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52 Sociedad LUNES 30 1 2006 ABC Medio Ambiente ACTUALIDAD NATURAL MÓNICA FERNÁNDEZ- ACEYTUNO LA INVOLUCIÓN e da por hecho que la evolución es casi siempre a mejor, hacia una especie más fuerte y mejor dotada, pero la evolución puede ser también una regresión. De las acacias surafricanas cuelgan unos nidos en forma de cesta que están construyendo estos días los pequeños y coloridos pájaros tejedores. Si quisiéramos buscarles por aquí un pariente, lo más cercano que encontramos, según el ornitólogo Adolfo Aragüés, es el gorrión, cuyos descuidados nidos no pueden estar más alejados de la obra de arte de los tejedores. Se podría decir que los gorriones han evolucionado al utilizar los recursos del hombre, y que se han hecho tan omnipresentes que los machos no necesitan distinguirse ya con su trabajo, sus cantos o sus colores, de los machos de otras especies. Que han evolucionado hacia atrás. Algo así da la impresión que sucede con los monos que asedian los hoteles de Sudáfrica. Roban la comida de las mesas y si les miras a los ojos te increpan con el pensamiento, donde se puede leer: ¿Qué está usted mirando? El mayor obstáculo del ser humano para una clara visión científica, es la soberbia. Puede que no provenga el hombre del mono, sino al revés. S Un buceador explora las especies marinas que viven en un arrecife coralino ABC Son la mejor defensa frente a algunos fenómenos meteorológicos pero la destrucción de corales y manglares no se detiene. Aunque la tragedia del tsunami en el Índico debería por sí sola llamar a la reflexión, la ONU les pone valor económico con el fin de frenar su desaparición Arrecifes de coral y manglares, en primera línea de defensa TEXTO: A. ACOSTA MADRID. El tsunami que asoló el sureste asiático el 26 de diciembre de 2004 y sus trágicas y devastadoras consecuencias fueron una llamada de aviso a la comunidad internacional, que tuvo que poner la atención en la vulnerabilidad de los ecosistemas tropicales costeros y los riesgos de infravalorar los servicios que estas áreas proporcionan. Una situación que volvió a repetirse con la catastrófica temporada de huracanes en el Golfo de México el año pasado, cuando Katrina, Rita y Wilma desataron toda su fuerza sobre las zonas costeras. Las lecciones aprendidas en términos de pérdida de vidas humanas, daños y la forma de abordar la reconstrucción y la mitigación son cruciales para la gestión de las costas en el futuro, en un contexto marcado por el aumento de fenómenos meteorológicos adversos como huracanes y tifones y otras potenciales consecuencias del calentamiento global. Ahora más que nunca es muy importante considerar el valor de estos ecosistemas costeros. Dentro de ellos, los arrecifes de coral y los bosques de manglar están en la primera línea defensiva, pues absorben el 90 de la energía generada por las olas. Coincidiendo con la celebración la pasada semana en París de la tercera Con- ferencia Mundial sobre los Océanos, las Costas y las Islas, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) hizo público un informe en el que pone precio a esta defensa natural, concluyendo que conservar estos ecosistemas no cuesta nada, si se compara con los costes que implica su destrucción o sustituirlos por construcciones que desempeñen la misma función defensiva. Y es que se estima que el valor de los arrecifes de coral está entre los 100.000 y 600.000 dólares por kilómetro cuadrado al año. Frente a eso, el coste de conservar este ecosistema, por ejemplo a través de una figura de protección como puede ser una reserva marina, se estima en 775 dólares por kilómetro cuadrado al año. Por su parte, el coste de instalar rompeolas o barreras artificia- les en Male, la isla que alberga la capital de las Maldivas, fue de 10 millones de dólares por kilómetro. Unas infraestructuras que se hicieron tras la degradación de los arrecifes naturales y que, sin embargo, no pudieron evitar las consecuencias del tsunami de 2004. Las gigantescas olas tardaron en llegar hasta allí seis horas, pero su fuerza dejó dos tercios de su territorio bajo las aguas. En Indonesia, un hotel de Lombok, ha gastado una media de 125.000 dólares al año durante los últimos siete para restaurar una playa de 250 metros de longitud, que había sido erosionada por la masiva extracción de coral en la costa. El valor de los manglares Ante esta situación, el informe pone también cifras concretas a la acelerada desaparición de estos ecosistemas: cerca de un tercio de los corales han desaparecido, y se espera que en 2030 está pérdida alcance el 60 más de un tercio de los bosques de manglar también se ha perdido. El valor de los manglares es mayor que el de los arrecifes de coral, más de 900.000 dólares por kilómetro cuadrado. Por tanto, dice el informe del Pnuma, las cuentas están claras y sólo mediante la conservación de estos ecosistemas se podrá cuadrar el balance entre vida y destrucción. Corales y manglares forman una barrera natural que absorbe el 90 de la energía generada por las olas