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4 Opinión VIERNES 3 2 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil LA PANTOMIMA DEL FISCAL ONDE sea, Conde- Pumpido tiene que dar muchas explicaciones sobre la forma y el fondo de la renuncia a la que fue forzado el fiscal Fungairiño. Después de la pantomima de presentar la salida de Fungairiño como una decisión voluntaria, el fiscal general vino a reconocer ayer que todo se debió, simplemente, a su mera voluntad personal. Arbitrariedad en doble sentido. Primero, por apartar de sus funciones a un funcionario íntegro, culpable sólo de haber perdido su confianza. Segundo, por blandir la potestad disciplinaria que le reconoce el Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal como un arma coactiva para doblegar voluntades ajenas. Si Fungairiño había cometido alguna infracción profesional, la obligación de Conde- Pumpido era incoar un expediente y no trocarlo por un relevo forzado, no regulado por la normativa del Ministerio Fiscal. Esto es una simple coacción, tanto más intolerable en quien es jefe de una institución sujeta al principio de legalidad, según la Constitución. La ley, en la propia sede de la Fiscalía General, ha sido sometida a ese tratamiento degradante que recibe cuando el oportunismo desplaza a la rectitud y la autoridad muta en arbitrariedad. No sorprende que la Asociación de Fiscales pidiera ayer la dimisión de Conde- Pumpido por la trayectoria sectaria de su gestión al frente de la Fiscalía. D LAS LUCES ROJAS DE LA ECONOMÍA L A economía española, más allá del ritmo sostenido de crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) presenta síntomas que merecen una serena reflexión, sin catastrofismos, pero sobre todo sin complacencias. Los datos del paro de enero- -68.556 desempleados más- -y el pésimo dato de inflación- -la tasa interanual se sitúa en el 4,2 por ciento, prácticamente el doble de la media de la Unión Europea- -nos sitúan ante un escenario complejo y no exento de incertidumbres. El análisis de las últimas cifras de desempleo ofrecidas por el Ministerio de Trabajo dibujan un panorama de claroscuros en el que conviene distinguir entre la cantidad- -2005 fue, sin duda, un buen año laboral, en el que un cuarto de millón de personas encontró empleo- -y la calidad, pues el mercado prosigue estigmatizado por un exceso de contrataciones temporales y la dificultad objetiva de la mujer para acceder a un puesto de trabajo. Cierto es que las afiliaciones a la Seguridad Social- -que, sin embargo, en enero registraron un sensible descenso- -crecen impulsadas por una mano de obra extranjera (servicio doméstico, agricultura, construcción y hostelería) que ha contribuido a aliviar uno de los problemas crónicos de nuestra economía y se ha erigido como factor de estabilidad en un mercado caracterizado por la baja participación laboral de los españoles. Las diferencias en los índices de participación laboral explican la mitad del diferencial del PIB per cápita entre España y el resto de Europa, y por eso el largo proceso de incorporación de la mujer al trabajo- -que arranca de la década de los setenta- -explica a su vez nuestra convergencia en renta y producto por persona con la UE. En ese sentido, la inmigración no sólo tiene un efecto demostración sobre el resto de la población laboral, sino que a través del servicio doméstico facilita la incorporación, o la vuelta, a los mercados de trabajo de muchas mujeres y hombres que de otra forma no podrían conciliar el cuidado familiar con sus profesiones. Como consideración general, y una vez comprobada la última cifra de desempleo, la satisfacción expresada a final de año por los responsables políticos debería además estar atenuada. Porque si el mercado laboral presenta algún síntoma inquietante dentro de una aceptable situación general- -que, sin embargo, merece ya una reforma en profundidad- -la inflación se ha convertido en el mal endémico de la economía española, contextualizada en un mercado cada vez más globalizado y en el que el desbordado incremento de los precios supone un freno insalvable para la competitividad. Si a esto se le añade que el déficit comercial- -que mide la diferencia entre las importaciones y las exportaciones- -aumentó el 30 por ciento en los primeros once meses de 2005, habrá que convenir que algunas luces rojas de alerta se encienden con excesiva frecuencia e intensidad como un primer síntoma de un desfallecimiento económico que aumenta, poco a poco, su número de flancos débiles. Basta consultar la última cifra del IPC para caer en el pesimismo. A la espera del dato definitivo, el anticipo facilitado ayer por el INE disparó la inflación a finales de enero hasta un 4,2 por ciento interanual, es decir, un incremento sustancial con respecto al ya preocupante 3,7 anunciado a finales de año. Aunque esta subida sea pasajera, es cierto que contribuirá a separar el nivel de precios español del de nuestros socios comerciales, y a provocar aún más desempleo en los sectores exportadores. Éstos, además, suelen ser los más dinámicos y, técnicamente, los más avanzados de la economía. Con una tasa de paro aún tan alta, los precios deberían crecer mucho más lentamente, y si no lo hacen a ese ritmo es porque no sólo la política monetaria- -que ya no es competencia española- -es inadecuada, sino que hay reformas estructurales urgentes, sobre todo la del mercado de trabajo, que no se llevan a cabo. No hay que ser alarmista, pero sí empezar a activar aquellos resortes de la economía que ya empiezan a dar muestras de entumecimiento. Las reformas son, pues, imprescindibles y el Gobierno no debe perder un minuto en poner los moldes necesarios para que mejore la musculatura del sistema económico y se disipen las inquietudes que despierta la acumulación de malos datos (paro, filiación a la Seguridad Social e inflación) como los que coincidieron ayer. LOS PLATOS ROTOS EN EL ANTO ERC como CiU, socio con fecha de caducidad y socio por llegar, respectivamente, del PSOE en las Cortes recibieron con indisimulada contrariedad el acuerdo alcanzado entre socialistas y populares para que salga adelante el nuevo Estatuto valenciano. Con palabras más o menos gruesas, ambos partidos catalanes mostraron su decepción y- -bien con insinuaciones, bien con amenazas- -vinieron a señalarle al PSOE que ése no era el camino. Se trata de la primera fractura en esa burla de la democracia que se fraguó en el Tinell, que de puño y letra o en espíritu han rubricado después otras fuerzas minoritarias al amparo de estar con el que manda Pero en esta ocasión la maniobra del PSOE era tan burda que hacer descarrilar ese pacto le causaría más erosión que un enfado concreto con sus socios de hoy o de mañana. Los socialistas han echado sus cuentas y parece que, tras la avería del Estatuto catalán, los independentistas de ERC ya están amortizados. Más debían preocuparle al Gobierno, sin embargo, el desdén y el enojo de CiU, que fue finalmente quien más palos intentó atravesar en las ruedas del texto estatutario valenciano. Mal empezamos vinieron a recordarle ayer los convergentes a Zapatero. Tan frágil es el andamiaje del Gobierno que para cerrar una grieta tiene que abrir otra nueva. TINELL T EL CINE, MUDO D E un modo u otro, la ceremonia de entrega de los premios Goya siempre provoca oleaje. En ese ámbito que han dejado la gala y su transmisión televisada de críticas, reproches, autoengaños e hipocresías llega ahora el análisis de la situación que hace la Federación de Cines de España (que agrupa a los empresarios de salas de exhibición) que reconviene la política proteccionista del Gobierno y señala con claridad que el gran mal del sector (la pérdida de espectadores, 18 millones en los dos últimos años, y la consiguiente caída de un 9 por ciento en la recaudación) se debe en gran parte a esas medidas de protección al cine español y europeo, pues al tiempo que lo protegen mediante unas cuotas de pantalla (un día de cine comunitario por cada tres) se viene advirtiendo una bajada de calidad en las películas que están obligados a exhibir. Tal y como señalan y padecen, el público se resiste a ir a esas salas y a ver un cine tan cercano geográficamente como lejano en esencia e interés. El auge del DVD y, en especial, las posibilidades enormes de internet tampoco animan a los espectadores a emprender ese largo viaje hasta las salas. Naturalmente, esta opi- nión no la comparten los productores y demás sectores artísticos y técnicos de la industria cinematográfica, que suelen vivir en la autocomplacencia, veteada de victimismo: nuestras películas son buenas, pero se protegen poco, en favor de un cine mediocre como el americano. Y todo este panorama, infinitamente más complejo que este rápido resumen, se encuentra frente a un Ministerio de Cultura que lo mira absorto y con sonrisa de ocasión, que no tiene ni una mala palabra ni una buena acción, que cuenta gratuitamente con el apoyo partidista de algunos sectores de la cinematografía española ¿durante cuánto tiempo podrán sujetar los popes del cine, las cabezas visibles, al amplio abanico de profesionales que no están dispuestos a recibir más talones sin fondo? Recuérdese cómo se paró en el último Festival de San Sebastián cualquier tipo de protesta ante la ministra Carmen Calvo a golpe de consigna... En realidad, aquella vieja frase de las Conversaciones de Salamanca- el cine español actual es: políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico -podría estar por completo al día con sólo un leve retoque: políticamente eficaz