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30 Internacional SÁBADO 4 2 2006 ABC Si el primer ministro israelí abriera los ojos se toparía con Mahoma en pintura; con Hamás en el Gobierno palestino; con Irán a las puertas de la ONU; con su hijo Omri con un pie en la cárcel... Un mes de locos sin Ariel Sharón JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. Ariel Sharón sigue ingresado, en coma, en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital Hadassah de Jerusalén. Los médicos que le atienden han certificado ya su muerte política mientras el primer ministro de Israel lucha sin cuartel por sobrevivir y por no acabar en el olvido cuando apenas hace un mes y un día aspiraba a convertirse en el estadista judío más importante desde David Ben Gurión. Hoy hace 30 días, Sharón sufrió una hemorragia cerebral masiva. Operado tres veces, conectado durante semanas a un respirador, alimentado por una sonda insertada en el estómago, Arik como popularmente se le conoce y llama en Israel, corre el riesgo de no despertar del coma. Sólo ha transcurrido un mes pero si Sharón despertara de su letargo, abriera los ojos y reconociera a los suyos, apenas tendría tiempo para asimilar tantos cambios y tan profundos en tan poco tiempo. He aquí algunos de ellos. Si Ariel Sharón abriera los ojos se toparía de bruces con Mahoma, quién se lo iba a decir a un sionista laico hasta la médula. Un Mahoma dibujado a diestro y siniestro en Occidente y enarbolado por millones de musulmanes para declarar otra guerra santa a Europa. Si Sharón abriera los ojos vería a sus jurados enemigos de Hamás, también lo eran en cualquier caso los de Al Fatah, en lo más alto de la política palestina, a punto de formar Gobierno, sin reconocer a Israel, sin renunciar a la violencia, sin aceptar negociar con Tel Aviv, tras su arrolladora victoria en las elecciones legislativas del 25 de enero. Si Sharón abriera los ojos y mirara hacia el Este se toparía con el desafío imparable del régimen de los ayatolás, a punto de ser llevado ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas por su amenazador programa nuclear. Ehud Olmert habla ante un retrato de Sharón al inicio de la campaña electoral REUTERS En Oriente Próximo, la región más convulsa del planeta, un mes es demasiado tiempo para tener los ojos cerrados Si Sharón abriera los ojos y mirara a su alrededor se encontraría a su hijo Omri, emocionado aunque cabizbajo, por estar con pie y medio en la cárcel tras ser juzgado por un presunto delitos de corrupción. Olmert, asentado como sucesor Si Sharón abriera los ojos y se fijara en Ehud Olmert, su delfín, su sucesor, le vería muy asentado al mando del Kadima que el veterano guerrero forjó antes de su enfermedad, y que aparece muy destacado en todos los sondeos previos a las elecciones generales del 28 de marzo. Si Sharón abriera los ojos y mirara hacia Cisjordania, hacia sus colonias queridas, no lo fueron a la postre tanto las de Gaza, observaría el rastro del desalojo más violento y brutal que se recuerda en este país de un asentamiento ilegal, todos lo son según la legislación internacional, y salvaje, el de Amona, que ha dejado muchas heridas abiertas en la sociedad hebrea que tardarán en cicatrizar. Si Ariel Sharón abriera los ojos, levantara cabeza, despertara de un coma que parece además un punto y final, sonreiría levemente, llamaría a su lado a sus hijos, Omri y Guilad, a sus nietos, a sus asesores más cercanos y les explicaría, casi sin fuerzas, al oído que esto es Oriente Próximo, la región más convulsa del planeta y que, en zona tan caliente, un mes, especialmente de locos como este de enero de 2006, es demasiado tiempo para mantenerse con los ojos cerrados. Hizbolá da gratis las medicinas y aprovecha para pasar el Corán ALBERTO SOTILLO MADRID. Hizbolá, el grupo islamista chií libanés en el que hoy se contemplan los palestinos de Hamás, supo evolucionar desde unos innegables orígenes terroristas hasta convertirse en la actualidad en un partido político y en la fuerza social más influyente entre la mayoría de la población libanesa. Así lo explicó ayer el jefe del servicio de árabe de la agencia Efe, Javier Martín, durante la presentación de su libro Hizbulah. El brazo armado de Dios (Editorial Catarata) en la Asociación de la Prensa. Hizbolá es un referente en el mundo musulmán. Un grupo al que muchos árabes contemplan como el único que venció a Israel y que, en la actualidad, se ha convertido en la más importante y casi única institución de seguridad social en el Líbano. Y sin embargo, pese a su relevancia política e histórica, Hizbolá es una organización casi desconocida y apenas estudiada. La obra de Javier Martín cubre ese vacío. En la presentación del libro, el periodista Ramón Lobo recordó que el autor es de los que tienen mucho polvo en los zapatos de tanto recorrer el terreno, a lo que se suma su bagaje académico como experto en el Islam y buen conocedor de las lenguas árabe y hebrea. Una de las preguntas que siempre aparecen en estos actos es la de por qué grupos islamistas como Hizbolá o Hamás conocen tan imparable auge. Por tres motivos, respondió Martín: por la frustración con Occidente del mundo árabe, por el progresivo arrinconamiento al que fueron condenados los árabes en las conversaciones de paz para Oriente Próximo y porque han sabido convertirse en la principal red de seguridad para una población desasistida. En los países árabes hay que pagar para ir al hospital. Hay que pagar hasta para visitar a un enfermo. Sólo los islamistas les asisten sin cobrar. Así que no hay que extrañarse de que Hizbolá, por debajo de las medicinas, les pase también el Corán