Lautrec, Sargent, Renoir, Monet, etc. Hubo para quien la experiencia fue como una revelación, y nadie salió defraudado por lo que vio; lo que justifica que el británico Charles Ricketts, calificara al Prado como un museo para los pintores