Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
26 SÁBADO 4 2 2006 ABC Internacional Un grupo de musulmanes indonesios protesta ante la Embajada de Copenhague en Yakarta, con una pancarta que reza ¡Muerte a la bestia danesa! AP Viernes de ira y de guerra santa contra Europa en mezquitas de todo el mundo Irán quiere ser la abanderada y convoca una reunión urgente de la Organización de la Conferencia Islámica b Dejan la terminal de Rafah, en Gaza, los observadores daneses y franceses por las amenazas recibidas mientras los españoles prosiguen con la misión fronteriza JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. Viernes de ira y guerra santa a la salida de las mezquitas de Oriente Próximo y Lejano. Todos con la misma cara. O muy parecida. Algunos con los ojos más rasgados que otros. Casi todos con pobladas barbas. Muchos con rabia. Y con ira. Y con sed de venganza. Y con hambre de guerra santa. Y con fuego en las venas, sacado sin transfusión alguna para quemar banderas danesas y europeas, danesas y francesas, danesas y noruegas, siempre danesas. Todos con la misma cara. A la salida de las mezquitas del campo de refugiados de Rafah, en Gaza, donde los observadores europeos de nacionalidad danesa y francesa permanecen sentados en el banquillo, lejos del campo de juego de la terminal fronteriza tomado por los españoles, para evitar incidentes desagradables y peligrosos. A la salida de las mezquitas de Ramala y Nablus, en Cisjordania; de la Ciudad Vieja de Jerusalén, donde abanderados de Hamás se enfrentaron a la Policía israelí que había prohibido el acceso a los rezos a los hombres menores de 45 años. A la salida de las mezquitas de Jordania y Egipto; Siria e Irak; Irán y Arabia Saudí, Pakistán e Indonesia (el país musulmán más poblado del mundo) unas mezquitas donde los imanes llamaron a cortar las manos de los infieles cristianos (como el de Al Omari, en Gaza) donde los imanes se despacharon a gusto contra Occidente, contra Europa, contra Dinamarca, en el origen de una polémica que se ha disparado por todo el mundo árabe y musulmán con la publicación de las doce caricaturas, doce, de la discordia sobre Mahoma, multiplicadas por doce por todo el Viejo Continente. El Islam prohíbe expresamente la reproducción del profeta Mahoma y de otras ilustres y notables figuras religiosas. Un Islam que no comulga pues con ruedas de molino de caricaturistas europeos, amparados en la libertad de expresión de la que han querido hacer gala muchos diarios y revistas occidentales para solidarizarse con el rotativo danés Jyllands- Posten, en el ojo de un huracán que cada vez tiene más pinta de tsunami verde, y no precisamente por la victoria de Hamás en las legislativas palestinas. Mensaje de boicot Todos con la misma cara. O casi. Y con idénticos cantos y gritos. Contra Dinamarca y Europa; a favor de que Bin Laden vuele Copenhague, París o Roma; Larga vida al Islam y muerte a nuestros enemigos y así en el norte y en el sur del Islam, en el este y en el oeste de Oriente Próximo, y del más Lejano, Desde Egipto a Indonesia, gritos contra Europa y a favor de Bin Laden a la salida de la oración del viernes con ánimo de rodear embajadas occidentales, y asaltarlas; de tomar como rehenes, aunque sólo sea para propiciar un susto que no se espantará durante el resto de su vida, a cooperantes, periodistas, diplomáticos europeos que se pusieron más en guardia que nunca en los puntos más calientes. Muchos abandonaron a bote pronto la Franja de Gaza, donde fue atacado con una granada de mano el Centro Cultural francés, y Cisjordania, donde la anarquía y el caos resplandecen entre los negros nubarrones del húmedo invierno. Todos con la misma cara de ira, de odio, de rencor, de boicot a todo lo que huela a alemán, a francés, a danés, a noruego, a europeo. Pocas palabras comedidas. Menos gestos aún destinados a calmar los ánimos. Ninguna manguera para enfriar el ambiente. Más bien al contrario. Bombonas de gas en medio del incendio; gasolina para apagar el fuego; madera seca para que no decaiga la hoguera de unas vanidades cada día más perfiladas. Y ahí, cómo no, aparecieron a la carrera los ayatolás iraníes, al borde de