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ABC SÁBADO 4 2 2006 61 Pío Baroja molestaba y sigue molestando a los políticos por su sinceridad comenta su sobrino Pío Caro FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR Historiador La Historia de España está poblada de perdedores que no merecen ni una lágrima -La Historia de España es rica en perdedores y olvidados y avara en crepúsculos y elegías. Debajo se arraciman espinazos rotos, vidas destinos quebrados. ¿Qué cuenta su libro? -He querido contar la Historia de España o una Historia de España a través de los pasos derrotados de algunos de sus personajes. He querido rescatar o actualizar la mirada que hay sepultada bajo la historia del triunfo y el éxito. -La gente admira a don Quijote, pero olvida que sus sacrificios, desvelos, defensa de la justicia y amor se encaminaban a un solo fin: el aplauso, la fama. ¿Es fácil caer en el maniqueísmo de considerar intrínsicamente buenos a aquellos que perdieron las guerras de su tiempo? -Ese riesgo existe, y ya lo advertía Galdós. Como todas las historias de la historia, la de España está plagada de exilios y patíbulos; ahora bien, también está poblada de perdedores que no merecen el reconocimiento sentimental ni una lágrima de reivindicación. (Los hay pusilánimes y corruptos, como algunos reyes de taifas; anacrónicos y reaccionarios, como la mayoría de los pretendientes carlistas; antipáticos e implacables, como los comunistas republicanos... ¿El intelectual es sinónimo de exilio espiritual o emigración interior? -Hay un pasado triste y de largo alcance que se podría explicar así. Resulta difícil- -al imaginar las obras de Averroes prohibidas y quemadas por los alfaquíes, enemigos de sus enseñanzas- -no recordar la mirada melancólica e intensa del Jovellanos retratado por Goya. ¿La religión es una lucha desaforada y estéril en la que combate el creyente, una historia doliente y desengañada que seca las viejas raíces? -Si consideramos el nacionalismo como una religión secular, que lo es, pienso que sí. Viendo y escuchando a sus dirigentes se llega a la conclusión de que el inquisidor ha podido cambiar de hábito, pero no de alma. -Las víctimas del terrorismo, abandonadas por las instituciones y grupos políticos, ¿son los últimos perdedores de una historia de España que quiere contarse de otro modo? -Sin ninguna duda. La presencia cotidiana del infierno y la muerte en las vidas de muchas personas desbaratadas por el fanatismo, perseguidas además por el sadismo de quienes hacen pintadas amenazadoras o auguran la muerte desde el anonimato de una llamada telefónica, esa terrible historia, es, en efecto, la crónica de nuestros últimos perdedores, y una crónica que el historiador Impulsor de investigaciones historiográficas, director de más de 50 tesis, gran difusor de nuestra historia, publica Los perdedores de la Historia de España (Planeta) de gran calidad literaria TEXTO: ANTONIO ASTORGA FOTO: GONZALO CRUZ de la Transición y de la España constitucional no debería pasar por alto. ¿Podría decirse, dada su continua desautorización, que, como idea y nación, España es una perdedora? -Si hablamos de la España liberal, la España del 14 y del 27, la gran cultura liberal a la que pertenecían Ortega o Azaña, diría que sí. Desecada por la dictadura, apenas recobrada por nuestra olvidadiza democracia de ahora, negada por los nacionalismos y regionalismos victoriosos, febriles en su invención de pasados autóctonos, tristemente no parece que esa España liberal tenga mucho presente oficial. Sí tiene vigencia en el sentir de millones de ciudadanos- (Un inciso: ¿de qué lado cree que pasarán a la historia personajes como Carod Rovira o Ibarretxe? -Lo más probable es que no pasen. Como mucho, una nota a pie de página. Si la historia apenas guarda unos párrafos a Giral o a Martínez Barrio, figúrese el espacio que dedicará a los políticos que usted menciona) ¿ZP juega a perdedor o a ganador? -Para responder hace falta tiempo. Lo que parece claro es que a Zapatero no puede considerársele estadista. Éste, a diferencia del simple político, preocupado en la próxima elección, se caracteriza por pensar en la próxima generación. ¿Toda vida política está abocada al fracaso? ¿Por qué? -Porque si la vida política se orienta al triunfo, el impulso para imponerse y dominar conduce muchas veces a la propia destrucción. De todos modos, parafraseo a Blanco White en un contexto muy diferente al actual, para referirme a la caída de Álvaro de Luna y la tragedia de los validos del siglo XVI. ¿Qué perdedores le subyugaron? -Si tuviera que darle un nombre, le diría Juan Alfonso Polanco, secretario de los tres primeros Generales de la Compañía de Jesús. Y por dos razones. Su valiosa y desconocida labor en la consolidación de la Compañía fundada por San Ignacio, de quien fue pies, manos, memoria y voz manuscrita; y la humildad con la que se retiró a la penumbra de sus escritos cuando los jesuitas portugueses utilizaron el estigma de su origen converso para desacreditarle como sucesor de Francisco de Borja. ¿Qué intrahistoria cobija el XIX? -El siglo XIX no sólo es la historia de las guerras civiles y de las constituciones. Hay otros actores además del general, el político y el obispo, el guerrillero o el exiliado. Hay también personajes de levita y alto horno que sintonizan con los vocablos de la revolución industrial: fábrica, burguesía, capitalismo, ferrocarril... Es la historia de Manuel Agustín Heredia, que levanta los primeros Altos Hornos de España en la perdedora Andalucía. -En un país de necrológicas imperiales y cuartelazos, de profetas instantáneos y suplantaciones sin fin, ¿la nostalgia puede transformarse en una vaga y fulminante mitología con la que usurpar el presente? -El fascismo es un claro ejemplo. El mito de la Caída es muy vigoroso en el auge del nacionalismo totalitario durante la época de entreguerras. Ramiro Ledesma, que fracasará, o los falangistas de primera hora no se formaron en los invernaderos de una sociedad orgullosa de sí misma, sino en la intemperie de un momento de crítica e incertidumbre. ¿La historia se escribió de otra manera después de Stalin y de Hitler? -El río del siglo XX ha arrastrado y sumergido al individuo en una terrible corriente. Tras Hitler y Stalin, escribir historia ha sido caminar a lo largo de ese río, remontar la corriente, repescar existencias ahogadas, encontrar historias enredadas en las orillas y embarcarlas en una precaria arca de Noé de papel. ¿En mares desufrimiento anónimo? -Es evidente que bajo la crónica de los reyes, generales y ministros, bajo el epitafio del poeta y el héroe tallado en bronce, hay una legión anónima y dispersa de sufridores que encarna un puro vagabundear de gente que muere sin perdón, resignados de antemano a que no se les dé ni siquiera eso. Hablo de quienes sólo conocieron el poder en su versión coercitiva o represiva.