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30 Internacional VIERNES 3 2 2006 ABC EL ESTADO DE LA (DES) UNIÓN eorge W. Bush ha decepcionado a quienes esperaban un discurso sobre el estado de la Unión beligerante y visionario. Apenas hay algo nuevo y su tono fue bastante conciliador. Una buena parte de su alocución la dedicó a pedir al Congreso americano responsabilidad en sus decisiones y civilidad en sus debates, ambas cosas ausentes en los últimos meses. Los demócratas se sienten humillados por la derrota de su candidato en 2004 y parecen solo movidos por el odio al actual presidente. El espectáculo de los demócratas en la cámara, sin aplaudir ni levantarse en apoyo de George W. Bush, no sóRAFAEL L. lo es una mala imagen BARDAJÍ para su grupo, sino una mala imagen para toda América. Nosotros lo sabemos muy bien: no se puede conducir una guerra apropiadamente cuando el país se encuentra dividido. Y el problema actual de Estados Unidos no reside únicamente en actitudes partidistas que priman los intereses particulares sobre los nacionales. Es un problema profundo de polarización social donde los oponentes y sus seguidores no es que estén en desacuerdo sobre políticas concretas, sino que se niegan la legitimidad moral de poder proponer y hacer algo positivo. Es verdad que la polarización americana no es un fenómeno nuevo- -al fin y al cabo también ha sufrido una guerra civil- -pero su extensión y solidificación sí. No sólo es el Congreso el que está dividido; los medios de comunicación y su tendencia a reflejar opiniones más que hechos, aún más; así como numerosos grupos de interés que influyen en el debate político americano. En ese sentido, el llamamiento a la unidad y a trabajar juntos por parte del presidente es la vez candoroso y poco realista, particularmente en un año electoral como el 2006. Y seguramente habrá más de uno que lo considere un acto de cinismo por parte de George W. Bush. Pero hay una cosa fundamental en la que está en lo cierto: cuando uno está en guerra- -y América se considera en guerra contra el radicalismo islamista- -la polarización extrema se convierte en una fuerza que llama al desastre. Lo ha dicho un comentarista: Dinamarca o Luxemburgo pueden permitirse el lujo de mostrar su angustia sobre el uso de la fuerza militar. América, no Y tiene razón, una América profundamente dividida alienta a sus enemigos, descorazona a sus aliados y merma peligrosamente su resolución. No es de extrañar por eso que Bush se dedicara a combatir en su discurso la siempre presente tentación aislacionista de los americanos. Es posible que el discurso de este año no pase a los anales de la Historia ni por su ambición ni por sus propuestas. Pero sí será recordado por exponer claramente el problema más acuciante de América para el mundo, quién será el sucesor del actual presidente. G Un policía palestino sale de la formación durante una ceremonia de graduación en Gaza REUTERS Palestina en bancarrota La ANP no pudo pagar los sueldos de enero a sus 140.000 funcionarios b Abbas se vuelve hacia Arabia Saudí, Qatar e Irán, y Estados Unidos insta a Israel a que entregue los 50 millones de dólares de tasas aduaneras JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. Por no tener, Palestina, ese pedazo de tierra ocupada sin independencia, sin Estado, sin soberanía, no tiene tampoco moneda y vive a lomos del shekel, de nombre y apellido israelí, como casi todo lo que le rodea. Por no tener, esa Palestina que no existe en los mapamundis pero sufre a diario, no tiene un shekel y sí las arcas vacías, incapaz de saber administrar la ingente cantidad de dinero llegada en los últimos años de casi todos los confines del planeta. Cuatro palabras que han tenido su efecto inmediato y directo en el bolsillo de 140.000 funcionarios, entre ellos 55.000 policías y miembros de los servicios de seguridad, y de sus mujeres, y de sus hijos, y de sus padres, y de sus hermanos en paro, y de sus primos por debajo del umbral de la pobreza, y de decenas de miles, centenares de miles de personas para quienes no recibir un dinero seguro supone un golpe tan duro como definitivo. Ni un céntimo de shekel Ayer era día de pago en la Administración palestina pero la ANP no pudo satisfacer su obligación. Nadie cobró un shekel a la espera de poder hacerlo, según las previsiones más optimistas, en una o dos semanas, siempre y cuando lluevan del cielo saudí, qatarí o iraní 116 millones de dólares. La situación es insostenible. El aumento de los salarios de muchos funcionarios en los últimos meses, que se ha llevado a cabo en contra de nuestras recomendaciones, ha sido la gota que ha colmado el vaso. Las irregularidades financieras han sido tantas que tuvimos que bloquear 60 millones de dólares a finales de diciembre explica Roberts sin saber si aquella decisión fue o no acertada. Tampoco le ha parecido a Washington una buena idea la congelación israelí de las tasas aduaneras, unos 50 millones de dólares mensuales, que Tel Aviv debería haber entregado a la ANP. Más aún, la Casa Blanca presiona en las últimas horas al Gobierno de Ehud Olmert para que entregue ese dinero al menos hasta la formación de un Gobierno de Hamás. También ha pedido a Tel Aviv que abra de una vez por todas el paso comercial de Karni en Gaza, cerrado desde el 15 de enero y que ha condenado a la Franja a carecer de productos frescos y a perder en ese período de tiempo 7 millones de dólares. Ayudas internacionales Cuando Hamás forme su Gabinete ya se verá qué pasa con el pago israelí (obligado por los Acuerdos de Oslo y pactos posteriores entre las partes enfrentadas) y con las ayudas internacionales (superiores a la postre a los 1.100 millones de dólares anuales) sin las cuales Palestina, ese pedazo de tierra ocupada sin independencia, sin Estado, sin soberanía, sin moneda, no podría sobrevivir aún sin existir en los mapamundis. Peligro añadido, la entrada por la puerta de atrás de la ayuda económica saudí e iraní, que haría al susodicho Ejecutivo de Hamás mucho más dependiente de ese fundamentalismo islámico bien arraigado en Riad y en ese Teherán al borde del ataque de nervios nuclear. Nada de nada Por no tener, esa Palestina teñida de verde por obra y gracia de unas elecciones alimentadas por las peligrosas ansias de implantar la democracia occidental en Oriente Próximo a golpe de hecho consumado, no tiene demasiado presente y apenas futuro, atada a la intransigencia de Hamás, cuya llegada al Gobierno puede suponer el cierre del grifo extranjero para las finanzas locales. Poco presente resumido en una frase de sólo cuatro palabras pronunciada ayer por Nigel Roberts, máximo responsable del Banco Mundial en Cisjordania y Gaza: Palestina está en bancarrota La llegada de Hamás al Gobierno puede suponer el cierre del grifo extranjero para las finanzas locales