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32 Internacional MARTES 31 1 2006 ABC Expropiar a más de 40 millones de campesinos P. M. DÍEZ DONG WULI. El espectacular, pero desigual, desarrollo económico de China durante las dos últimas décadas ha venido acompañado de una fuerte inestabilidad social. La creciente industrialización ha provocado la expropiación, a veces fraudulenta, de las tierras de más de 40 millones de campesinos. Debido a los frecuentes casos de corrupción y abuso de poder de las autoridades locales, que no dudan en utilizar la impunidad del régimen comunista para lucrarse personalmente, el número de denuncias presentadas por los peticionarios aumentó un 23,6 por ciento en 2004. Según datos judiciales presentados en marzo en la última Asamblea Nacional Popular, el Tribunal Supremo tramitó 147.665 expedientes, mientras que los juzgados locales recibieron 4,22 millones de denuncias. Es difícil que, una vez cometidas las injusticias, los tribunales o las oficinas gubernamentales de quejas reparen el daño. Por ese motivo, el número de revueltas populares ha aumentado de las 10.000 registradas hace una década a las 74.000 de 2004, que envolvieron a 3,76 millones de personas. La mayoría de los manifestantes son campesinos y trabajadores que protestan contra la expropiación ilegal de tierras o el impago de salarios. Peticionarios de Dong Wuli protestan por la expropiación fraudulenta de sus tierras de cultivo Siguiendo una vieja costumbre imperial, se desplazan a miles desde sus provincias hasta Pekín para denunciar casos de corrupción y abusos de poder como el de Dong Wuli, donde el jefe del pueblo dio un soberbio pelotazo inmobiliario a costa de sus vecinos Los peticionarios víctimas del milagro económico chino TEXTO Y FOTO PABLO M. DÍEZ. CORRESPONSAL DONG WULI (CHINA) Dong Wuli es un pequeño y mísero pueblo situado a las afueras de la ciudad china de Tianjin, una macrourbe de 10 millones de habitantes que dista 137 kilómetros de la capital, Pekín. Con más de 15.000 empresas, Tianjin es uno de los pulmones industriales del gigante asiático desde hace más de dos décadas, pero el tan cacareado milagro económico chino parece haber pasado de largo en Dong Wuli. Si acaso, lo único que dicho crecimiento ha dejado en este humilde villorrio es una espesa e irrespirable nube de contaminación procedente de las fábricas cercanas. No en vano, la mayoría de las calles de Dong Wuli permanece sin asfaltar y las casas donde viven sus 820 habitantes son destartaladas chabolas que amenazan ruina. Sin embargo, alrededor de tales infraviviendas han proliferado decenas de nuevos bloques de pisos que han menguado las tierras comunales de la localidad y han causado un grave problema de orden social. De los 4.000 mús (266,8 hectáreas) con que antes contaba Dong Wuli, ahora sólo les quedan a sus vecinos 250 mús (16,6 hectáreas) tras una oscura operación inmobiliaria que les ha dejado sin terrenos de cultivo y en la que el más beneficiado ha sido Liu Deshan, el anterior jefe del pueblo, designado por el todavía omni- presente Partido Comunista. Por ese motivo, más de un centenar de vecinos acuden cada mes a Pekín para protestar ante el Gobierno central por lo que consideran un evidente abuso de las autoridades locales. Estos manifestantes se unen así a los miles de peticionarios que se dan cita en la capital, que es como se conoce aquí a todos aquellos desheredados del milagro económico chino que, siguiendo una vieja costumbre imperial, se desplazan desde las provincias hasta el corazón político de la nación hartos de que sus quejas no sean escuchadas en sus lugares de origen. Elegido por sus vecinos Hace cinco años, el Gobierno local nos obligó a vender las tierras de cultivo colectivas diciendo que pertenecían al Estado y que teníamos que entregarlas para construir una fábrica explicó a ABC el nuevo jefe del pueblo Zhao Baoming, elegido por sus vecinos. Aunque cada habitante recibió una compensación de unos 10.000 yuanes (1.025 euros) la factoría nunca se levantó y los agricultores perdieron los 7 mús de terreno (0,46 hectáreas) que solía trabajar cada uno cultivando maíz, trigo o algodón, y que reportaban unos ingresos de 6.000 yuanes (615 euros) al año. De los 300 campesinos que había an- tes, ya sólo quedan tres, porque cada habitante sólo ha podido conservar 0,3 mús de tierra (0,02 hectáreas) que resultan insuficientes para vivir, por lo que la mayoría de la gente ha tenido que buscar trabajo en la construcción, como taxista o como porteador relató Zhao Baoming. Aparte de perder su único sustento, lo que más enervó a los vecinos de Dong Wuli fue que, a finales de 2000, empezaron a levantarse enormes edificios de pisos alrededor del pueblo. Tal y como descubrieron posteriormente, las grandes compañías que habían adquirido los terrenos, algunas de ellas estatales, habían vendido los terrenos a promotoras inmobiliarias. Compraron nuestras tierras de cultivo a 14.000 yuanes (1.436 euros) y las urbanizables a 7.000 yuanes (718 euros) el mú, y luego las vendieron a 300.000 yuanes (30.789 euros) por mú, por lo que han hecho un gran negocio a nuestra costa denunció Zhao Baoming, quien acusó directamente a los responsables del condado de Jinghai y al anterior jefe de Dong Wuli, Liu Deshan. Aunque éste fue destituido en junio de 2002 debido a las protestas vecinales, la justicia aún no ha aclarado cómo pasó de ser un simple agricultor a poseer varios pisos tras el pelotazo inmobiliario en el pueblo. Un problema común Para descubrir la verdad, los habitantes de esta arruinada localidad han recorrido las oficinas gubernamentales del condado, de la vecina Tianjin y hasta de Pekín. Sin embargo, todas las autoridades hacen oídos sordos a un problema que, por otra parte, suele ser bastante común en China: el abuso de poder y la corrupción de los gobiernos locales. Lo único que queremos es que se haga justicia. Si la venta hubiera sido legal, a cada vecino nos habrían correspondido unos 70.000 yuanes (7.184 euros) por mú. Por eso, ahora queremos una pensión de 500 yuanes (51,30 euros) mensuales, ya que casi todos los habitantes somos viejos y no tenemos ninguna otra forma de ganarnos la vida reclama a sus 75 años Yang Shizhong, quien perdió lo poco que tenía al tiempo que el jefe del pueblo se beneficiaba del extraordinario crecimiento económico de China. Expulsados de sus tierras, los campesinos buscan trabajo en la construcción o como porteadores