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54 MARTES 31 1 2006 ABC Cultura y espectáculos El chasco de Obaba La película de Montxo Armendáriz- -hoy se sabrá si compite finalmente por el Oscar de Hollywood- -llegó con la vitola de favorita y salió con el rabo entre las piernas. De los diez premios a los que optaba- -era el filme con mayor número de candidaturas- tan sólo se llevó uno, el de mejor sonido. La escalera del miedo. La idea de que las actrices que presentaban premios emergieran de una pantalla podía tener su encanto, pero la escalera que tenían que bajar hasta llegar al escenario eran todo un peligro, y más de uno en la sala temió que los tacones jugaran una mala pasada a las presentadoras. ¿Y Tim Robbins? Isabel Coixet era la tercera vía y finalmente se llevó el gato al agua con La vida secreta de las palabras que ganó cuatro goyas. Javier Cámara optaba al mejor actor, pero la Academia se olvidó de Tim Robbins, protagonista del filme y ganador de un oscar por Mystic River Spain, definitivamente, sigue siendo different. ISABEL COIXET Goya a la Mejor Dirección y al Mejor Guión original La nacionalidad de las películas no reside en el idioma que hablan los personajes MADRID. Isabel Coixet charlaba confiada (de no ganar) mientras Belén Rueda y Ernesto Alterio repasaban los nombres de los candidatos al Goya a la Mejor Dirección. La realizadora catalana, abiertamente satisfecha ya de haber subido a recoger el busto que acreditaba el Mejor Guión, reaccionó tarde al primer gran vuelco en los pronósticos, y sólo tuvo que esperar unos minutos para verse aupada a la categoría de gran triunfadora de la noche cuando La vida secreta de las palabras su quinto largometraje, logró el premio a Mejor Película de 2005. Un drama rodado en inglés, protagonizado por un estadounidense y una canadiense y ambientado en una plataforma petrolífera. ¿Se siente preparada para defender la españolidad de una película reconocida como mejor trabajo nacional a pesar de estar rodada en inglés? -Pero, ¿qué es la nacionalidad de una película? Está claro que cuando escribes cine no te dejas en el armario ni tu género ni tu lengua, pero eso no tiene por qué traducirse en el idioma que utilizan los personajes al final. Los míos hablan inglés porque es lo que tienen que hablar. En este caso, además la película es lo que es porque están Tim (Robbins) y Sarah (Polley) -Los productores capitalizan su trabajo recibiendo el Goya a la Mejor Película. ¿Duele no poder recoger el galardón más codiciado? -Me hubiera gustado hacerlo, pero así es como funciona. También lo hacen en los Oscar. Pero ante Dios y ante la Historia, la película es de quién la ha parido. Esta historia es mía y el resto es una norma. -De los cuatro Goya que ha recibido la película dos la premian a usted directamente. Como creadora, ¿siente más reconocimiento en el guión o en la dirección? -Realmente son dos procesos que van unidos. El guión es un momento mágico, en el que todo es posible, y eso tal vez lo hace más placentero. La dirección también lo es, claro. El acción lo cambia todo y lo que has imaginado se hace realidad. Todo es muy bonito. Los productores y algunos actores estadounidenses anhelan trabajar con ella, pero a la directora catalana le faltaba el reconocimiento de sus propios compañeros TEXTO: GABRIELA GIMÉNEZ, JORGE SÁINZ FOTOs: ÁNGEL DE ANTONIO Isabel Coixet, con sus dos Goyas, a la Mejor Dirección y al Mejor Guión original -Acaba de regresar del Festival de Sundance, donde La vida secreta de las palabras fue acogida con entusiasmo. ¿Aquello le hizo augurar lo que iba a pasar esta noche? -No, de verdad que pensaba irme de vacío. Al menos, no esperaba los Goya a Mejor Dirección y Mejor Película. Yo no hago cine para recibir premios, lo hago porque me sale del alma. Respecto a Sundance, sí, ha sido fantástico. Al acabar el pase se me acercó Sam Shepard y me dijo que le habían gustado los diálogos, así que pensaba que pasara lo que pasara con la película siempre podría recordar que a Shepard le gusta lo que escribo. -Entre el deseo de contar, la propia narración cinematográfica y la percepción posterior del público y la crítica, ¿siente que ha conseguido lo que quería con esta historia? -Ojalá, sinceramente. Yo partía de una preocupación concreta, que eran las secuelas de la guerra en los Balcanes y el interés por el ser humano y sus mecanismos para superar el dolor. Me asombraba ese sentimiento de vergüenza común a los supervivientes de cualquier tragedia y cómo se consigue tener otra vida, que haya esperanza para superar el dolor. ¿Los temas dramáticos exigen al cineasta adoptar una postura de denuncia o es posible acercarse a la cuestión desde otros ángulos? La vida secreta de las palabras no es una película de denuncia, principalmente porque yo no tengo todo el bagaje teórico necesario. Sólo estuve en los Balcanes tres meses... No estoy preparada para algo así y no creo que nadie lo esté. Mi propósito, que sólo era dignificar a las víctimas a través de esa mujer croata que interpreta Sarah Polley, parece que quedó cumplido cuando un grupo de periodistas balcánicos destacados en Sundance me hicieron ver que el retrato era digno. -La dedicatoria a Inge Genefke, la fundadora del Movimiento Internacional para la Rehabilitación de las Víctimas de Torturas (IRCT) y motivo inspirador del filme, era imprescindible... -Sí, claro. Actualmente se encuentra