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10 MIÉRCOLES 1 2 2006 ABC Nacional Zapatero elude hablar de la españolidad de Melilla y no menciona la crisis de las vallas Aunque hubo muchas promesas, las autoridades deseaban un discurso más comprometido b La visita se desarrolló dentro de lo previsible: sin sobresaltos dialécticos, pero con abundancia de compromiso para atender las demandas de los melillenses LUIS DE VEGA. ENVIADO ESPECIAL MELILLA. Veinticinco años después, un presidente del Gobierno de España protagoniza un viaje oficial a Ceuta y Melilla. El único precedente en democracia, Adolfo Suárez, acudió a las ciudades autónomas en 1980, mientras que Aznar lo hizo dos veces- -en las campañas electorales de 2000 y 2004- pero no como jefe del Ejecutivo. En Melilla, la primera escala, Rodríguez Zapatero prometió ayer colaboración para poner al día las exigencias que le reclama la ciudad autónoma al Gobierno. El titular del Ejecutivo no anunció, sin embargo, ninguna medida concreta en la que se ha mostrado como la principal preocupación en los últimos meses: la presión migratoria. Zapatero comentó que es necesario garantizar la legalidad y que se respeten los derechos humanos de los inmigrantes, y agradeció a los funcionarios y las organizaciones no gubernamentales el trabajo que están llevando a cabo. Expresó, además, su compromiso para que se refuercen las medidas de seguridad e iniciativas sociales pero en ningún momento hizo referencia a la construcción del nuevo obstáculo que se sumará al doble vallado que rodea el perímetro fronterizo. En octubre, en plena crisis de las avalanchas de inmigrantes en las verjas de Melilla y Ceuta, el Gobierno anunció el levantamiento de lo que se denomina sirga tridimensional menos peligrosa para la integridad física pero más difícil de superar. Rodríguez Zapatero, que no compareció en conferencia de prensa ni respondió a preguntas de los informadores, se limitó a decir que en materia de inmigración hay que colaborar con Europa y los países vecinos Con la visita a Melilla y Ceuta el jefe del Ejecutivo cumple con el compromiso anunciado el pasado mes de noviembre durante el debate de las Autonomías en el Senado, y quiere acallar a aquellos que negaron su credibilidad cuando se airearon supuestos contactos con Marruecos acerca del viaje, algo que no ponen en duda en las dos ciudades. Zapatero e Imbroda, durante la reunión que mantuvieron ayer en Melilla gar tributo al relativo silencio marroquí respecto a este viaje oficial, sólo roto ayer por el ministro portavoz del Gobierno, un cargo que se puede considerar de perfil bajo. Otros, sin embargo, consideran que pasando de puntillas sobre este asunto lo que intenta es no crear dudas al respecto. Zapatero tampoco se refirió en su visita a Melilla a las relaciones con Marruecos, a las que sí alude en una entrevista concedida a la edición española de la revista Foreign Office publicada estos días, en coincidencia con el viaje. El presidente se expresa en términos elogiosos y afirma que Marruecos compite con Jordania por el primer puesto del ranking reformista en el mundo árabe. Zapatero deja claro El jefe del Ejecutivo anunció la construcción de un nuevo hospital civil y militar con más de doscientas camas Imbroda quiso dejar claro que Melilla no es un apéndice de España, sino que es parte de España que el Reino alauí es, sin duda una prioridad de la política exterior española, y considera que su Gobierno ha logrado restablecer con ese país unas relaciones que se habían deteriorado de modo ostensible, peligroso incluso durante la etapa de José María Aznar. En su discurso de ayer, el presidente sí quiso hacer un buen número de promesas, y afirmó que el dinero destinado a Melilla en los vigentes Presupuestos del Estado asciende un 16,41 por ciento respecto a 2005, hasta alcanzar los 50,7 millones de euros. El gasto irá destinado, según explicó, a educación y medio ambiente, agua, asuntos sociales, transportes y carreteras, vivienda o sanidad. Entre los aplausos de los asistentes, anunció la construcción de un nuevo hospital civil y militar con más de doscientas camas, que empezará a construirse el año próximo. El presidente de Melilla, Juan José Imbroda, del PP, se reunió a solas con el jefe del Ejecutivo en la sede de la Diferencias con Aznar El discurso presidencial no dejó un buen sabor de boca entre muchas de las autoridades locales a las que les hubiera gustado que Zapatero, como hizo Aznar en su visita durante la campaña electoral de 2004, hubiera hecho una defensa más firme de la españolidad de los dos enclaves norteafricanos, frente a las insistentes reivindicaciones del Reino alauí. Algunos creen que es la forma de pa- El Gobierno marroquí tacha el viaje de inoportuno y deplorable Aunque con cierta medida y en boca de un cargo medio dentro del panorama político marroquí como es el portavoz del Gobierno, Nabil Banabdelá, Rabat reaccionó ayer por primera vez de forma oficial al viaje presidencial. Banabdelá tachó la visita de inoportuna en una breve declaración. El también ministro de la Comunicación del Gobierno marroquí señaló que el Ejecutivo considera que la visita no cambia para nada la naturaleza del problema. Rabat reivindica la marroquinidad de los dos presidios- -ésa es la forma en la que se refieren a Ceuta y Melilla- -y, dado que las posturas son sabidas, sólo podemos deplorar esta visita añadió. Fuentes de la Presidencia del Gobierno español se negaron a hacer comentarios sobre el comunicado y se limitaron a decir que las relaciones entre los dos países son excelentes. A pesar de la reacción, Marruecos se ha mantenido más distante y cauto con la visita de José Luis Rodríguez Zapatero que cuando viajó José María Aznar. También ayer, por vez primera, la prensa oficialista del país magrebí se sumó a las críticas lanzadas desde los órganos de los partidos políticos. Le Matin un rotativo próximo al palacio real, informaba de la visita del jefe del Ejecutivo español a los presidios ocupados calificaba el desplazamiento de unilateral, descortés e inoportuno y añadía que era una provocación Libération órgano oficial de los socialistas, llevaba en portada un editorial en el que se hablaba de viaje inoportuno organizado por el Gobierno español después de las presiones de la derecha Insistía en que el buen clima establecido tras el fracaso de la época de Aznar y el cambio de Gobierno en 2004 podía verse afectado por este punto negro