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58 Sociedad SÁBADO 4 2 2006 ABC Religión La carta que hace un siglo el socialista Jean Jaurés envió a su hijo explicándole la importancia de la formación religiosa vuelve a cobrar relevancia a cuenta del futuro de esta materia en España El caso Jaurés y las clases de Religión TEXTO: JESÚS BASTANTE FOTO: ABC MADRID. Querido hijo. Me pides un justificante que te exima de cursar la religión, un poco por tener la gloria de proceder de distinta manera que la mayor parte de los condiscípulos, y temo que también un poco para parecer digno hijo de un hombre que no tiene convicciones religiosas. Este justificante, querido hijo, no te lo envío ni te lo enviaré jamás La famosa carta que el socialista y ateo francés Jean Jaurés, fundador del diario L Humanité escribió a comienzos del siglo pasado a su hijo ha vuelto a cobrar relevancia en el debate sobre la significación de las clases de Religión en el sistema educativo de nuestro país. A comienzos del siglo pasado, en mitad de la laica Francia, uno de los adalides del socialismo francés, Jean Jaurés, quien en 1904 fundó L Humanité y al año siguiente lideró la sección Francesa de la Internacional Obrera, trataba de aleccionar a su hijo sobre la importancia de una formación religiosa escolar para comprender la historia de Europa y del mundo entero después de Jesucristo tras la Guerra Civil fuera nombrado obispo de Canarias, recuperó las palabras del socialista francés para defender el estatus de las confesiones y congregaciones religiosas en España, en aquel instante amenazadas con la expropiación de sus bienes. En la II República Pildain enarboló el discurso de Jaurés para recordar a los socialistas, en el Gobierno de la II República, que incluso los abanderados del laicismo habrían de reconocer la relevancia de la religión en la vida pública. En aquel momento la cuestión educativa era un aspecto más en la evidente tensión entre la Iglesia y el Estado y que concluiría con la disolución de la Compañía de Jesús, el fin del presupuesto para Culto y Clero, una nueva reglamentación para las órdenes religiosas y otra serie de leyes, como la del divorcio, que- -como hoy sucede en el caso de los matrimonios entre homosexuales- golpeaban de lleno en la doctrina defendida por Roma. Un siglo después, la diatriba del político socialista cobra de nuevo vigencia en nuestro país, de la mano de responsables de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) y cristianos con responsabilidad en diversos partidos políticos, principalmente en el seno del PSOE. Del mismo modo, diversos intelectuales, como el genial- -y tristemente desaparecido- -Jaime Campmany hacían suyas las palabras del político francés en un artículo publica- Jean Jaurés, segundo por la izquierda, con los delegados de Inglaterra y Alemania en el Congreso Internacional de la Paz en Londres, en 1910 do en ABC en septiembre de 2004 titulado La religión y el bombazo En la base del problema, cuestión defendida por los sectores del Gobierno y del Partido Socialista más afines a tender puentes con el mundo cristiano, se encontraría la necesidad de reconocer la importancia de una formación en valores religiosos, indispensable para entender la cultura y la historia de nuestro país. El propio Ejecutivo socialista ha tenido que reconocer, frente a las presiones de los sectores más laicistas del PSOE, que eliminar la Religión de la educación podría conducir a una generación de analfabetos culturales ABC El político francés Jean Jaurés, ateo declarado, se mostraba a favor de conocer los valores y convicciones religiosas La carta fue utilizada en 1933 por el canónigo Antonio Pildain en un debate con el entonces ministro de Justicia, Álvaro de Albornoz Base de la civilización Hay que confesarlo: la religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana, es la base de la civilización y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y poseen en nuestros días tantas inteligencias preclaras reconocía Jaurés ante su hijo, quien finalmente continuó recibiendo clases de Religión y se convirtió, según las crónicas, en un hombre de provecho Jaurés, en cambio, fue asesinado en 1914. El político francés, ateo declarado, se mostraba absolutamente a favor de conocer las convicciones y los sentimientos de las personas religiosas Su posicionamiento ha sido recogido en numerosas ocasiones a lo largo del siglo XX, una centuria especialmente sensibilizada con los conflictos entre Iglesia y Estado, confesionalidad y laicidad. El debate surgía de tanto en tanto, y no sólo en Francia, donde la separación Iglesia- Estado ha sido clara desde la Revolución de 1789, sino también en nuestro país. La carta de Jaurés también fue utilizada el 1 de marzo de 1933 por el canónigo y diputado por la Coalición de Estella (PNV y carlistas navarros) Antonio Pildain, en un recordado debate con el entonces ministro de Justicia español, Álvaro de Albornoz, a cuenta de la cuestión religiosa. Pildain, quien Carta del socialista Jean Jaurés a su hijo. publicada en L Humanité en 1919 Querido hijo, me pides un justificante que te exima de cursar la religión, un poco por tener la gloria de proceder de distinta manera que la mayor parte de los condiscípulos, y temo que también un poco para parecer digno hijo de un hombre que no tiene convicciones religiosas. Este justificante, querido hijo, no te lo envío ni te lo enviaré jamás. No es porque desee que seas clerical, a pesar de que no hay en esto ningún peligro, ni lo hay tampoco en que profeses las creencias que te expondrá el profesor. Cuando tengas la edad suficiente para juzgar, serás completamente libre; pero, tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, y no lo serían sin un estudio serio de la religión. Te parecerá extraño este lenguaje después de haber oído tan bellas declaraciones sobre esta cuestión; son, hijo mío, declaraciones buenas para arrastrar a algunos, pero que están en pugna con el más elemental buen sentido. ¿Cómo sería completa tu instrucción sin un conocimiento suficiente de las cues- tiones religiosas sobre las cuales todo el mundo discute? ¿Quisieras tú, por ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos asuntos sin exponerte a soltar un disparate? Dejemos a un lado la política y las discusiones, y veamos lo que se refiere a los conocimientos indispensables que debe tener un hombre de cierta posición. Estudias mitología para comprender historia y la civilización de los griegos y de los romanos, y ¿qué comprenderías de la historia de Europa y del mundo entero después de Jesucristo, sin conocer la religión, que cambió la faz del mundo y produjo una nueva civilización? En el arte, ¿qué serán para ti las obras maestras de la Edad Media y de los tiempos modernos, si no conoces el motivo que las ha inspirado y las ideas religiosas que ellas contienen? En las letras, ¿puedes dejar de conocer no sólo a Bossuet, Fenelón, Lacordaire, De Maistre, Veuillot y tantos otros que se ocuparon exclusivamente en cuestiones religiosas, sino también a Corneille, Racine, Hugo, en una palabra a todos estos grandes maestros que debieron al cristianismo sus más bellas inspiraciones? Si se trata de derecho, de filosofía o de moral, ¿puedes ignorar la expresión más clara del Derecho Natural, la filoso- fía más extendida, la moral más sabia y más universal? -éste es el pensamiento de Juan Jacobo Rousseau- Hasta en las ciencias naturales y matemáticas encontrarás la religión: Pascal y Newton eran cristianos fervientes; Ampere era piadoso; Pasteur probaba la existencia de Dios y decía haber recobrado por la ciencia la fe de un bretón; Flammarion se entrega a fantasías teológicas. ¿Querrás tú condenarte a saltar páginas en todas tus lecturas y en todos tus estudios? Hay que confesarlo: la religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencias preclaras. Ya que hablo de educación: ¿para ser un joven bien educado es preciso conocer y practicar las leyes de la Iglesia? Sólo te diré lo siguiente: nada hay que reprochar a los que las practican fielmente, y con mucha frecuencia hay que llorar por los que no las toman en cuenta. No fijándome sino en la cortesía, en el simple savoir vivre hay que convenir en la necesidad de conocer las convicciones y los sentimientos de las perso-