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4 Opinión MIÉRCOLES 1 2 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil UN MAL NEGOCIO PARA A venta de armas a Venezuela ha entrado ya en una fase casi grotesca, en la que el comprador, Hugo Chávez, parece estar retando al vendedor para que se atreva a realizar una operación que, entre barcos y aviones, se cifra en torno a los 1.800 millones de euros. Parece que tras el veto de Washington a que se utilicen elementos de patente estadounidense, la decisión de Rodríguez Zapatero de vender armamento al líder venezolano resulta cualquier cosa menos un negocio. Pero además, dineros al margen, casi peor es tener que aguantar las impertinencias y chuflas de Chávez, poniendo a España y a su Gobierno como una especie de menesterosos de la política. Queríamos ayudar a España porque el presidente Zapatero me dijo un día que tenían problemas con los astilleros y entonces orientamos la adquisición de Estado a Estado con esas empresas. Pero si no pueden, compramos en otro país El cúmulo de descalabros que está suponiendo esta operación tiene difícil parangón en la historia reciente, porque además de no reportar ningún beneficio económico (más bien, la apuesta de Zapatero por la opción bolivariana puede poner en riesgo la viabilidad misma de CASA) ha comprometido seriamente la imagen de España, condenada ahora a aguantar las bravatas de un personaje como Chávez. ESPAÑA L CÁDIZ, HISTORIA Y PRESENTE M ARIANO Rajoy ha tenido el acierto de desplazarse hasta la ciudad de Cádiz para iniciar allí el largo proceso de implicación de la sociedad en la oposición de su partido al proyecto de Estatuto de Cataluña. En aquella capital andaluza nació en 1812 el constitucionalismo español. Las Cortes de Cádiz alumbraron la primera Constitución española, que dio paso al llamado trienio liberal, un período de nuestra historia signado por la brillantez y al que siguieron épocas peores de absolutismo que eclosionaron con las guerras carlistas- -en realidad, civiles- El llamado sexenio revolucionario (1868- 1974) terminó después de la breve vigencia de una Constitución cantonalista que fue sustituida por otra, la de 1876, la de la Restauración alfonsina, que naufragó tras la dictadura de Primo de Rivera y desembocó en la II República. Los episodios históricos posteriores son conocidos: la guerra civil, el franquismo y la transición democrática que amparó la democracia de que ahora gozamos en la vigente Constitución de 1978. Interesa subrayar un elemento común, siempre permanente en el constitucionalismo español: el fundamento del Estado ha consistido en la certeza de la Nación española. España no ha sido en ningún período de su historia ni nación de naciones, ni tampoco estado plurinacional. El cantonalismo de la I República fue la excepción que ha confirmado esta regla, porque la de 1931 apostó de manera rotunda por el Estado unitario- -denominado integral- -y, aunque propició un proceso autonómico en Cataluña- -en 1932, inmediatamente después del proceso constituyente- -y otros, ya en fase bélica, como en el País Vasco, en ningún momento desmintió el carácter único de la Nación española ni dio oportunidad a la confusión en torno a los conceptos cruciales del constitucionalismo: soberanía, autonomía, Nación y Estado. En esa línea, pero ahondando más aún en el hecho nacional único y diverso, se sitúo la obra constituyente de 1978: la Nación española, compatible con el derecho a la autonomía de las regiones y nacionalidades. Y Cádiz, la Constitución de 1812, está en el origen de ese tracto constitucional que queda distorsionado ahora por el planteamiento, procedimiento y contenido del proyecto de Estatuto para Cataluña en la medida en que altera el concepto nacional- -no importa que tal distorsión se produzca en el preámbulo o en el articulado, porque el texto es un todo normativo- -y, por consecuencia, se establecen elementos típicos y casi definidores de un modelo estatal de corte confederal. Los factores de bilateralidad que introduce el denominado acuerdo global entre el presidente del Gobierno y el líder de CiU quiebran la multilateralidad del Estado de las autonomías- -dejando a salvo la excepción vasca y navarra, cubierta de manera explícita en el pacto constitucional- -e introducen abdicaciones obvias al principio de solidaridad. Por otra parte, las manifestaciones de los nacionalistas catalanes- -tanto de CiU, y más aún, de ERC- -denotan que el proyecto se concibe como un escalón adicional en la progresión hacia un modelo de Estado compuesto en el que la cosoberanía se iría explicitando de manera paulatina. El denominado plan Ibarretxe, que permanece vivo en el propósito del PNV y de EA, sigue esa misma dirección. En este contexto de quiebra de la continuidad básica del constitucionalismo español, el acto de Cádiz, profundamente simbólico, y más allá del número de adhesiones que el PP coseche en su iniciativa, tiene un extraordinario valor político porque es la instalación de la derecha democrática española en el kilómetro cero del constitucionalismo, lejano a las épicas anteriores, en la edad moderna, allí donde el liberalismo adquirió corporeidad jurídica y desde donde los destellos de la ilustración, el librepensamiento, la convivencia en paz y en libertad quedaron primeramente consagrados en nuestra historia. La derecha democrática no se ha retrotraído a los Reyes Católicos, sino al hecho histórico- -la primera Constitución- -que marcó un antes y un después en nuestro devenir nacional. Y al hacerlo, ha acertado a enviar un mensaje que capitaliza un capítulo de nuestro pasado unánimemente celebrado como uno de los más brillantes y adelantados de nuestra era moderna. IRÁN INSISTE EN SU DESAFÍO NUCLEAR C COMPROMISO CON CEUTA Y MELILLA A visita que ayer realizó Rodríguez Zapatero a Ceuta y Melilla constituyó, sin duda, un acontecimiento muy relevante para ambas ciudades autónomas y un precedente para que el Gobierno de España- -el actual y los futuros- -no vuelva a condicionarse absurdamente por el temor a las reacciones políticas del vecino Marruecos. Se haga lo que se haga con Ceuta y Melilla, siempre habrá actitudes irredentistas en la clase política y en los medios de comunicación marroquíes, aunque sólo sea por mantener viva la excusa del conflicto exterior como velo de las situaciones internas. Por tanto, las instituciones del Estado deben superar toda prevención a la hora de tratar a Ceuta y Melilla como partes integrantes de España, lo que también exige hacer políticas coherentes con esta condición nacional de las dos ciudades autónomas. La visita del presidente del Gobierno, forzada por la grave situación causada el pasado año por los asaltos masivos a la valla melillense, tiene un gran valor en sí misma, pero debe representar el punto de partida, y no el final, para una nueva actitud del Ejecutivo, no sólo L hacia ambas ciudades- -que fueron visitadas en 1980 por Adolfo Suárez- sino también hacia determinadas reivindicaciones tradicionales de Marruecos, incompatibles con la integridad territorial de España. Puede que este paso aún no esté decidido y, por eso, Rodríguez Zapatero se abstuviera de cualquier declaración específica sobre la españolidad de ambas ciudades. Sus discursos fueron fieles a su pensamiento estándar: cooperación en política de inmigración, promesas de inversiones, seguridad y derechos humanos. Pero, aun siendo muy positiva su visita a Ceuta y Melilla por el significado que encierra, más importante es que asegure un futuro político distinto para ambas ciudades. En este sentido, y para que la visita no quede reducida a un paseo, ahora que se hace balance del Estado autonómico sería oportuno plantear la transformación de Ceuta y Melilla como comunidades autónomas, así como, en el caso de que se abra realmente la reforma constitucional, despejar en la propia Constitución cualquier duda sobre la integración irreversible de ambas ciudades en España. ON la de ayer son ya incontables las amenazas proferidas por el régimen de Teherán contra la comunidad internacional desde la llegada al poder de Mahmud Ahmadineyad. La diferencia es que, en este caso, la amenaza no se refiere a Israel, ni siquiera a Estados Unidos o la Unión Europea, sino que es de carácter global, pues es toda la comunidad internacional la que ha de sentirse concernida por el último órdago iraní, ya que hasta Rusia y China están decididas a llevar el asunto al Consejo de Seguridad de la ONU si en un plazo de tres meses no se reconduce la situación. No parece probable que Ahmadineyad, cuya radicalidad le aparta de cualquier comportamiento sensato, se vaya a bajar del burro a estas alturas, más aún cuando ayer mismo amenazaba con el fin de la vía diplomática si el tema terminaba en el Consejo. Y todo ello ocurre cuando hasta el momento la actitud de la comunidad internacional ha sido de extrema paciencia antes las continuas provocaciones (no siempre verbales) de Teherán. Si a esta intransigencia iraní unimos el panorama que la victoria de Hamás ha llevado a otro de los puntos calientes de Oriente Próximo habremos de concluir que el horizonte invita necesariamente al pesimismo.